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Las obras que los ricos no pagan

08 de enero de 2007

 

Hay varias maneras de amasar fortunas. Una de ellas, quizá la más frecuente, es no pagar las deudas. En el mundo del arte abundan estos ricachones. Se presentan en los estudios de los pintores y se llevan un abundante número de obras que no pagan al contado. Pero se retiran con la promesa de que en pocos días enviaran un cheque que cubra el valor de lo que se han llevado. Como se trata de gente pudiente cae uno en la trampa. Pasan las semanas, los meses y a veces los años y el dinero no llega a las manos de quien ingenuamente ha creído en la honestidad de quien se dice ser un gran coleccionista. Se presentan en la casa de uno a bordo de un auto lujosísimo manejando por un chofer que viste con elegancia. En otro auto que los custodia vienen uno o dos guaruras. Uno queda seducido por la conversación del visitante. Se ostentan como grandes conocedores del arte y no dejan de mencionar la riqueza que poseen. Son propietarios de grandes mansiones en las que guardan obras de artistas de renombre. Muchas de ellas han sido adquiridas en las subastas por las que han pagado cifras millonarias. No hay razón alguna para no caer en tales pretensiones.
   Hace poco más de un año fui víctima de un timo con las características que ya he mencionado. Nada más que en esta ocasión se trataba de dos mujeres: madre e hija. Las conocía desde hace tiempo pero nunca habían demostrado interés en adquirir obra mía. Pertenecen a una familia de Mexicali donde viven la mayor parte de su tiempo. Su fortuna es cuantiosa, aunque nunca dijeron ser coleccionistas. Se llevaron obras con la promesa acostumbrada de pagarlas a la mayor brevedad. El tiempo ha pasado: más de un año y no hemos logrado contactarnos con ellas. Beatriz del Carmen y yo, convertidos en cobradores, las llamamos con frecuencia pero no logramos hablar con ellas. Un criado de librea (¿así se dice?) nos responde para decir siempre lo mismo: las señoras no están. Dejamos recados que nunca han sido contestados. Tampoco ha sido posible hablar con algún otro miembro de la familia, por que está visto que el criado de librea niega la presencia en la casona de Mexicali donde todos habitan. Tengo esperanzas de que este mi Cuevario sea leído por los deudores y me hagan llegar lo que me deben o que las obras me sean regresadas. Mi esposa y yo nos resistimos a aceptar ser estafados.
Afortunadamente no todos los ricos actúan de la misma manera. En todos los tiempos han existido mecenas, que disponen de parte de su fortuna para proteger a los artistas que pasan por momentos difíciles. No es mi caso porque mis productos creativos siempre han sido adquiridos por coleccionistas honestos. Lo que exijo es la devolución de mi obra, que con engaños fue sustraída de mi casa. Si alguien es capaz de robar una, o unas, obras de arte, también puede cometer otro tipo de lenocinios. De esta manera hacen sus fortunas que por lo visto no son el resultado del trabajo honrado.

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El día de hoy pinté sobre tela un retrato de Beatriz del Carmen. No fue necesario que me posara. Lo hice de memoria, como se dice, pero me ha gustado el resultado. Me llevó hacerlo poco más de media hora. Una vez que secó el acrílico, lo colgamos en el comedor de la casa. Mañana se inicia el año nuevo y me propongo volver a pintarla, pero no estará sola, porque pintaré mi autorretrato a su lado, observándola.

No se porqué, pero este proyecto con el que inició el año 2007 me ha puesto nervioso. Ha surgido en mí cierta inseguridad que me lleva a temer fracasar en el intento.

 

 

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