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Breve dictado desde Madrid

12 de marzo de 2007

 

Beatriz del Carmen y yo, en compañía de nuestro amigos Silvia y Pepe Sacal, viajamos a Israel invitados por la Fundación Yad Vashem para participar en un seminario en el que se habló sobre el Holocausto. Al terminó de éste visitamos el Monte de los Olivos y la gruta en la que Jesús rezó el Padre Nuestro, que en los muros se reproduce en 62 idiomas.
Luego estuvimos en el Monte Scopus y en el Desierto de Judea donde Beatriz del Carmen y yo cortamos unas ramas de los olivos. Después fuimos al Cenáculo donde fue la última cena, el guía nos dice que la mesa era redonda y no cuadrada como está en el mural de Leonardo Da Vinci.
Dejo para cuando regresemos a México la continuación de este mi relato sobre nuestro primer viaje a Israel. Ahora estamos en Madrid y por vía telefónica le dicto a Maricarmen estas breves líneas. Le pido que complete mi Cuevario reproduciendo lo que dijo el Rector General de la UAM, el Dr. José Lema Labadie, cuando fui homenajeado unos días antes de que Beatriz del Carmen y yo viajáramos a Israel:   
“... La obra de José Luis Cuevas es todo un acontecimiento, no sólo porque revela el testimonio del artista en el tiempo, ni porque se convierte en una de las más valientes y auténticas expresiones del arte mexicano de la segunda mitad del siglo XX. Cuevas es un creador porque indaga en los resquicios de la condición humana  y descubre  los abismos y contrastes que nosotros mismos tenemos como sujetos de nuestra sociedad. Es artista porque se permite dar figura a aquello que nosotros no nos atrevemos pensar, a imaginar, a reconocer. En ese sentido devela sentidos ocultos y nos obliga a reparar en aquello que habíamos querido mantener al margen.
El lugar que Cuevas tiene al interior de la escena artística nacional e internacional es invaluable, indescriptible. Ha sido merecedor de importantes galardones y distinciones como el Primer Premio Internacional de Dibujo en la V Bienal de Sao Paulo (1959), el Primer Premio Internacional de Grabado en la I Trienal de Nueva Delhi (1968), el Premio Nacional de Ciencias y Artes de México (1981), el Premio Internacional del Consejo Mundial de Grabado, en San Francisco (1984). La Reina Sofía de España le entrega el Premio “Tomás Francisco Prieto”, durante el acto inaugural de la muestra retrospectiva gráfica que le dedica el Museo Casa de la Moneda de Madrid (1997). Recibe la Orden de Caballero de las Artes y de las Letras de la República Francesa (1991). Ingresa al Sistema Nacional de Creadores como Creador Emérito (1993). Huésped de Honor en las principales ciudades mexicanas así como en Managua, Granada y León de Nicaragua (1993) y en Buenos Aires (1994). En ocasión de su nombramiento como Artista de la Ciudad por el Gobierno del Distrito Federal, se realizan diversos eventos en torno a su figura, culminando con la inauguración en el museo que lleva su nombre.
Sin embargo es posible decir que su fuerza no sólo radica en los méritos que lo han distinguido; su valor estriba en la posibilidad de inaugurar formalmente nuevos lenguajes plásticos, en atreverse a modificar la lógica de un arte mexicano que comenzaba a mostrar en los inicios del joven Cuevas ciertas formas de envejecimiento. El arte de nuestros días, aturdido por el deseo de novedad, tiene pocos auténticos creadores. No todos logran pulsar las necesidades de su tiempo, y mucho menos transmitirlas con la fuerza necesaria para sacudir a su público. Quizá por ello resulta un tanto paradójico que hoy, después de la larga y consolidada trayectoria de Cuevas, una institución como la UAM reconozca y distinga a un creador que se ha comprometido todo el tiempo con la burla y el sarcasmo, con la ironía incluso sobre si mismo. Pero no es ironía. Es, quizá, más bien, un gesto de complicidad el que nos lleva a reconocer públicamente el valor de un artista que no ha querido dejar de buscar, que no se cansa, que se sigue moviendo y que sigue haciendo de su obra una búsqueda en el tiempo y por el tiempo.

En este sentido, resulta sumamente comprensible el entusiasmo que nos acude este día al entregar esta importante distinción a José Luis Cuevas. A través de este gesto la UAM reconoce en él un ejemplo importante, único, de compromiso y dedicación al enriquecimiento cultural y artístico de nuestro país; la amplia y variada trayectoria artístico-cultural de Cuevas en el campo de la artes plásticas lo distingue como un incansable y tenaz promotor de nuevas ideas y formas estéticas, de alcances tanto nacional como internacional.”

 

 

 

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