d

Mi relación amorosa con Beatriz del Carmen XIV

03 de diciembre de 2007

 

Regresamos Beatriz del Carmen y yo de Cuernavaca. Ella, con la pericia de siempre, maneja la camioneta. Yo adormilado, llego a escuchar por Radio Red la voz desagradable de un tal José Antonio Lugo que dialoga con un individuo, cuyo nombre no logro retener. Hablan de la cultura en México en los sesentas. Hay mala leche en lo que dicen. Mencionan a todos aquellos que fueron relevantes en aquellos tiempos. Bueno, a casi todos, porque omiten mi nombre. Yo no existí según ellos. Me despabilo y le comento a mi querida esposa la mala fe de estos granujas. No puedo manifestar mi enojo. Se trata de intelectualillos de quinta, cuyos nombres no conozco. Se expresan con torpeza. Su conversación gira en torno a un libro que uno de ellos ha escrito sobre Juan García Ponce, quien fué un gran amigo mío y a quien debo muchos escritos sobre mi obra. Hacen referencias a los pintores de la llamada generación de la ruptura. Cada uno de ellos merecen largas parrafadas. Espero que en algún momento se me mencione. Pero termina el programa  sin que yo haya sido tomado en cuenta. El clásico ninguneo hace su aparición de nuevo. Yo imaginaba que ésto ya permanecía al pasado. Que ahora mi nombre es algo insoslayable; pero no, todavía de vez en cuando surgen estos canallas que como en antaño destilan su bilis. Creen que de esta manera dañan el prestigio de un artista cuyo nombre es conocido internacionalmente. Lo que me extraña es que Radio Red les conceda un espacio que no merecen. ¿De donde surgieron estos pobres diablos?

XXXXXXX

Estando en Cuernavaca encuentro el recorte de un periódico fechado el 24 de junio de 1984. Es un artículo publicado en un suplemento cultural de la época. Curiosamente se habla del ninguneo que en aquel tiempo se practicaba con gran alegría, de la misma manera que ahora lo hacen los miserables ya mencionados. Cito algunos fragmanetos:
CUEVAS, PROFESOR DE DIBUJO.- “El hecho es singular y, si nos encontráramos en otro país que no fuese Ningunoleand, se destacaría en todos los medios de comunicación, ya que por primera vez en México, la máxima figura del país, ¿ o quien más? – impartirá un seminario de dibujo.

A partir de mañana, en la Unidad Azcapotzalco de la Universidad Autónoma Metropolitana, Cuevas se reunirá con un selecto grupo de estudiantes (de la UNAM y de otros centros de estudio, porque el seminario quedó abierto a quien quisiera inscribirse) y distribuirá entre ellos sus conocimientos, que desde luego son muchos.
Antes ya había realizado esta actividad docente, pero no lo había hecho en México, por la sencilla razón de que los centros de estudio no le habían cursado la invitación, tal vez como parte del ninguneo, de la negación de su arte y su persona o simplemente no habían imaginado que el pintor se interesara por impartir un curso. La proposición surgió, sin embargo de la UNAM y el pintor en buena medida por interés educativo, accedió a dar el seminario que este lunes se inicia y que durará hasta el 2 de julio.

Pues bien, esa es la noticia y éste el significado: las experiencias del pintor que cambió el aparato cultural de México, podrán ser asimiladas por el núcleo de alumnos que recibirá, sus lecciones; los conocimientos del mayor pintor de México (...) Pero curiosamente esa actividad académica, seria,  no trasciende, no se distribuye por todos los canales de comunicación la noticia de que José Luis Cuevas impartirá una cátedra (...)”  Esto se decía en 1984 y en el 2007 continúan apareciendo insectos que pretenden ignorar mi importancia.

En mi próximo Cuevario me ocuparé del libro que se ha publicado para celebrar los 15 años de haberse abierto el Museo José Luis Cuevas que desde hace seis viene dirigiendo mi amada esposa Beatriz del Carmen.

LOS HERMANOS CUEVAS, COMPOSITORES

        Cuando mi hermano Alberto y yo éramos muy jóvenes, nos dio por componer algunas cancioncillas, quizá bajo la influencia de Herminio Kenny. Hace algunos días las rescate y doy a conocer una de ellas:

Me subí en un camión
quise pagarles con un tostón
pero de pronto dijo un señor:
en este carro no se paga
guarde ésto mejor
Muy contento quedé
y en seguida la lana guardé,
pero de pronto el cobrador
dijo: si no me paga yo lo bajo,
mejor págueme a ver.
Yo quedé muy asustado
en la forma en que me miró,
cuando estaba descuidado
por la puerta me sacó,
y desde entonces no me he vuelto a subir en un camión.

 

 

Esta Semana     Archivo    Museo JLC   Sitio Oficial JLC  

Diseño y Prog. Abraxas