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Mi relación amorosa con Beatriz del Carmen XXII 28 de enero de 2008 |
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Una de mis obsesiones ha sido la autobiografía. Desde la década de los cincuentas he llevado un recuento muy preciso de todo lo vivido. Cientos de páginas han sido publicadas en infinidad de periódicos y revistas. Siempre escribo en primera persona. Mis primeros artículos aparecieron en el suplemento cultural de Novedades que dirigía Fernando Benítez. El primero de ellos lo titulé “La cortina del Nopal” que encontraría después un espacio en la revista neoyorkina “Evergreen Review”. Todos los lunes acompaño a mi querida esposa Beatriz del Carmen al Museo Cuevas y ese día es cuando lo aprovecho para reunir periódicos donde se me hacen entrevistas sobre los temas mas diversos. Una vez publicados los entrego a la biblioteca que lleva el nombre de Octavio Paz. Hacía tiempo que no lo visitaba, pero la semana pasada entré a ella y me sorprendió todo el material que ahí se guarda. Descubrí el registro de todo lo que de mí se ha escrito. Mi biografía es amplísima, no solo por la que yo digo sino también por lo que otros han dicho sobre mí. Cientos de libros, revistas y periódicos están ahí reunidos. De muy pocos artistas se ha escrito tanto. No todo es favorable. Abundan los ataques y las biografías apócrifas. ¡Cuantas mentiras se han hurgado sobre mí! Encuentro un libro de muchas páginas en el que lo relatado nada tiene de verdad. En donde todo es verídico es en mis autobiografías, aunque muchos hayan imaginado que en lo que cuento sobre mí hay mucha fantasía. Me llegó ayer un libro que es la historia del hotel Geneve. Encuentro en él muchas fotos mías y menciones. Hay un párrafo que dice: “Según José Luis Cuevas fue en una entrevista que le hizo el diario Excelsior para hablar de una exposición donde el tema eran las prostitutas, cuando afirmó: “La Zona Roja es una Zona Rosa”. A ello responde una de las hermanas triates: “ se adjudica el título de la Zona Rosa. Donde va José Luis Cuevas él quiere ser number one”. He aquí una aseveración falsa de una señora que niega que sea yo quien bautizó como Zona Rosa a esa sección de la Colonia Juárez
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CONTINUAN LOS RECUERDOS DE BEATRIZ DEL CARMEN
Durante nuestro viaje a la Habana, que dura poco más de tres horas de avión, Beatriz del Carmen continúa contándome sus experiencias en Campeche. Dice: “Siempre me ha gustado disfrutar la naturaleza. Tengo un gran vicio que es la fruta. Recuerdo que tenía una agilidad extraordinaria para subirme a los árboles de tamarindos y en una rama disfrutaba de las vainas más verdes que hubieran. Nunca pensé en el peligro de que se me rompieran las ramas y cayera al suelo. Afortunadamente nunca me rompí un hueso, pero mi abuelita sí me castigaba sobre todo porque los calcetines no me duraban y mis calzones de arandela siempre estaban rotos. Era muy inquieta y era común encontrarme con víboras de coralillo que contrario a lo que se piensa no son venenosas. No sentía miedo. Mi abuelita me llevaba a la tienda de abarrotes del chino Hang donde tenía una serpiente Oshkan o ratonera. Se contaba que eran peligrosas, pero a mí no me daban miedo, porque yo estaba habituada a jugar con estos animales. Un día entró mi abuelita llorando porque se estaban llevando los muebles de la casa que mi abuelo había vendido. Despojada de estos, mi abuelita decidió vender la casa que era afrancesada y muy grande. Rentó entonces una en el barrio de San Francisco y ese cambio me afectó mucho. La casona que me traía muchos recuerdos gratos fue vendida en treinta mil pesos de aquel entonces. La casa a la que nos cambiamos estaba cerca de la vía del tren y cuando éste pasaba el ruido era insoportable. Lo único bueno es que estaba muy cerca del Parque Carrillo Puerto, lleno de laureles y al fondo ese mar maravilloso. En la casa de enfrente la habitaban Don Manuel y Don Catarino que eran dueños de taxis. Eran personas muy buenas y me querían mucho. Todos los fines de semana me invitaban a comer y sus esposas me cocinaban caldo de puchero y puch. Era lo que yo les pedía y ellas muy complacientes me los hacían: Se llamaban Carmela y Elvia que a pesar de tener otros hijos siempre me consideraron como “su niña”. Dejo pendiente para mi próximo Cuevario, el viaje que hicimos a Cuba, donde, al fin, pude visitar Sagua la Grande donde nació mi abuela por vía materna. Ahí visitamos el Museo de la música que lleva el nombre de Prats, que fue uno de los grandes compositores de música cubana. Después en La Habana, en un “acto solemne” que tuvo lugar en la Sala “Ernesto Che Guevara” de la Casa de las Américas que preside Roberto Fernández Retamar, recibí el doctorado Honoris Causa en Arte. En el Museo de la Música, el director me obsequió un librito en el que se recogen las letras de muchas canciones de Trova Tradicional Cubana. Ahí descubrí que mucha de la música que yo consideraba mexicana, fue compuesta por autores cubanos. Reproduzco a continuación una de ellas que mi madre cantaba con su espléndida voz de soprano.
Y TU QUE HAS HECHO En el tronco de un árbol, una niña, Yo soy el árbol, conmovido y triste,
EUSEBIO DELFIN |
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