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Todos los años Beatriz del Carmen y yo viajamos a Veracruz. El itinerario es el mismo. Cuarenta y cinco minutos de vuelo y llegamos al puerto. Ahí nos espera nuestra amiga Patricia Deschamps que nos lleva a La Parroquia, donde ellas tomas El lechero que acompañan con las canillas. Yo no comparto esa tradición porque no me gusta el café ni la leche. Los asiduos de ese lugar son muy cordiales y se acercan a nuestra mesa para saludarme. Converso con algunos de los parroquianos que mucho saben de mí. En Veracruz, siendo niño conocí el mar y esa experiencia nunca la he olvidado.
Patricia nos cuenta que siendo yo joven regresé al puerto y a ella le pidieron me llevara a Jalapa donde se me invitó para que diera una conferencia. Ella se negó porque no tenía ninguna intención de conocerme. Me consideraba un “divo” y por consiguiente me imaginaba muy antipático. Quien diría que con el tiempo nos hicimos grandes amigos.
Ha pasado el tiempo y ahora nuestros encuentros son muy frecuentes. No sólo me quiere a mí sino también a mi adorada esposa. Patricia es muy regalona porque es una mujer generosa. Cada vez que nos vemos nos espera con cajas que contienen cosas que nos hacen sentirnos muy felices. Nosotros correspondemos prestándole obras de arte que pertenecen al acervo del Museo José Luis Cuevas, para que sean expuestas en la Galería Ramón Alva de la Canal que desde hace años dirige.
Hace unos días, se inauguró en la Galería Ramón Alva de la Canal una muestra de artistas europeos, todos de primer orden. En años anteriores se expusieron trabajos de Rambrandt, Picasso y una selección de pintores latinoamericanos de la misma procedencia. El montaje fue hecho por Manuel Alegría, que es el curador del Museo Cuevas. En la apertura estuvo presente el rector de la Universidad con el que después comimos en la Posada Coatepec, que es donde siempre nos hospedamos.
El anterior rector, Víctor Arredondo, me nombró Doctor Honoris Causa y desde entonces la gente me saluda llamándome “Doctor”.
Sentimos mucho que en este mi más reciente viaje a Jalapa no hayamos podido ver a uno de mis mejores amigos veracruzanos, Sergio Pitol. El mismo día de nuestra llegada a Coatepec, lo invitamos a comer, pero por problemas de salud canceló la comida, pero nos dejó un regalo que apreciamos mucho: su más reciente libro con el que ganó el Premio Cervantes en su 4ª edición. Se trata de una compilación de sus “mejores cuentos”, que he estado leyendo con enorme gusto. Trae una presentación del español Enrique Vila-Matas en el que asegura que Pitol es “El mejor escritor en lengua española de nuestro tiempo... El maestro perfecto”. Estoy de acuerdo con esta aseveración, como también comparto con lo que dice Masolvier Ródenas: “Llevo años escribiéndolo, Pitol es el más grande escritor en lengua castellana”.
De Pitol me hice amigo en la época en que viví en París. Nos veíamos seguido y a veces íbamos a la cinemateca francesa donde compartimos la admiración que teníamos por Ernest Lubitch, de quien vimos casi todas sus películas. El como yo, somos grandes aficionados al cine y es poseedor de infinidad de películas de casi todos los grandes directores.
En este mi más reciente viaje a Jalapa, me di tiempo de impartir un curso de grabado. Hubo una asistencia de cerca de treinta alumnos, que supieron asimilar mis enseñanzas.
Acompañados por Patricia Deschamps regresamos a Veracruz hace a penas tres días y antes de volver a México comimos en el restaurante que con mayor frecuencia visitamos: el Villa Rica del hotel Mocambo. |
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