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Mi relación amorosa con Beatriz del Carmen XXXV

05 de mayo de 2008

 

Por segunda vez, mi amada esposa Beatriz del Carmen, visita Chicago. Hemos ido para asistir a la feria de arte latinoamericano en donde participo con dos de mis obras. Se llama “Arte Ahora” en donde se presentaron, entre muchos otros artistas, pintores de tanto renombre como Matta, Wifredo Lam, Botero, Tamayo, Rodolfo Morales, Jesús Soto, la brasileña María Bonomi, Carlos Cruz Diez, Edgar Negret y Omar Rayo. Muchos de ellos ya han fallecido y a la mayoría los conocí en diferentes épocas. Lo único malo que tiene esta ciudad es su constante cambio de clima. Cuando llegamos hacía calor, pero una hora después se desató una lluvia acompañada de frío. Esto, me imagino se debe al lago Michigan que es el más grande de los Estados Unidos.

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En uno de mis anteriores cuevarios me referí a dos textos que sorpresivamente aparecieron en un mueble. Los consideraba perdidos, pero aparecieron en un lugar donde estoy seguro yo no los había puesto. El primero de ellos ya la publique en este mi espacio y ahora le toca el turno el que esta firmado por el escritor Guillermo Samperio y que lleva el título de “Unos monos feos y repetitivos” que no lleva la intención de ofenderme. Al contrario se trata de un escrito muy elogioso que yo no conocía. Lo reproduzco a continuación.

“Y cual es el valor de las obras de José Luis Cuevas?, recientemente me enfrente con esta pregunta después de que expresara  mi admiración por el artista. Pregunta casi al filo del reproche: cómo es posible elogiar a un hombre predispuesto al escándalo, poseedor de un ego desbordante y agresivo; a un artista paradigmático del arte “oficial” o “reconocido”. José Luis Cuevas es la figura perfecta para ser atacada. En una sociedad donde la vida se transforma en miseria para los muchos, donde los espacios de expresión son negados a la mayoría, existe un ánimo de crítica fácil contra los símbolos de la autoridad, y en el mundo del arte, contra el poseedor de un genio inconmensurable, quien por su capacidad de crear una obra maestra con un simple gesto es una personalidad situada por encima de todos nosotros, simples mortales. Nos resultan incomprendibles sus métodos, pues el artista crea desde la genialidad. Ante sus obras, no nos queda más remedio que la embelesada contemplación  y, de ahí la admiración o el repudio infinito.

José Luis Cuevas es un claro beneficiario del mito del genio y, además, un fantástico propagandista de si mismo que señala su genialidad con convicción. Es decir, un excelente dibujante con la capacidad añadida de la autopromoción.
La misma persona que me lanzó la pregunta a la que hice referencia al principio, también sentenció: Es verdad los dibujos de Cuevas resultan feos y siempre iguales, porque precisamente exploran el lado oscuro de la existencia. Pero de ahí su belleza intrínseca: líneas elegantes; grises manejados con maestría para crear atmósferas turbias; texturas agradables mediante tramas de ritmos envolventes. Toda la habilidad del artista se aplica a no complacernos; el trazo nos conduce a contemplar el rostro de la humanidad en la dimensión estética de lo grotesco, en la exploración de lo sublime como experiencia que rebasa las posibilidades humanas de la percepción y la comprensión. La experiencia de contemplarnos en la obra, con toda nuestra fealdad reflejada, nos rebasa.

Sin embargo, el artista es convencional en sus temas-retratos, autorretratos, el artista y su modelo, parejas durante el coito, grupos de personas manteniendo relaciones sexuales, todos ellos ya codificados, por la tradición, pero es en su interpretación donde viene la chispa genial: Los cuerpos desnudos de carne blanda y torturada con múltiples arrugas o grietas toman su sensualidad fría de lo blanco del papel, los cuerpos dúctiles son modelados mediante unos pocos trazos precisos.

José Luis Cuevas creó su estilo propio, a partir de las principales corrientes del arte de vanguardia. Del cubismo, retoma la dislocación del espacio y la síntesis de frente y perfil en una sola vista; heredero de Picasso, Cuevas le da una continuación fértil al cubismo sintético con sus interpretaciones de lo real: sus volúmenes se extienden más allá de los límites del plano, la superficie se modela y la línea establece fronteras confinadas por la silueta; todo para crear contornos que engloban el desdoblamiento del mundo visible. Del expresionismo, adquiere el aire de José Clemente Orozco para parodiar inclementemente a los personajes en caricaturas que no persiguen la risa, sino el horror. De los expresionistas alemanes, encontramos el gusto por exagerar los rasgos del personaje. De Grosz, la tendencia a captar la personalidad del modelo mediante algún rasgo característico (...)

Reconozco en José Luis Cuevas a uno de los grandes artistas del siglo XX, aún vigente y admirable. Le reconozco su talento para manejar y crear su propio mito. Lejos de tener problema con ello, creo que deberíamos aprenderle, al artista y al autopromotor; por lo pronto, yo me voy a declarar genio por las próximas 24 horas (...)

 

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Para dormir a un niño

Duérmase , niño,
que ahí viene el viejo,
le come la carne,
le deja el pellejo;
su mamá la rata,
su papá el conejo.

Duérmase , niño,
que ahí viene el viejo,
le come la carne,
le deja el pellejo;
su mamá la rata,
su papá el conejo.

Duérmase, niño,
Duérmase, pues,
que ahí viene el viejo
y le come los pies.

 

 

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