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Las Cartas a Beatriz del Carmen

05 de febrero de 2007

 

Ya llevó veinte cartas ilustradas dirigidas a mi esposa Beatriz del Carmen. En ellas dejo testimonio del amor que nos une desde que nos conocimos. Empleo papeles de gran formato y llevan la intención de ser expuestas cuando se lleve a cabo la celebración de los quince años de haberse inaugurado el Museo José Luis Cuevas. Pienso llegar al número treinta. Los textos están escritos con letra diminuta y los dibujos vienen coloreados. Este trabajo epistolar lo llevo a cabo por las noches. Hasta ahora estoy satisfecho con el resultado. Espero que lo que falta conserve la misma calidad. Es una labor artística en la que expreso dos de mis vocaciones: la escritura y el dibujo.
En una de las hojas hago una petición, que espero sea respetada: que cuando mi amada esposa y yo hayamos muerto nuestras cenizas sean colocadas en la misma urna. Esta deberá estar en la Catedral Metropolitana, donde llevamos a cabo nuestro matrimonio católico. Por llevarle a ella muchos años de edad, mi deceso ocurrirá antes que el de mi esposa. Pero, pensando en la eternidad, es nuestra voluntad permanecer unidos como lo hemos estado desde que se inició en ambos el sentimiento amoroso. Este deseo nuestro será notariado.
En el caso, bastante remoto, que se pensara por decreto presidencial que merezco ser llevado a la Rotonda de los Hombres Ilustres, quiero dejar constancia, que rechazo esta honrosa decisión que me separaría de la mujer que tanto he amado. Con ella quiero estar por los siglos de los siglos. Amén.

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Siguen llegando libros y en algunos me encuentro. El más importante está dedicado al gran poeta nicaragüense Alfonso Cortés, que trae ilustraciones mías. Como es bien sabido Cortés es el segundo gran poeta de Nicaragua. El primero es Rubén Darío. El libro será presentado en Managua y ese mismo día recibiré la Orden Rubén Darío, que se entrega anualmente a algún destacado intelectual latinoamericano. Hace dos años lo recibió Mario Vargas Llosa. En mi caso hubo un retrazo, porque no se había recibido la autorización del Senado de México. Pero el miércoles 24 de enero, al fin, apareció en el Diario Oficial el artículo uno que dice: “Se concede permiso al ciudadano José Luis Cuevas Novelo, para aceptar y usar la condecoración de la Orden Rubén Darío, en grado de Gran Cruz, que le otorga el Gobierno de la República de Nicaragua”. Ahora lo que espero es que se me diga la fecha en la que se me otorgara tan notable distinción. Quien decidirá es el nuevo presidente Daniel Ortega. Ojalá y sea pronto y no coincida con los muchos compromisos que he adquirido en estos principios de año.
En los diferentes campus de la Universidad Autónoma Metropolitana, se siguen presentando exposiciones de mis obras. Estas culminarán en estos días y se me otorgará un Doctorado Honoris Causa. Daré una conferencia y se inaugurará la última de las exposiciones que tendrá lugar en el plantel Azcapotzalco.

Se tienen contemplados otros homenajes. Conforme avanza uno en edad abundan los reconocimientos. ¿Será que se piensa que la vida se va acortando? Por esta o por alguna otra razón, no deja de ser satisfactorio para mi que no pasa una semana sin que se me anuncie, de alguna parte del mundo, que mi fama no ha disminuido y se me sigue recordando como una figura importante de las artes plásticas. La agenda que lleva Beatriz del Carmen ya cubre casi todos los meses de este año. Llegamos hasta noviembre, pero todavía no hay nada para diciembre. En noviembre habrá una exposición retrospectiva en el Palacio de Bellas Artes y en esto estamos también trabajando. Es curioso pero esta será la primera vez que Bellas Artes se da cuenta que existo. Pero en fin, más vale tarde que nunca.
 

 

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