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Mi relación amorosa con Beatriz del Carmen XXXVI 12 de mayo de 2008 |
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De pronto surge en la memoria la imagen de un cuadro que fugazmente pasó por la vista hace muchos años. En la adolescencia quizá. El autor es belga y no es tan conocido como James Ensor. He preguntado por él, pero nadie lo conoce. Es un artista olvidado; pero el día de hoy le he rendido un homenaje pintando el cuadro que aparecía en la portada de un libro que no sé como cayó en mis manos. Este lo perdí, pero hoy lo he recordado. Se trata de una figura poderosa titulada “La cocinera”. El pintor se llama Constance Permeke y puede ser que en su época alcanzó alguna fama. Cuando fui a Bélgica donde había yo inaugurado una exposición de mis obras, busqué en los museos el cuadro que me había impactado; pero no lo encontré ni tampoco otras de sus pinturas. Nadie me pudo informar sobre la trayectoria de Permeke. Hoy he pintado, dentro de mi estilo, una “cocinera”. Lo he hecho en blanco y negro, porque la reproducción no tenía color. Tal como lo recuerdo era un dibujo poderoso, vinculado al expresionismo. Contando con la ayuda de mi amada esposa Beatriz del Carmen, fueron dos horas las que me llevó realizar este homenaje a un artista, que tal vez ahora soy el único que lo recuerda. Me agrada el resultado y me hubiera gustado incluirlo en la exposición que en junio se abrirá en el Palacio de Bellas Artes. Pienso que su inclusión es imposible porque ya he entregado más de 250 obras y el espacio ya no da para más. Quizá, por estas razones, se tengan que “sacrificar” algunos cuadros de gran formato, para evitar el amontonamiento. Si por mi fuera, todo debería de ser expuesto. Pero como dice el refrán: “donde manda capitán, no mandan los marineros”. Ya vi el domi del catálogo de mi exposición de Bellas Artes y me parece espléndido. Me lo mostró Roxana Velásquez, directora del Museo del Palacio de Bellas Artes. En lo referente a textos hay una breve introducción de Beatriz del Carmen, como directora del Museo José Luis Cuevas y dos cuartillas mías en las que hablo del hecho inusitado que durante 50 años fui excluido de las salas del Museo. Ahora al fin se hará una muestra de mi obra, ocupando varios espacios. Debo agradecer a Roxana esta apertura. Hay dos ensayos enjundiosos, escritos por Luis Rius Caso (30 cuartillas) y Teresa del Conde (40 cuartillas) que he leído con gran interés. El primero empieza con un testimonio de Augusto Monterroso que dice: Después él que habla es Rius y elabora un discurso espléndido, en el demuestra el amplio conocimiento que posee de mi obra y de mi trayectoria, sin dejar de mencionar algunos párrafos de ensayos que desde mis comienzos se han escrito sobre mi obra. Empieza con Margarita Nelken que el 23 de junio de 1953, siendo yo entonces poco conocido, escribió en la revista “Hoy”, lo siguiente: “La obra titulase en bloque: “Apuntes del natural”. Nada más y nada menos. La tendencia realista, queda implícitamente definida en este marchamos genérico. Ahora bien, erraría quien, de esta apelación desprendiera, en José Luis Cuevas, una voluntad de traslado de la realidad sin participación alguna de un creador. Por suerte, estos “Apuntes” no son una simple reproducción de aspectos, más o menos concretamente llevados a su grado de “fijación”, y su autor se halla siempre presente en los trazos que encierran, subrayan, o sugieren sus figuras”. Después Rius vuelve a Nelken para citar lo que ella dijo con motivo de mi primera exposición en Paris (1955): “Ni pidáis a este benjamín de nuestros grandes artistas, no le pidáis, por supuesto, nada anecdótico; nada que tenga que ver con el tipismo, válvula de escape de los que no tienen que evadirse. Ni disfraces ni camuflajes. Él nos da, quizá sin habérselo pedido siquiera a sí mismo, en la emotividad punzante de cada tipo, una expresión a escala humana. De aquí, y de todas partes. Reconocible aquí, y comprendible en todas partes. Esta figura de “Adivinadora”, verbigracia, su agudeza juvenil la captó en México -en SU México- al igual que la madurez cumplida de José Clemente Orozco captaba las formas características (...). Más, desde su México, la puede proyectar con toda la fuerza de su estilo, hacia cualquier confín de cualquier Escuela. Así de mano de Cassou, la acogerá París. Y ello, cosa trascendental en un dibujante de hoy, sin literatura”. Al enterarse de que en la Bienal de Sao Paulo, gané el Premio de Dibujo, comentó: “Cabría preguntarse, ante el silencio casi completo que aquí ha envuelto, en el más literal sentido de la palabra, tamaño triunfo de un artista mexicano (...); cabría preguntarse si es que ese deliberado propósito de limitación de inspiración y de técnica que por lustros mantuvo todo el movimiento artístico mexicano, dentro de unas discriminaciones cuyos motivos eran secreto de polichinela, va a seguir, a despecho de los intereses más elementales de la irradiación de nuestro arte”. |
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