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Mi relación amorosa con Beatriz del Carmen XXXIII 21 de abril de 2008 |
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El avión en el que viajamos Beatriz del Carmen y yo, se mueve peligrosamente, antes de que este aterrice en Veracruz. Se inicia un norte en el puerto. Al descender sentimos frío y cae una llovizna que nos cala los huesos. Muy abrigada nuestra amiga Patricia Deschamps nos espera. No hay el calor que esperábamos. Con norte o si norte Veracruz nos fascina. Ya en el auto pedimos al chofer que ponga la calefacción. Nos lleva al restaurante Villa Rica, que tanto nos gusta. Ya con la barriga llena y el corazón contento, iniciamos nuestro viaje a Jalapa, en donde por la noche inauguraremos la exposición que hemos titulado “Los siameses”, porque nos reúne a través de nuestras obras a mi amada esposa y a mi. Esta muestra nos junta y solo una escalera nos separa. Ella expone una veintena de sus cuadros y yo una selección de las muchas cartas de amor que a lo largo de nuestra relación le he entregado a ella como una muestra de amor. No ha habido correo de por medio, porque las misivas están escritas en papeles de gran formato. Yo soy el cartero que le entrega el material en propia mano. Constituyen un diario en el que le manifiesto mis sentimientos y le relato los sucesos del día. Bonita idea la que yo tuve. En la inauguración la gente se detiene a leer mis comunicados amorosos. Las pinturas de ella seducen a todos. Después hay una cena que ha organizado Víctor Arredondo, quien cuando era rector de la Universidad, me entregó un Doctorado Honoris Causa. Hoy es el secretario de educación pública. José Manuel Morelos Villegas, se acerca para entregarme un libro que me regala. Se titula “José Luis Cuevas: realidad, mito y estrategia”, que al regresar a México lo he leído con enorme gusto. No hay referencias a mi obra, sino que desarrolla el tema de mis habilidades para la autopropaganda. Explica el contenido en unas líneas: “Modos y usos sui géneris” de la publicidad en el ámbito del arte: un caso”. Reproduzco a continuación, la primera página con la que arranca el libro. Es un resumen del contenido: Antes de que los medios electrónicos cobrarán importancia, e inclusive después, la cultura y sus expresiones habían sido el “patito feo” de los medios, hasta el surgimiento de José Luis Cuevas en la escena mexicana. Este artista sabía que el arte y la cultura no eran un atractivo suficientemente paladeable, que los artistas y sus obras solían merecer espacios de difusión junto crucigramas el “gancho al hígado” en las últimas páginas de los diarios y que había que hacer algo al respecto. La noticia del arte no era de primera plana. Había que hacer del arte, del artista, materia noticiosa. Había que hacer “ruido”. Tal objetivo requirió acciones sui géneris que reproducían o imitaban – o equivalían – a los procedimientos típicos empleados por la mercadotecnia y la publicidad. XXXXXXXXXX Siempre que voy a Jalapa visito un taller excepcional. Se llama “La ceiba” y esta dirigido por el artista sueco Per Anderson. Se trata de una casona muy antigua que ha sido habitada por diferentes familias. De ese lugar se cuentan muchas historias que merecen ser escritas. No faltan aquellas de fantasmas que aparecen por las noches. Per no solo es un magnífico artista sino que también es un gran inventor. Por su poderosa inventiva ha renovado las técnicas de la litografía. Todos los materiales que emplea son por él construidos. Siempre que voy a Jalapa visito el taller y mucho aprendo, porque lo que ahí encuentro no existe en ningún otro taller. Algo nuevo siempre me sorprende. Ahora esta enfrascado en la fabricación de papeles que van saliendo de una pulpa que ha hecho con infinidad de sábanas y toallas que le han regalado de casi todos los hoteles de Jalapa. Trapos ya desechados por muchos años de uso, pero que él los convierte en papeles finísimos de diferentes texturas y tonos. En una tina muy vieja ha colocado un aparato giratorio que él mismo ha construido. Sus talentos son múltiples y ha sido capaz de ser el diseñador de todos los muebles, que como hábil carpintero que también es, salen de sus manos. Lo visito cada vez que voy a la lluviosa Jalapa y me doy tiempo para hacer alguna o algunas litografías. Las piedras que se emplean son de mármol y también son producto de su imaginación. Es más: los lápices que pone a mi disposición también son por él hechos y son muy superiores a los que suelo emplear cuando hago litografías. Las puntas corren con asombrosa facilidad sobre la piedra de mármol y el dibujo va corriendo como si un fantasma guiara mi mano. XXXXXXXXXX Vuelvo de nuevo a citar algunos poemas populares cuyos autores desconozco: PIDIENDO POSADAS En nombre del cielo Aquí no es mesón No sean inhumanos, Ya se pueden ir Venimos rendidos No me importa el nombre Posada te pide Pues si es una reina |
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