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Tinta Seca 20 de agosto de 2007 |
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La edición 76 de la revista Tinta Seca, viene ilustrada con dibujos de mi querida esposa Beatriz del Carmen Cuevas. En la portada hay una errata: se dice que es una publicación del año pasado. Pecata minuta. Sin embargo el contenido es espléndido. Aparecen textos de escritores de primera. Menciono a algunos: Francisco Calvo Serraller, Francisco Ayala, Sacha Vema e incluso “una síntesis de Buñuel” del gran pintor Carlos Saura, ya fallecido. Con este artista tuvimos una gran amistad Miguel Angel, director de la revista y el autor de este “Cuevario”. Saura fue hermano del director de cine y se dice que hubo una mala relación entre ambos. Se critica a Muñoz por su preferencia por los pintores y escritores extranjeros. Si se trata de pintura, manifiesta que en México para él sólo existen Ricardo Martínez y José Luis Cuevas. A los demás los ignora.
================= Mi amada Beatriz del Carmen y yo asistimos a la apertura de la exposición que se está presentando en el Museo de los Pintores Oaxaqueños, que dirige Juan Alcázar Méndez. Lleva el título de Cuevas entre dos genios. Las obras que se presentan pertenecen al acervo del Museo Cuevas. Los “genios” son nada menos que Rembrandt y Picasso, y yo modestamente los acompaño. Se editó un magnífico catálogo de cuarenta páginas y para cada uno de los tres se escribieron textos de diferentes autores. En el que a mí está dedicado, la crítica de arte Susana Suárez dice entre otras cosas: “Adentrarnos en el mundo de Cuevas es introducirnos en sus y en nuestros rincones de la mente; hacer un análisis de conciencia, de identificación de pecados, de incertidumbre, aberraciones, como diría Octavio Paz “dibujar nuestras heridas (...) desde el fondo del hombre, desde el fondo del niño”.
En cada obra aparece lo absurdo, lo que uno se enfrenta, lo deliciosamente grotesco. Con Animal Obsceno da la sensación de mirar un acto burdo y al mismo tiempo de fineza animal; lleno de amor y deliberado erotismo. La fascinación que emite cada pieza envuelve al espectador, que va conduciéndose al ritmo que juzga el artista. En su dinámica creación, hace que este ritmo tenga un halo de incesante vehemencia y gran cachondería que escarbamos en nuestro interior: ambas, en un punto culminante, logran unir esas corrientes en un punto álgido. Veo al cruce de sus vertientes, que ellas irradian belleza, luz, alegría, también temor, fealdad, oscuridad, tristeza, suciedad, ansiedad. Sus grabados, en el análisis profundo de los representados, con su sentido sarcástico, picaresco, nos dejan ver el dominio de la línea, el uso de los materiales que tiene José Luis Cuevas, así como su capacidad de representar lo cruel o la locura personal (...) El encuentro de estos tres genios – Rembrandt, Picasso y Cuevas-, no es casual, ha sido propiciado por el mismo Cuevas, que ayuda a esta confrontación. Vislumbra un diálogo de tres generaciones con la misma preocupación: representar al género humano en sus diferentes facetas emotivas, simbólicas y sociales. (...)”
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