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El Regalo

15 de enero de 2007

 

El año pasado se inició con la partida de dos estimados amigos: Raúl Anguiano y Juan Soriano. Ambos fueron velados en el Palacio de Bellas Artes. En el transcurso de los meses que siguieron hubo muchos otros decesos que ya mencioné en las cuartillas de mis Cuevarios. En los primeros días de este año hubo otra muerte también muy sentida, la del actor Sergio Jiménez. Una semana antes Beatriz del Carmen y yo lo encontramos en la tienda de Sanborns. Hacía tiempo que no nos veíamos y nos saludamos con afecto. En una rápida conversación recordamos que nos conocimos hace muchos años, cuando ambos participamos en una lectura actuada de la obra de Carlos Fuentes “EL tuerto es rey”, en donde también estuvieron Rita Macedo, Sergio Guzic y María Luisa Mendoza. Jiménez sabiendo de mi inexperiencia me instruyó de cómo debía de leer mis líneas. Mi debut en teatro de atril no estuvo del todo mal.
Cuando se aproxima la navidad uno ocupa muchas horas en comprar regalos para los amigos y familiares más cercanos.
Beatriz del Carmen, mi amada esposa, y yo nunca nos separamos. Pero sucedió algo inusitado, una mañana ella salió sola. No quiso que yo la acompañara. Dilató en regresar y yo me angustié mucho. Para aminorar mi preocupación subí a mi estudio y le escribí una carta dibujada. Al fin, siendo ya las tres de la tarde, apareció trayendo un enorme paquete. El motivo de su ausencia se debió a que había ido a comprar mi regalo de navidad: un espléndido abrigo color café, que me puse por la noche para enfrentar el terrible frío invernal.

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 ¿Qué nos depara este año que comienza? Uno quisiera tener dotes de adivinación y saber lo que pasará. Propósitos si hay. Por ejemplo, me he prometido dejar de fumar por que soy conciente de que esta adicción puede afectar mi salud. Deseo también que mi capacidades creativas no disminuyan. Que mi trabajo sea tan intenso como lo fue el año que recién ha terminado. Que pueda cumplir con todos mis proyectos, que son muchos. Que haya salud y que el amor que nos profesamos Beatriz del Carmen y yo siga siendo tan intenso como ha sido desde el día que nos conocimos. Quisiera también que desaparezcan los odios y envidias que injustamente muchos canallas nos tienen y que afectan nuestra tranquilidad.

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Beatriz del Carmen y yo, recorrimos la ciudad y nos detenemos en aquellos sitios que me traen algunos recuerdos. Esta costumbre la llevamos a cabo en los primeros días de enero. Visitamos la iglesia de la “Divina Providencia”, donde a los once años, hice mi primera comunión. Tardíamente, me han dicho, pero se debió a que la economía familiar no era boyante y tuvimos que esperar a que hubiera dinero para que me compraran unos zapatos nuevos y un traje negro para que vistiera con dignidad el día que por primera vez recibí la ostia.

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         El día primero del año, mi hermana Guadalupe, que es monja, y mi hermano Alberto, invitados por Beatriz del Carmen vinieron a la casa a comer. Lupita nos trajo a Beatriz del Carmen y a mí unos libritos que reproducen el Nuevo Testamento, que equivale a Nuevo Pacto. Es la parte de la Biblia que trata de Jesucristo, en cuya persona y obra redentora ofrece Dios a su pueblo un pacto nuevo. Buen regalo nos hizo mi hermana monja, ya lo he empezado a leer.

 

 

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