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Momentos antes de emprender un nuevo viaje

05 de marzo de 2007

 

Cuento con poco tiempo para escribir esta mi columna. Ignoro en este momento lo que debo relatar. Todos los acontecimientos ya han sido relatados en mis recientes Cuevarios. ¿Sobre qué hablaré en esta ocasión? Tengo la mente en blanco y los minutos pasan rápido. Encuentro un libro sobre Germán Cueto, que fue el primer artista que en México descubrió el abstraccionismo. Lo conocí en 1948, cuando asistía al México City College para estudiar grabado con la que había sido su esposa, Lola Cueto. En algunas ocasiones hablé con él. De esa manera supe algo de su trayectoria. Fue el principal escultor del estridentismo, aquella vanguardia liderada por Manuel Maples Arce  y a la que también pertenecieron otros artistas visuales. Recuerdo a algunos: Fermín Revueltas, Jean Charlot y Emilio Amero. También dos fotógrafos notables: Tina Modotti y Edward Weston. Fue un movimiento, cuyo aliento futurista buscaba rasgar la tela nacionalista que caía sobre el arte nacionalista, según señala Saúl Juárez. Hay en la obra de Cueto una inclinación por la caricatura. Hace máscaras distorsionadas. Estaba lejos de la sátira política de José Clemente Orozco y muy cerca de la obra de Miguel Covarrubias. Cuando lo conocí yo tenía 14 años. Su obra, que vi parcialmente, me llevó a practicar la caricatura. Creía yo que esa era mi vocación. Hice dibujos para una revista en inglés que se llamaba Mexican Quaterly. Inventé una firma que tenía ciertos rasgos de Cueto y de otros caricaturistas mexicanos como Cabral y Freyre. Esa firma todavía la uso cuando intencionalmente vuelvo a hacer caricaturas. En tiempos recientes trabajé en una serie de grabados que titulé Tiras cómicas, donde hago un homenaje a aquellos que me inspiraban y a quienes mucho admiraba.
Cueto, quien me tenía cierto afecto, me mostró algunas de las máscaras que hacía. Intenté copiarlas, pero con poca fortuna.
Lola Cueto fue mi maestra en el grabado. Conservo algunas copias. Aprendí de ella varias técnicas que todavía sigo empleando. Alguien dijo: “El hombre es el hijo del niño”.  Nada más cierto.
Los años han pasado pero en mi memoria permanece fresca la imagen de Germán Cueto.
Don Germán era un hombre delgado con una sonrisa bondadosa. Vivió muchos años en Europa. En Madrid permaneció un tiempo en casa de su prima la pintora María Blanchard que le abre las puertas de la insurrección cultural. En la obra de Cueto está el efecto que le causó el Cabaret Voltaire.
La obra de este escultor está siendo revalorada en Europa y hace poco se presentó una exposición de sus obras en el Museo Reina Sofía. Se ha vuelto de nuevo a escribir sobre él. Durante años permaneció en el olvido total. Pero ahora reaparece con fuerza y se le considera el primer dadaista de América Latina.
La pareja Cueto fue para mi de enorme importancia en aquellos tiempos en los que me iniciaba en las artes plásticas. Aprendí mucho de ambos y en las esculturas que ahora hago, siento la influencia de quien nunca fue mi maestro, pero que la distorsión de mis figuras se deben a haber visto las esculturas del que ha sido el primer artista abstracto de nuestro país.

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El auto que nos llevará a Beatriz del Carmen y a mí al aeropuerto ya nos espera. Viajaremos a Israel, donde permaneceremos 11 días. Después al regresar a México, recibiré el premio Jerusalén. Continúa la vida, continúan los viajes, continúan los reconocimientos y continúa el amor que nos tenemos Beatriz del Carmen y yo.
 

 

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