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La tercera época del Cuevario

27 de agosto de 2007

 

Desde hace poco tiempo mi esposa Beatriz del Carmen y yo pasamos los fines de semana en Cuernavaca. Habitamos  una casa que adquirí hace un año. Era una propiedad muy deteriorada que necesitaba de muchos arreglos. Recurrimos a nuestro amigo Alberto Vadas, director de la “Tallera”, que fue donde vivió Siqueiros durante sus últimos años de vida. Se le llama museo, pero no cuenta con obras del coronelazo. Sin embargo, gracias a la iniciativa de Beto semanalmente se llevan a cabo diferentes eventos. En tres ocasiones he dado conferencias que han contado con una buena asistencia del público. También presente una exposición de mis grabados y para una fecha próxima se proyecta una muestra con pinturas de Beatriz del Carmen. Pues bien, Vadas fue el que nos presentó a un arquitecto para que interviniera en la restauración del inmueble que ahora luce espléndido. No hay lujos superfluos, pero al buen gusto de mi esposa, se debe el que la casa sea muy agradable. Cuenta incluso con un estudio que  también es biblioteca, que ya he empezado a poblar de libros, casi todos de arte. Nuestro espíritu religioso se manifiesta con la profusión de  imágenes para los que mi amada esposa ha encontrado los lugares adecuados. Los muebles, con reminiscencias de Barragán, también se deben a la selección de ella. Algo de conventual tiene la casa.

Nuestra casa de San Ángel, tiene las mismas características. El buen gusto impera y fueron varios arquitectos los que la construyeron hace ya muchos años, entre ellos el “Caco” Parra, quizá por su antigua edad, hay muchos fantasmas que nos espantan por las tardes y por las noches. Yo ya me he acostumbrado a ellos. Suceden cosas extrañas. En una ocasión fui jalado de los pies y llevado hasta la orilla de la cama. También es frecuente que los objetos cambien de sitio o bien oigamos ruidos en las escaleras. Un amigo que nos visitaba se aterró cuando vio a  un hombre vestido de negro parado en la puerta de la biblioteca. Una tarde, un cuadro de Picasso se desprendió de la pared y empezó a volar por la sala destruyendo todo lo que encontraba a su paso. Corría yo y el Picasso me perseguía. Un carpintero que estando haciendo su trabajo, en una de las bodegas, sintió que lo empujaban con fuerza haciéndolo caer al suelo. Volteó pensando que alguien le estaba haciendo una broma, pero no vio a nadie. Suspendió su labor y abandonó la casa despavorido. No volvió mas. Después nos llamó por teléfono explicando la razón de su huida.

 

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He sido invitado por la revista Impacto para publicar mi Cuevario semanalmente. Hay buena paga. El mismo día aparecerá lo que escriba en la página del internet:  www.cuevario.com
Siendo un obsesivo relator de todo lo que vivo, empezaré contando mi historia de amor Beatriz del Carmen. Hay tantas cosas que decir. Esto lo dejo para iniciarlo la semana próxima.
Mi Cuevario lo empecé hace 25 años. Primero fue en Excelsior y después me cambié al Universal. Todo este material ya ha sido reunido en cuatro libros. El mas extenso fue el titulado Gato Macho editado por el Fondo de Cultura Económica. Ha sido tan profusa mi actividad periodística que bien podría asegurar que la escritura es mi segunda vocación. Pero esta la practico solo los domingos. El resto de la semana la dedico a mi producción artística que es a la que debo mi fama internacional.

Desde mi infancia he sido un gran lector de muchos autores. Con el tiempo fui ilustrador de aquellos que contaban con mi preferencia. El primero fue el de Franz Kafka con el que me sentí muy identificado. Había yo cumplido 24 años cuando viajé a Filadelfia donde me sumergí en el mundo angustioso del gran escritor Checo. El resultado no pudo haber sido mejor. El trabajo lo desempeñé en la Falcon Press y el libro, de pasta dura, se llamó “The wolds of Kafka and Cuevas” que fue distribuido mundialmente. Después vendrían otros: Dostoievsky, Quevedo, el Marques de Sade, André Pierre de Mandiarges, Rene Char y mucho otros mas publicados en inglés y en francés. En una libreta llevo anotado los nombres de los escritores que me gustaría ilustrar en el futuro. Entre ellos Horacio Quiroga y Rimbaud.

 

 

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