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José Luis Cuevas y sus amigos 13 de agosto de 2007 |
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El jueves 2 de agosto, se llevó a cabo en el Museo José Luis Cuevas una gran celebración. De acuerdo con el conteo que hicieron los que trabajan en el museo fueron más de mil personas las que estuvieron presentes en la fiesta. Sin embargo no faltó “el negrito en el arroz”. Una reportera con mala leche, redujo el número a sólo 400. No conforme con esta reducción, escribió en su periódico algunas necedades que pretendían insultar al autor de este Cuevario. Yo pensaba que estos ataques pertenecían al pasado. Pero no es así, todavía sigo siendo blanco de algunos periodistas que no pueden evitar destilar bilis que es el resultado de la envidia. El presídium fue ocupado por personajes de primer orden. Cada uno de ellos tomó la palabra y fueron muchos los elogios que recibí esa noche. Mi adorada esposa Beatriz del Carmen también fue oradora y habló con soltura e inteligencia. Ella y yo fuimos los curadores de esta muestra que reúne obras de más de 100 artistas de diferentes nacionalidades. La exposición se llama José Luis Cuevas y sus amigos . Durante estos últimos meses he sido objeto de múltiples homenajes. Mi esposa y yo viajamos por primera vez a Israel y al regresar se me entregó el Premio Jerusalem que cada año se le otorga a alguien que ha destacado en el campo de la cultura y el arte. Mi buen amigo Eduardo Luis Feher, entre otros, dijo algunas palabras que mucho me enorgullecen. Empezó diciendo: “pocas personalidades tan particularmente polifacéticas como el homenajeado esta noche, José Luis Cuevas. Hace muchos años tuve una experiencia desacostumbrada: una enorme galería de arte albergó por varias semanas un solo cuadro; se trataba de un recordatorio del Holocausto expresado en un collage de José Luis Cuevas. Lo más curioso del asunto es que un policía que custodiaba el inmueble, el Centro Deportivo Israelita, retuvo en la madrugada, con un cuadro en las manos a dos extraños ladrones que habían penetrado para cometer este inusitado robo de arte”. Más adelante Feher dice: “en una confesión, José Luis Cuevas escribió cuando estaba cerca de cumplir los 30 años, lo siguiente: “...dibujaba constantemente... dormía poco y desde entonces adquirí la costumbre de trabajar donde estuviera... en cualquier hotel o pensión organizaba un estudio... miro hacia atrás y veo una infancia y una juventud muy ricas en experiencias... al Cuevas de antes lo evoco con nostalgia y afecto...” Llegando Feher ya casi al final de su discurso expresó: “hoy a muchos años de distancia, recuerdo algo que me dijo el pintor Carlos Mérida cuando le pregunté su opinión acerca de los artistas. Sacudiendo su blanca melena cual antiguo profeta del Pueblo de Israel, Mérida me contestó: “los artistas son niños caídos de las estrellas”. Pienso que Cuevas, si lo quisiéramos definir, es, sin duda, un niño caído de las estrellas...” |
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