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Mi relación amorosa con Beatriz del Carmen XXIX

24 de marzo de 2008

 

Continúa mi esposa Beatriz del Carmen, relatándome diferentes aspectos de su adolescencia. Mi vida ya está contada en infinidad de libros. Ahora le toca el turno a mi amada Beatriz del Carmen. Me parece interesante que mis lectores sepan lo que ha vivido la Mujer con la que ya llevo siete años de intensa relación amorosa. Una vez más le cedo la palabra:

“La madre superiora era muy consecuente conmigo. Siempre me llamaba para que la acompañará a hacer sus visitas. Un día me llamó al internado y era ella que quería hablar conmigo, pues había llegado un primo a verme. Yo me extrañé de tener un pariente en Oaxaca, pues yo no tenía primos. Salí al encuentro en la oficina de la madre superiora donde me esperaba un muchacho muy nervioso, al que yo no recordaba haber conocido. La madre superiora me acompañaba y ninguno de los tres hablaba. Después el joven dijo haberme visto en el parque y sabiendo que estaba prohibido recibir visitas que no fuera familia, se le ocurrió urdir la mentira de que nos unía un parentesco. No tardó en retirarse. La madre superiora me dijo en voz baja: “¿verdad que no es tu primo?”. Yo le dije temerosamente que no, ella sonrío y me abrazó. Lo que paso, es que el mozalbete me había visto en el parque y, según él, se había enamorado de mí y de ahí la invención de un parentesco inexistente.

Mis salidas eran cada quince días. Los viernes a las cinco de la tarde pasaba mi tutor para llevarme a pasear y el regreso tenía que ser el domingo por la tarde. Si yo llegaba después de las ocho de la noche perdía yo mi próxima salida. Yo estudiaba el segundo año de secundaria y tenía un profesor de geografía muy joven que estudiaba leyes. Se llamaba Eleodoro. Un día mis tutores me llevaron a una cena y él estaba ahí. Cuando me vio me sacó a bailar y ambos felices, pasamos la noche bailando. Unos días después se presentó en el internado, llevándome serenata con canciones que a mí me parecieron bellísimas. Todas las internas compartieron conmigo la emoción de escuchar mi primera serenata. Mi maestro de geografía era bastante guapo. Sentí que por primera vez me había enamorado.”

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Ahora sigo yo con mis reflexiones. En mi ya larga vida ha habido de todo. He conocido el afecto y la admiración. Pero también he sufrido del odio, el rechazo y la envidia. Estos sentimientos mezquinos los he sufrido en mi propio país. Se dice que la envidia es una manera de admiración. Vasconcelos lo dijo en una ocasión: en México el que triunfa asusta. Y del susto viene la necesidad de causar daño al objeto que se detesta por el hecho de que, por mediocridad, no es posible superarlo o al menos igualarlo.

Hay una novela de Unamuno que trata del asunto de la envidia. Son dos amigos que se conocen desde la infancia. Al llegar a la juventud uno es triunfador y el otro es mediocre que no logra ninguna de sus expectativas. Todo termina en un crimen.

Los envidiosos son personas que a veces están cerca de uno. Hay que saber detectarlos, para entonces evitarlos.

La lista de aquellos que me han dañado es infinita. Menciono algunos:

Después de haber permanecido durante algunos años haciendo un programa de radio de IMER, fui corrido cuando hubo un cambio en la dirección. Dolores Beistegui fue la autora de esa decisión que no tubo ninguna justificación porque mi programa era escuchado por un gran número de personas. Lo mismo me sucedió con el periódico “El Universal” y quien decidió eliminarme era un periodista a quien yo consideraba un amigo. En el Colegio de México nunca fui admitido a pesar de que reunía todos los méritos necesarios para pertenecer a ese colegiado. Los nombres de ese desaguisado los he olvidado. Aquí me detengo para mencionar un hecho que mucho me ha lastimado. Los ataques constantes y calumniosos que vienen  de una hija mía que nació el misma día que yo. Aprovechando el espacio que le concede una revista de chismes, lo aprovecha para insultarme y de paso a mi amada esposa Beatriz del Carmen. Con ella y con mis otras hijas siempre fui un padre responsable. Mi esposa siempre las buscó en busca de una amistad que nunca tuvo respuesta. Me ataca de una manera calumniosa y dice que todo lo que yo he poseído viene del esfuerzo de su madre. Nada me deben a mí. Nunca me agradecieron las cosas que yo les heredé en vida y llegó a decir que yo y Beatriz del Carmen debíamos empezar en cero. No tenemos derecho a nada y casi lo lograron, porque llegó el momento que viví la experiencia de ser pobre y mis carencias también afectaron a mi esposa. Padre pobre hijas ricas. En una cena en la que se encontraba acompañada de su novio, aprovechó atacar incluso mi obra de artista. En el grupo estaba un amigo que no la conocía y salió en mi defensa y exaltó mis méritos como creador. Mencionó mi importancia que es reconocida en varias partes del mundo. Ella, la más chica de mis hijas continúo atacándome lo mismo que a mi esposa. Mi amigo abandonó la casa donde tanto se nos denostaba. Alguien que estaba en la fiesta hizo la revelación que quien tanto odio manifestaba era mi hija. Nada más  y nada menos.

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Arrullo para dormir a los niños

Cuando era yo muy chico, mi mamá me cantaba una cancioncita para inducirme en el sueño. Si mal no recuerdo decía:

Señora Santa Ana,
¿por qué llora el niño?
Por una manzana que se le ha perdido.

Vamos a la huerta,
le cortamos dos.
Una por ser niño
y otra por ser Dios.

 

 

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