|
|||
| d | |||
![]() |
Mi relación amorosa con Beatriz del Carmen XXXII 14 de abril de 2008 |
||
El pasado 7 de abril en el auditorio “Wilberto Cantón” de SOGEM me fue entregado por la Plataforma Cultural Tabasco una presea que mucho me honra. Lleva el nombre de Cabeza Olmeca que se encuentra en “La venta” de Tabasco en la que me inspiré para realizar una serie de autorretratos de gran formato que están exponiéndose a lo largo de la calle de Academia donde se encuentra el Museo José Luis Cuevas. Un reconocimiento más de los muchos que he recibido en los últimos meses. XXXXXXXXXX Hoy viajaremos mi esposa y yo a Jalapa. Expondremos en la galería “Alva de la Canal” de la Universidad de Veracruz. Desde hace siete años que nos conocimos, Beatriz del Carmen y yo nos hemos convertido en una sola persona. Nunca nos separamos. Cuando asistimos a una comida a la que hemos sido invitados, pedimos que se nos siente juntos. Lo mismo sucede en nuestros constantes viajes en avión. Si yo subo a mi estudio a trabajar, no puedo hacerlo si mi esposa no esta cerca de mi. Antes, recuerdo, necesitaba del aislamiento para dibujar o pintar. Ahora mis hábitos han cambiado. Sin la cercanía de ella no podría hacer nada. Esto extraña a nuestros amigos que nos llaman “Los siameses”. A la entrada del Museo que lleva mi nombre he colocado una escultura por mi hecha, en la que represento a la inseparable pareja. Se trata de dos cabezas monumentales que nos representa. Hemos descubierto que conforme pasa el tiempo nuestro parecido físico va en aumento. Nos miramos en un espejo y encontramos los mismos rasgos. Esto nos asombra. Sin embargo nuestros estilos de arte son diametralmente opuestos. Ni ella ha influido en mi, ni yo, en lo que hago se da el más mínimo parentesco. En los cuadros de ella hay ternura y fantasía que la acercan al surrealismo, mientras que lo mío se distingue por la violencia y la constante metamorfosis que sufren mis personajes. Trabajamos juntos, como ya lo dije, pero nuestros mundos plásticos son diferentes. Sin embargo su producción me conmueve y ella es admiradora de mis dibujos que trazo con rapidez. Nuestra imaginación corre por diferentes rumbos. Aunque en algunas ocasiones hemos coincidido en exposiciones colectivas, ahora por primera vez nos confrontamos los dos solos. Ella ocupará una sala de galería y yo otra. Unas cuantas escaleras nos separan. Se ha impreso un tríptico que anuncia este primer encuentro. Los asistentes a la muestra decidirán a quien de los dos prefieren. XXXXXXXXXX Me sucede con frecuencia perder cosas importantes: cartas, libros, textos que sobre mi han escrito personas valiosas. Los guardo en un lugar preciso y después los busco y han desaparecido. Me desespero. Pasa el tiempo y de pronto aparecen en lugares donde no los había dejado. Hoy me sucedió con dos ensayos escritos por Eduardo Luis Feher y Guillermo Samperio. Los encontré en una carpeta guardada en el cajón de un mueble desconocido. El primero es un extenso texto que leyó Feher cuando recibí, el año pasado el “Premio Jerusalén”. Son tres hojas que no tienen desperdicio. Reproduzco unas cuantas líneas: “En una confesión, José Luis Cuevas escribió, cerca de cumplir los treinta años, lo siguiente: “... dibujaba constantemente ... dormía poco y desde entonces adquirí la costumbre de trabajar donde estuviera ... en cualquier hotel o pensión organizaba un estudio ... miro hacia atrás y veo una infancia y una juventud muy ricas en experiencias ... el Cuevas de antes lo evoco con nostalgia y afecto...” Continúa Feher: Hoy, a muchos años de distancia de aquel enfant terrible este nostálgico texto me recuerda algo que me dijo el pintor Carlos Mérida cuando le pregunté su opinión acerca de los artistas. Sacudiendo su blanca melena cual antiguo profeta del Pueblo de Israel, Mérida me contesto: “Los artistas son niños caídos de las estrellas”. Pienso que Cuevas, si lo quisiéramos definir, es, sin duda, “un niño caído de las estrellas” Lo felicito y nos felicitamos hoy, esta noche cuando un pedazo de Israel , en forma de escultura, llega a las manos de uno de los artistas contemporáneos más importantes de México y del mundo, nuestro querido y admirado José Luis Cuevas. “En sus inicios el enfant terrible de la pintura mexicana y hoy artista consagrado, es, sin duda, un caso inusitado en la historia de la pintura universal. “Hace muchos años, tuve una experiencia desacostumbrada: una enorme galería albergó por varias semanas un solo cuadro; se trataba de un recordatorio del Holocausto expresado en un collage por José Luis Cuevas”. “Lo más curioso del asunto es que, la policía que custodiaba el inmueble donde exponía José Luis, detuvo en la madrugada, con el cuadro en las manos, a dos extraños ladrones de arte que habían penetrado para cometer este inusual robo de arte”. El arte objeto, según recuerdo era una tabla rectangular pequeña con una pintura en la superficie y, lo más importante, rodeada de un pedazo de alambre de púas proveniente del terrible campo de exterminio nazi de Auschwitz”. “Las relaciones artísticas, de afecto y de amistad de José Luis Cuevas con la Comunidad Judía de México y con el propio Estado de Israel son de larga y entrañable data”. “Hombre de extensa cultura, su acercamiento al mundo judío, entre otras vertientes, fue a través de la lectura de autores judíos como Canetti, Freud Fromm, Aweigh, Wasserman, Below, Mailer, Anita Brenner – a quien conoció - Kafka, etc. etc.” “Cuevas dice: Al amanecer he concluido todo. He realizado cerca de 50 dibujos. Más de lo suficiente. Tengo los ojos enrojecidos...me agito en la cama...estoy desesperado...vuelve la depresión, la tristeza, la sensación de desamparo...me siento Gregorio Samsa e imagino que si me duermo, despertaré convertido en insecto...avanzo hacia la mesa donde he dejado la carpeta con las cincuenta ilustraciones que he dibujado. La abro con violencia y me dedico a romper cada una de ellas. Terminada mi labor de destrucción me siento liberado...recojo los papeles rotos y los tiro por la ventana...vuelvo a la cama y me duermo sin dificultad. Cuando despierto, cinco horas después, me siento radiante...” “Más adelante Cuevas reflexiona que él es lo contrario a este no obstante su admirado autor; mientras Kafka le pidió a su amigo Max Brod, que destruyera su producción literaria, yo-dice Cuevas- quiero que el mundo conozca mi obra. ¡La reflexión! Indudables vasos comunicantes entre dos sensibilidades cuyas diferencias extrañamente los acercan. “Recientemente, José Luis Cuevas cumplió una deuda muy antigua que tenía consigo mismo: conocer Israel...” Lo que Feher es mucho más extenso de lo que ahora reproduzco. Para otra ocasión dejo pendiente el texto que escribió Guillermo Samperio y que lleva un título algo extraño: “Unos monos feos y repetitivos“. Contrario a los que se podría imaginar, lo que dice es muy elogioso. |
|||
Esta Semana Archivo Museo JLC Sitio Oficial JLC Diseño y Prog. Abraxas
|
|||