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Un libro más en mi ya muy extensa bibliografía. Nuestro buen amigo José Miguel Pérez Porrúa nos trae los tres primeros ejemplares. Después llegarán más a nuestras manos. Beatriz del Carmen y yo revisamos el libro. Nos gusta mucho. La primera obra reproducida es un trabajo de infancia. Se titula Las dos mariposas y está fechada en 1944, es decir, cuando yo tenía 10 años de edad. Después viene un dibujo bastante sombrío que titulé Niña paralítica de 1954. Lo acompaña un pequeño texto que yo mismo escribí. Dice: “La superficie ha sido cubierta con un barniz oscuro. Me asomo a ella y la negrura me produce vértigo. Es como un foso profundo. ¿Qué hay en el fondo de él? Nada menos que todas mis obsesiones”.
Ya hacia el final del libro, encontramos algunas pinturas de mi amada Beatriz del Carmen, así como algunas cartas que le he escrito. A mí me toca hacer una breve introducción en la que digo: “Desde que Beatriz del Carmen y yo iniciamos nuestra relación de amor, nunca nos separamos. Hemos establecido un diálogo con voces distintas. Cada quien se expresa con lenguajes diferentes. Aunque nuestro estudio es de pequeñas dimensiones, las obras que realizamos son de gran formato. (...) Ella se autodefine como “surrealista” pero yo le digo que es más bien “simbolista”. Hay mucha melancolía en sus pinturas y dibujos, donde abundan mujeres que yo encuentro muy parecidas a sus hijas. Hay un cuadro que tituló Mi secreto y que una tarde me llevó a mi casa para regalármelo. “Su secreto” es el sentimiento amoroso que empezaba a surgir en ella. No quiso decírmelo con palabras sino a través de este enigmático cuadro. Lo incluyó en la primera exposición que se llevó a cabo en una galería de la Zona Rosa. Yo se la inauguré y ahí fue donde conocí el resto de sus obras, que me subyugaron de inmediato. A partir de entonces empezamos a encontrarnos con frecuencia. Yo fui el primero en confesarle mi enamoramiento (...) Las tardes en que me visitaba yo cancelaba todos mis compromisos...
No le gusta que vea sus cuadros sin terminar. Quiere darme la sorpresa de mostrarme lo ya hecho. La pintura a la que ya no le falta nada. En cambio yo pinto, dibujo o grabo teniéndola a ella a mi lado. Ya terminado mi trabajo le pido su opinión. Es severa conmigo y con franqueza me sugiere algunos cambios. Ella que en tiempos pasados me buscaba como maestro, ahora las cosas se han invertido. Me he convertido en su obediente alumno”.
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Miguel Angel Muñoz, gran escritor y comentarista de la obra plástica de los más notables artistas de tiempos recientes, es además un gran coleccionista de obra de gran nivel. Estas no se quedan encerradas en su casa sino que las hace circular por diferentes ciudades de Latinoamérica. Me hace llegar catálogos de diversas ciudades, en los que siempre aparezco mencionado. En el más reciente, de mí dice: “Cuevas, maestro de la concisión expresiva, explora como nadie de su generación las posibilidades simbólicas y energéticas del papel; figura indiscutible y creador de una poética visual única en su estilo...”
Muñoz, artista precoz ya ha publicado muchos libros en los que expresa su pasión por la pintura, es editor de una revista llamada Tinta seca, de contenido siempre novedoso. En el número más reciente encuentro un poema dedicado a “José Luis Cuevas y a Beatriz del Carmen”. Dice:
“Una línea pequeña; un punto de fuga / se acaba de desvanecer, / y solitario, después de la mirada / se separa de todo. / El secreto surge por dentro / Es su sentido y su forma, / como ángel andrógino / que ocupa un espacio. / Su sentido no es nuestro / puente inmenso / donde nada aparece”.
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