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Los quince años del Museo Cuevas

23 de julio de 2007

 

Este año que transcurre ha habido tres celebraciones. La más ruidosa ha sido el centenario de Frida Kahlo. La ciudad de México se ha inundado de carteles que festinan el acontecimiento. Cientos de personas han acudido al Palacio de Bellas Artes donde se presenta una exposición que abarca infinidad de cuadros y documentos sobre esta artista que ha alcanzado fama internacional. El que fue su esposo, Diego Rivera, también será festejado con motivo de los cincuenta años desde su fallecimiento, que sucedió en noviembre de 1957. Estaba yo en Filadelfia ilustrando un libro sobre Kafka cuando me enteré de su deceso. A esta coincidencia le di un sentido simbólico. Con la desaparición de Diego terminaba una etapa del arte nacional. El muralismo y la pintura nacionalista ya pertenecían al pasado y conmigo se iniciaba la ruptura con esa pintura que admitía sólo los temas mexicanistas que limitaban  la libre expresión. Era imposible imaginar que Rivera y sus seguidores se fijaran en la obra de un escritor checo. Para ellos sólo existía México y su historia.
Este año de 2007 el Museo José Luis Cuevas cumple 15 años de haberse inaugurado y también está siendo festejado. Miles de personas acudieron esa noche de apertura. Fue un acontecimiento que permanece en la memoria de aquellos que acudieron masivamente a conocer la escultura La Giganta de la que mucho se hablaba. En el presidium me acompañaron el Presidente Salinas de Gortari, el Regente Manuel Camacho Solís, Ernesto Zedillo, que en ese entonces era Secretario de Educación Pública y Luis Donaldo Colosio. Durante los últimos meses de este año de celebración, todo el equipo del Museo ha estado trabajando intensamente. Mi amada Beatriz del Carmen y yo somos los curadores de la exposición que hemos llamado José Luis Cuevas y sus amigos, en la que se presentarán más de 120 obras de artistas de diferentes nacionalidades. También se incluirán algunas pinturas, por mí seleccionadas, de Beatriz del Carmen, que no sólo es una gran pintora, sino que además es la directora del museo.

Obras mías habrán pocas, porque he decidido ceder los espacios a mis amigos.

Originalmente tuve la ocurrencia de llamar a la exposición El gato y su pandilla, en memoria de un personaje de historieta que popularizó la televisión hace algún tiempo. Lo de “gato” viene de la infancia y ese apodo me lo puso mi hermana Lupita. Además hay que recordar que mi libro autobiográfico que publicó el Fondo de Cultura Económica, lleva el nombre de Gato macho.  

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Después de haber publicado durante 10 años en el diario “El Universal”, ahora cambio al Internet. Inicié mi columna, que alcanzó gran popularidad, en Excelsior, donde permanecí quince años. Ha sido tan intensa mi actividad de escritor que bien podría considerarme hombre de letras. Ahora recurriendo al Internet, me pongo al día y exploro la moderna tecnología. Espero poder dominarla en poco tiempo.

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La inauguración de mi muestra-homenaje, en el Museo Cuevas se llevara a cabo el 2 de agosto, a las 7:30 p.m. Todo mundo está invitado.

 

 

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