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Mi relación amorosa con Beatriz del Carmen XXVIII

17 de marzo de 2008

 

Por las noches con la luz apagada, mi amada Beatriz del Carmen continua relatándome aspectos de su vida. La escucho con atención, pero no tomo nota. Todo lo registra mi memoria:

“A las dos de la tarde salíamos para regresar al internado y cambiarnos el uniforme. No podíamos usar vestidos sin mangas ni faldas cortas y eso era lo que yo tenía; pero encima nos poníamos una bata, como mandil. Después de asearnos nos dirigíamos al comedor donde la madre superiora bendecía nuestros alimentos antes de que los devoráramos con buen apetito, porque la comida era muy rica. Ya comidas íbamos a la capilla a orar y después a uno de los patios a que hiciéramos ejercicio. No era fácil para mí adaptarme a la férrea disciplina. Quizá porque era yo una de las más pequeñas. La única amiga que recuerdo es a Conni Kanfer de papás alemanes. Después del ejercicio nos llevaban a estudiar. A las seis de la tarde era el horario del baño. Lo recuerdo como una experiencia deprimente. Los baños no estaban cerca de nuestros dormitorios y teníamos que cargar nuestras cosas, como si fuéramos a un balneario. Las luces no se podían prender, todo era en penumbra. Se supone que todas habíamos terminado la tarea. Por las tardes nos subían galletas o dulces y a las 8:00 p.m. el mismo ritual de siempre. Paradas atrás de nuestras sillas orando y después sentarnos a cenar. Así transcurrían todos los días...” (continuará)

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A Josep Guinovart, fallecido hace pocos meses en Barcelona, lo conocí en el primer viaje que hice a España. Después tendríamos otros encuentros y en el acervo del Museo José Luis Cuevas hay un cuadro de él. Era originario de Agramunt donde fue nombrado hijo adoptivo de esta población que desde 1994 acoge un museo que lleva su nombre. Por invitación del artista expuse una treintena de obras. Por otros compromisos que me arraigaban a México no pude asistir a la inauguración. El crítico catalán Daniel Giralt-Miracle escribió un breve ensayo, con motivo de su fallecimiento, que termina diciendo: “Si algo define a Guinovart es que fue un investigador, que supo combinar magistralmente la fuerza de lo telúrico con el espíritu de la modernidad”.

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Beatriz del Carmen y yo trabajamos arduamente en reunir material que integrará lo que se expondrá en el Palacio de Bellas Artes a partir de mediados de mayo. Fue ella la que le propuso a Mercedes Iturbe que se me abrieran las puertas del Palacio marmóreo al que tanto ataque en mis comienzos como artista irreverente que fui. Sino fuera por Beatriz del Carmen, las puertas de ese sagrado recinto hubieran seguido cerradas y en sus muros no tendría cabida ni una de mis obras.

El odio que siendo yo casi un adolescente, desperté en aquellos que dirigían el INBA y que iba siendo heredado de funcionario en funcionario, al fin ahora, al haber entrado en la tercera edad, se me perdonan mis “pecados de juventud” y se autoriza que en varias salas se presente mi obra, bajo la vigilancia de los comisarios que decidirán qué sirve y qué no sirve.

Como soy un artista todavía vivo y activo, pienso que mi opinión debe ser tomada en cuenta.

He sido siempre un trabajador incansable y mis exposiciones suman mas de 200. Casi todas en el extranjero. Es imposible pensar en ellas para esta exposición “consagratoria”. La mayoría de mis dealers han muerto e ignoro el paradero de tanta obra que anda disiminada por el mundo. Así dispondremos con lo que hay en México. Abrimos cajones, revisamos muebles y surgen infinidad de dibujos, con fechas diferentes. Todos me gustan sin importar sus dimensiones. Hay pequeños, regulares y grandes. Obras de mi precoz juventud  hay poco. Pero algo es algo y pienso que deben de ser expuestas. Es difícil hacer una selección cuando uno piensa que todo lo hecho está bien hecho. Porque todo aquello que mi autocrítica desechaba es destruido de inmediato.

Vuelvo a reproducir la letra de una canción que siendo cubana, durante mucho tiempo se consideró mexicana.

Sublime ilusión
Por Salvador Adams

He visto una boca
que solo a dejado
perturbada mi mente
desde que la vi.
Qué boca más linda
de labios de grana,
sus dientes más chicos
de puro marfil.
Besarla quisiera
y luego morir.

 

 

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