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Desde hace mucho tiempo tengo la costumbre de anotar en unas libretas que lo que voy viviendo día a día. Siempre he tenido la obsesión por las autobiografías. Hay una influencia de Federico Gamboa que tuvo el cuidado de llevar un diario que ha sido recogido en varios tomos. No hay en estos ninguna intención de hacer literatura. Lo que le importa es dejar testimonios que merecen ser recordados. Todo lo que le pasa es digno de ser relatado. Es interesante leerlo porque en las páginas de sus diarios desfilas infinidad de personajes, la mayoría de ellos ya olvidados, pero que reviven gracias al recuerdo que hace Federico Gamboa.
Hay momento conmovedores como cuando nos cuenta la muerte de los amigos, que al llegar a la ancianidad van cayendo como barajas. Recuerda a aquellos que eran autores prometedores. Tenían buenas intenciones pero les faltaba talento. Gamboa nos informa también de sus lecturas y de los libros que no llegó a escribir. Refiriéndose a Santa, la obra por la que alcanzó fama y dinero, confiesa con cierta melancolía que sus ingresos se debieron a haber escrito sobre la desdichada vida de una prostituta. “Viví de ella”, escribe con cierto humor negro.
Las biografías tienen varias vertientes. Hay quienes se ocupan de reunir material sobre la vida de gente notable. Este es un trabajo que requiere investigación, hurgar a través de múltiples documentos para recrear lo que sucedió en la existencia de algún notable. Ha habido grandes escritores que se ocuparon de los otros. Posiblemente de quien más se ha escrito es sobre Picasso. Se han publicado cientos de libros en los que se relata todo sobre este extraordinario artista. Cada vez que aparece una nueva biografía se dice que es la definitiva. Tal parece que ya no hay más que decir sobre este artista. Pero cuando uno menos se lo espera aparece una nueva biografía y encuentra uno cosas que no se habían dicho. En mi biblioteca he logrado reunir más de cincuenta relatos, todos importantes, sobre Picasso. Su vida es una fuente inagotable, se ha dicho tanto que a veces no se puede evitar caer en repeticiones. Pero siempre hay enfoques distintos. Las biografías siempre me han apasionado. En mi juventud leía a los grandes biógrafos, entre ellos a Emile Ludwie y Stefan Sweig. Uno de mis libros más queridos es el de Ulises Criollo de José Vasconcelos, pero aquí se trata de una autobiografía. Yo nunca me he considerado novelista ni cuentero, porque no tengo la capacidad para inventar situaciones. Todos mis Cuevarios, que ya son muchos, se refieren a experiencias reales. No se da en mi la ficción. Investigación si hay, pero siempre sobre mí mismo. Revisó mis libretas de las que ya hablé y ahí encuentro datos que son inéditos.
Ahora que inicio mi historia de amor con Beatriz del Carmen, recurro a una de mis libretas y encuentro datos importantes, digo:
Después de beso que le di empezamos a hacer proyectos de matrimonio. Le pido se divorcie, habló con Garzón, que es abogado, para que me recomiende con quien se pueden hacer los trámites. Habíamos decidido que en enero ya estaríamos juntos; pero los planes cambiaron y el doce de diciembre la invité a la develación de una escultura que hice por petición de la Universidad de Guadalajara. La titule Hombres caminando y una de la versiones se la di de regalo para sellar nuestro compromiso.
Beatriz del Carmen ya le había dicho a su marido que quería divorciarse. Ella se sentía mal engañándola, pero él nunca accedió.
Pasan los días y terminan los compromisos de trabajo en Guadalajara. En el taller de Guachabato hago varios grabados de gran formato. Estando en una peluquería, en donde me hacen un corte de cabello atroz, Beatriz del Carmen recibe en su celular una llamada de una amiga cercana. Le dice que la tormenta se ha desatado. Hay amenazas de por medio. Le Aconseja que aplacemos nuestro regreso a México. Seguimos su consejo y en una fecha imprevista volvemos a México. Le pido se quede en mi casa de Galeana. Ya no regresará más a su suntuosa mansión. (Continuará)
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