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Son ya 12 libretas que lleva escritas mi amada Beatriz del Carmen. En estas anota todas nuestras experiencias compartidas. Lo hace de una manera sencilla sin pretensión literaria alguna. Escribe desde su punto de vista lo que día a día vivimos. A esta costumbre se le llamaba antes “Libros de horas”. Soy el primer lector de sus escritos. Disfruto mucho leyéndolos. Acabamos de regresar de San Cristóbal de las Casas a donde fuimos para asistir a un encuentro de escritores de fama internacional, que anualmente organizan Víctor Manuel Mendiola y Jennifer Clement. Fuimos para escuchar, sin derecho a la palabra. Se nos asignó un lugar en medio de una multitud de oyentes. Escribe Beatriz del Carmen: “El evento tuvo lugar en el Teatro Esperanza Iris. No tuvimos un lugar preferencial. Nos sentimos arrinconados. Pero José Luis nunca pasa desapercibido y pronto nos vimos rodeados de infinidad de periodistas y fotógrafos. Hubo más atención hacia nosotros que por los poetas que iban a leer sus poemas. José Luis disfruta mucho ser centro de atención y ésto nos pasa cada vez que aparecemos en algún lugar público. Tiene un talento muy especial para hacerse notar. Le gusta ser entrevistado y fotografiado. Sabe hablar y sabe posar. Tiene un imán muy especial. En una ocasión me contó, que después de una conferencia que dio, tuvo la ocurrencia de llevar un recuento de los autógrafos que esa noche firmó. Fueron mas de 300.”
No pasa una semana sin que mi esposa y yo no viajemos a algún lugar de México. Lo que asombra a muchos es que a pesar de esta constante movilidad, produzcamos tantas obras. Lo que sucede es que estando en México pintamos hasta muy entrada la noche. Además nos hemos acostumbrado a dibujar en los aviones y pintar en los hoteles donde nos hospedamos.
Cuando doy conferencias he desarrollado la habilidad de hablar y dibujar al mismo tiempo. Muchos de mis proyectos escultóricos los he llevado a cabo de esta manera. En cualquier momento y bajo cualquier circunstancia brotan de mi cacúmen muchas ideas. Soy un ser creativo. Dicen que así fué, en la música, Agustín Lara. Que incluso haciendo el amor, de pronto empezaba a tararear alguna tonada que se le ocurría. Lo mismo pasaba con Xavier Villaurrutia.
Otro de los rasgos de mi carácter, es la necesidad que tengo por escribir cartas. Desde que inicié mi relación con Beatriz del Carmen, ya le he escrito 45 misivas en papeles de gran formato, que le entrego en propia mano.
Soy cuidadoso de guardar todo aquello que se escribe sobre mí. Considero este material como algo muy precioso que debe conservarse con mucho cuidado.
No pasa un día sin que encuentre comentarios sobre mi obra. Puedo asegurar que en estas menciones prolijas, por su abundancia y por su contenido casi siempre elogioso, bien podría ser calificado como el artista más “consentido” por lo menos a nivel nacional.
Hoy mismo encuentro en un catálogo un texto titulado “José Luis Cuevas, abanderado de la tolerancia” escrito por Esteban Calderón Argomedo.
Entresaco algunos bloques, ya que por su extensión me imposibilita reproducirlo íntegro. Dice:
“...La irracionalidad; iconoclasta no es asunto del pasado medieval; en mayo de 2006 los medios masivos de comunicación difundieron la imagen aterradora de una mujer, a medio camino entre lo humano y lo animal, que padecía el ensañamiento del poder político del municipio de Colima.
Sujeta con cuerdas, se le veía atrapada por una grúa dispuesta a arrancarla del sitio que desde, 2001, le había sido asignado para habitar. En defensa de la criatura acudieron autoridades estatales y con ello se inició un conflicto, viciado por intereses partidistas, entre la esfera de competencias de los dos niveles de gobierno. En el centro de la polémica se encontraba una imagen... Figura obscena escultura en bronce de José Luis Cuevas, nació como parte de una exposición itinerante. La belleza de la pieza hechizó al público... José Luis Cuevas respondió generosamente ...”
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