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Beatriz del Carmen Cuevas

6 de agosto de 2007

 

Mi relación con Beatriz del Carmen se inició con dos ingredientes importantes. Primero fue la atracción que ejerció sobre mi esa joven mujer que me visitó en mi estudio hace seis años. Puedo asegurar que en mi se dio lo que se llama amor a primera vista. Ella me conocía como pintor y buscaba en mi la opinión sobre su obra que iba a exponer por primera vez en una galería de la zona Rosa. Unos días después regreso trayendo alguno de sus cuadros. Descubrí entonces su talento de pintora. “soy surrealista”, y la contradije diciéndole que yo veía en ella otras tendencias pláticas. Le mencione el simbolísmo. En esa ocasión me dio de regalo un libro sobre Salvador Dalí, a quien admiraba mucho. Yo soy poco afecto a ese pintor y con absoluta seguridad le dije: “Nada que ver contigo”.
Asistí a la apertura y por petición de ella dije unas palabras. Me abstuve de mencionar el simbolismo porque viendo el conjunto de sus trabajos, advertí que ella tenía razón. Sin tener nada del mundo daliniano, su parentesco con los surrealistas era evidente. Mencioné entre otros a René Magritte.
Desde entonces sus visitas a mi estudio se hicieron frecuentes. No pude evitar confesarle mi amor por ella. Sorprendida me dijo con franqueza que ese sentimiento mío no era correspondido.
El amor mutuo surgió después. Ella se convirtió en la maravillosa mujer que siempre había buscado. Rompí entonces con algunas que en ese tiempo me asediaban.
Nos casamos hace un año por el rito católico. El escenario no pudo ser mejor: la Catedral Metropolitana de México habiendo oficiado el padre Shulenburg.
Admiro en Beatriz del Carmen su capacidad para trabajar. Me ha dicho que los momentos más felices los pasa pintando en el pequeño estudio que tenemos en la calle Fresnos.
Habiéndome buscado como “maestro consultor”, acabé siendo su discípulo ya que siguiendo sus consejos descubrí el color. Sin ella a mi lado no podría trabajar.
Una periodista escribió en una ocasión que Beatriz del Carmen es la “Frida de Cuevas”. No estoy de acuerdo con esta aseveración porque cada uno de nosotros somos inventores de mundos distintos. A Beatriz del Carmen la admiro como artista y la amo como mujer. Mi mujer.

 

 

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