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Mi relación amorosa con Beatriz del Carmen XXVII

10 de marzo de 2008

 

Después de dos semanas en las que no aparecieron mis conversaciones con mi amada Beatriz del Carmen, vuelvo a cederle la palabra para que continúe contándonos los sucesos de su infancia. “Mi mamá y su esposo, el Capitán de Altura y Marino Mercante, se encontraban en Minatitlán, Veracruz, lugar donde nació mi hermana Diana que es la menor de las tres. Manuela, a quien llamábamos Nena había nacido en el puerto. En Minatitlán era imposible que yo estuviera, porque no habían escuelas adecuadas para mí. Mi papá, primer esposo de mi madre, investigó cual era el mejor colegio de Oaxaca donde el había hecho muchas carreteras y era muy conocido y respetado. Le dijeron del Colegio Unión y Progreso que era de monjas. Ahí estuve internada durante un año y curse el primer año de secundaria. El primer día que viajamos fué por una carretera espantosa, yo, con una pequeña maleta. Curiosamente a cada interna nos pedían un colchón nuevo, sábanas, cobijas y toallas. Eran las seis de la tarde cuando llegamos a Oaxaca mi abuelita y yo. Empezaba a obscurecer cuando mi abuelita toco el clásico aldabón. Nos abrió una monja y a mi abuelita ya no la dejó entrar. Así que me bebí mis lágrimas y camine por un sobrio pasillo que conducía al internado. Me sentí tan desamparada, tan sola, que mi pecho me pasaba del dolor porque me separaban de la persona que más quería en el mundo. Subí unas escaleras y llegué a un pasillo donde se encontraban dos cuartos enormes, con muchas camitas. Una de ellas sería la mía. La de la monja estaba tapada por un biombo. Esa noche me leyeron el reglamento: Había que levantarse a las 6:00 a.m. y dejar la cama oreando; lavarnos los dientes y la cara, vestirnos para después pasar al comedor  donde antes del desayuno orábamos. Regresábamos a nuestro cuarto muy ordenadamente, a hacer la cama, recoger nuestra mochila e irnos  a nuestro salón”. (Continuará)

Mi amada esposa Beatriz del Carmen me acompaña en el dolor en estos días de recuperación, después de una operación, aunque esta no sea peligrosa, queda un constante dolor físico que hay que soportar estoicamente. Estoy en buenas manos. Mejor médico no pude haber encontrado. Se llama como yo, José Luis y se apellida Ibarrola. No es la primera vez que acudo a él. En 1999, me opero con éxito del esófago de Barret. Las molestias que entonces me aquejaban, desaparecieron en poco tiempo. Recupere la salud y las ganas de vivir.

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El doctor Ibarrola, no es solo un gran médico sino que además es generoso e inteligente. Me cuenta que fue alumno de mi hermano Alberto en la Escuela de Medicina de la UNAM. Tiene buenos recuerdos de quien fue su maestro. Me dice que sus clases tenían un mayor número de asistencia que las de los otros profesores. El otro día nos invitó a comer con su esposa Sandy y pasamos unas horas muy agradables. También estuvo otra pareja de amigos del doctor: el ingeniero Manuel Robles Martínez y su esposa Beatriz.

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Recibo de Cuba un artículo escrito por Y. P. Fernández en el periódico cultural La Jiribilla. Pero antes que este ya tenía yo esperando su turno lo que escribió el crítico de arte y Rector del Instituto Superior de Arte, Jorge Antonio Fernández Torres. En la imposibilidad de reproducir en su totalidad este ensayo que me agradó mucho, me conformó con reproducir unos cuantos párrafos.

“Su objetivo es moverse en las antinomias de la psiquiatría y la locura, o de la prostitución y el moralismo asociado al bien, lo que pretende Cuevas es develar una radiografía de la existencia humana con la misma hondura que lo hizo Thomas Mann en su célebre Montaña Mágica(!!!)”

“Definir su obra como asociada a una técnica o a un medio, sería cercenar a un hombre que es sin dudas uno de los cronistas más auténticos de su tiempo.(...)”

“(...) Lezama Lima en su ensayo sobre los paralelos entre la poesía y la pintura, al retomar a Martí decía: “La verdadera sabiduría es puersenax, de lo que hay de niño viejo en el hombre: La sabiduría en su esencia tiene un carácter cosmológico y tribal. (   )

“(   ) En esta muestra podemos apreciar cómo los noventas le llegan a José Luis Cuevas con nuevos aires creativos. La serie de esculturas Animales impuros, nos hacen visualizar a un artista que lo ha experimentado todo. Los cuerpos representados están sujetos a una permanente mutación. La morfología es el pretexto para acercarnos a la contaminación cultural y simbólica. ¿Qué es lo primitivo? ¿Qué es lo civilizado? Son interrogantes que nos replantean nuestra imagen del mundo (   )”

“(   ) En su retrato de Van Gogh, se nos presenta la carnalidad de lo monstruoso. La violencia del trazo y la fuerza del color son un gran homenaje a la vehemencia del pintor holandés que veía en la intensidad cromática la misma apasibilidad íntima que percibía cuando escuchaba la música de Wagner”.

“Este artista conserva la energía del niño intranquilo que fue. En su vida todavía están presentes las imágenes de su tía Rebeca, un personaje que parece sacado de las novelas de García Márquez, y que le inculcó su amor por el cine”.
 

 

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