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Mi relación amorosa con Beatriz del Carmen XXIII 04 de febrero de 2008 |
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Recibo el día de hoy una felicitación de María Teresa Franco, Directora General del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, que mucho agradezco. Dice: “ Muy estimado maestro Cuevas: Reciba por este medio una sincera felicitación por haberse hecho merecedor al Doctorado Honoris Causa por parte del Instituto Superior de Arte de Cuba. Para el Instituto Nacional de Bellas Artes es un motivo de orgullo que se le haya otorgado este importante reconocimiento por sus méritos y aportaciones a la plástica contemporánea, así por el compromiso social a lo largo de su trayectoria. Le mando un saludo afectuoso y un fuerte abrazo. Atentamente”. XXXXXX Días espléndidos pasamos en Cuba mi querida esposa Beatriz del Carmen y yo. Me enorgullece que mi presencia en la isla haya servido para reparar ciertos resquicios que habían puesto en riesgo la hermandad que siempre existió entre ambos países. Esto me fue dicho por varios funcionarios del gobierno cubano. Lo mismo opina el actual Embajador de México en Cuba, Gabriel Jiménez Lemus. Pronto regresaré a ese país para entregar una escultura mía que como una donación se colocará en el jardín de la Casa de las Américas. Sangre cubana corre por mis venas, porque como lo dije en mi breve discurso: mi abuela nació en Sagua la Grande que en esta ocasión tuve oportunidad de conocer. De esa ciudad es también Wifredo Lam, uno de los grandes artistas del mundo, con quien tuve un encuentro en los tiempos en que viví en París. Como un preciado regalo conservo un catálogo en el que estampó su firma con el que selló unas palabras afectuosas. Otro gran artista, Roberto Matta, amigo mío por muchos años, también tuvo vínculos con Cuba en donde dejó muchos de sus cuadros. En respuesta a su generosidad se le otorgó la nacionalidad cubana. Nació en Chile, pero muy joven se fue a París y falleció en Civitavecchia, Italia hace cinco años. Fue figura relevante del movimiento surrealista gracias a la intervención de André Breton, habiendo cultivado una gran amistad con los grandes creadores de esa tendencia plástica a la que también pertenecieron Max Ernst, Tanguy, Dalí, Chirico, Magritte, Delvaux, Man Ray y Picasso. Continúan mis conversaciones con mi esposa Beatriz del Carmen, en las que ella me relata su vida en Campeche: “Recuerdo esa casa con nostalgia. Estaba yo jugando, cuando mi pelota rodó y sentí que una de las baldosas estaba suelta. La levanté y me encontré con un cuarto. Lo cerré asustada y luego pregunté a mi abuelita y me dijo que ahí su familia guardaba las cosas de valor. Triste fue el día que nos fuimos de esa casa que se encontraba en el barrio de San Francisco. Era una casa pequeña. La calle la convertí en el lugar donde hice amistad con Marlene. Sus padres tenían una botica. En la iglesia de San Francisco hice mi primera comunión a los siete años. Mi madrina fue la maestra Lupita a la que yo admiraba por su facilidad para el dibujo. Poco tiempo permanecimos en la segunda casa. El cambio fue favorable, aunque las casas se reducían más. Ahora vivíamos en el Barrio de San Román. La casa era todavía más pequeña que la anterior pero tenía dos vistas. Una al mar y la otra al monumento de Pérez Martínez y la Concha Acústica. Uno podía caminar por el malecón y llegar a cualquier lugar. Conocí a dos grandes amigas: Martha Hurtado Ferrer y Alma Rosa Pérez, que moriría en un accidente de auto”. LAGRIMAS NEGRAS En el Museo de la música, de Sagua la Grande, escucho una canción cubana de Miguel Matamoros, que cuando la oía en mi infancia le adjudicaba la nacionalidad mexicana. Es más, yucateca.
Aunque tú me has dejado en el abandono, Sufro la inmensa pena de tu extravío Tú me quieres dejar, |
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