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Mi relación amorosa con Beatriz del Carmen XII

19 de noviembre de 2007

 

El museo  José Luis Cuevas está de luto. El 8 de noviembre falleció Mari-Carmen Martínez, asistente y amiga de mi esposa Beatriz del Carmen. Casada con Manuel Alegría y madre de una niña de apenas siete años dejó de existir de una manera sorpresiva. Hace apenas dos semanas se sintió enferma y pidió ausentarse para atenderse de un fuerte dolor en la pierna derecha. Consultó a una doctora que le diagnosticó una flebitis de pronóstico reservado. Sin embargo tratándose de una mujer muy joven y de una enorme capacidad de trabajo, se pensó que superaría su problema de salud y y pronto estaría en condiciones para reincorporarse a sus labores que siempre desempeñó con gran entusiasmo. Fue mi amada esposa la última en comunicarse con ella a través del teléfono. Conversó largamente con ella y la notó optimista. Bromearon ambas y pensaron que el peligro ya había pasado. Estaba ansiosa de que ya se le diera de alta y se despidieron después que le dijo que tomaría un baño. Estando en la regadera, acompañada de su madre, sufrió un desmayo., del que ya no se recuperó. Una trombosis la dejó sin vida, en presencia de su madre . Todos estábamos en el museo cuando se recibió la infausta noticia. Hombres y mujeres lloraron. Fue velada de Gayosso de Sullivan. Allá estuvimos sus familiares y sus amigos mas cercanos. Manuel Alegría, quien funge como museógrafo del Museo estaba desconsolado. Hombre fuerte y talentoso no podía retener el llanto. Había perdido a su compañera de muchos años.
Será difícil aceptar su ausencia. Su escritorio ha quedado vacío. Ya nunca volveremos a verla entregada a su trabajo en la computadora. Nadie podrá sustituirla.
Beatriz del Carmen no ha dejado de llorar y yo a su lado, tratando infructuosamente de consolarla. Mari- Carmen no solo fue su asistente, sino además una de sus mejores amigas.
En lo que a mí se refiere, ya no tendré a quien solícita enviaba mis artículos a través del internet que yo le entregaba, torpemente escritos en mi vieja máquina Underwood escolar. Extrañaré su presencia, siempre grata y risueña-. Que Dios la tenga en la gloria.
Andrés de Luna, escritor notable y gran amigo, tiene la intención de publicar en un libro de no muchas hojas, mi historia amorosa con Beatriz del Carmen. Ya lo ha propuesto a la Universidad Metropolitana que según parece han aceptado este proyecto. Andrés de Luna escribiría un ensayo, que en calidad literaria, superaría a lo que yo ya llevo escrito. Norma Patiño se encargaría de ilustrarlo con las muchas fotos que nos ha tomado a Beatriz del Carmen y a mí.
El periódico EXCELSIOR en donde fui colaborador durante quince años, ha demostrado interés en que vuelva a ocupar un espacio con mis artículos siempre bien recibidos por los lectores. Se trataría de una quita etapa de mi popular CUEVARIO. Mientras ésto llega, continuaré escribiendo semanalmente a través del Internet, que según parece tiene muchos lectores en diferentes partes del nuestro continente.

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De pronto surge de la memoria de mi amada Beatriz del Carmen, una canción que siendo ella muy pequeña, la cantaba su abuelita Fita de la Prada, a la que cariñosamente su nieta llamaba Tatá. Tanto Beatriz como yo ignoramos la procedencia de esta cancioncilla, que posiblemente, en el siglo XIX, servía para arrullar a los niños que de esta manera se quedaban dormidos. Dice la canción:

Golondrinita, golondrinita,
de donde acabas de llegar
de Lejos vengo.
de lejos vengo
del otro lado del mar.
Vengo a esperar a la primavera
que muy pronto llegará,
y si quieres mientras llega

yo te enseñaré a volar.

 

 

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