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Mi relación amorosa con Beatriz del Carmen XXXVII

19 de mayo de 2008

 

Mi esposa Beatriz del Carmen Cuevas ha salido temprano a comprar algunas cosas que necesita para mañana en la que se celebran a las madres. Me ha dejado en el buró, un mensaje amoroso que dice: “Sentada a tu lado...Observo y escucho el sonido de un trazo firme y seguro. El carboncillo emite un sonido inconfundible y gira de un lado a otro. Mientras tú haces tu trabajo sobre una tela de gran tamaño, yo giro alrededor tuyo. Te amo: Beatriz del Carmen Cuevas”. Es frecuente en ella escribirme estas declaraciones amorosas que guardo en una carpeta.

Es todavía de mañana cuando alguien toca en la puerta. Es el grabador Luis Garzón que me trae una carpeta azul en la que aparecen varios grabados míos con los que ilustro un poema de Dionisio Morales. El taller que ha hecho el trabajo de impresión se llama “Caracol Púrpura”. Me agrada el resultado y leo la introducción que ha escrito René Avilés Fabila. Reproduzco a continuación dos párrafos de la labor del poeta y el ilustrador:

“Poesía y pintura”. Poesía amorosa en prosa e imágenes. Morales narra una historia de amor-pasión, la cuenta rompiendo reglas, apoyándose en metáforas novedosas. ¿Son la vejez y la juventud una pareja imposible?. El amor cambio la palabra imposible por la libertad para amarse a plenitud sin escuchar prejuicios necios. Los amantes de diferentes edades están, pues, a salvo de cualquier inquisición. Para existir, el amor-pasión senil hace promesas de inmortalidad. El cisne muere gozoso y hasta triunfal porque el sexo  por amor es sublime, grandioso y lo ha llevado a cabo como última tarea (...).

“José Luis Cuevas ha dibujado y grabado para Kafka, Borges, Arreola, entre otros, sabe captar la esencia del texto literario, porque es un consumado lector y ha hecho poesía a través de sus dibujos, grabados y esculturas. Bien visto en su espléndido y complejo trabajo, también percibimos influencias de escritores. Dostoievski, Sade y Quevedo, por ejemplo, sus mundos torturados y torturantes. Tan es así que ha sido capaz de escribir sus sueños y pesadillas y ponerlos en forma de luminosos relatos de fantasía pura. Cuevas es un artista único, irrepetible, genial, que refleja su percepción del mundo a través de su propia experiencia estética, como es natural, pero cuando se introduce en otros mundos su trazo va con mesura y gravedad, analizando el entorno: los ojos de autorretratos, bestias extrañas y seres sugerentes, miran a los demás para desentrañar el misterio de la vida  y sus complejas relaciones. Ahora, en este caso, las figuras y los personajes de José Luis Cuevas, resultado de su interpretación de Dionisio Morales, son etéreos, están en el aire, flotan con lentitud, se sostienen en un vacío de suaves tonalidades y observan las historias del poeta; las escenas amorosas recuperan lo más dulce de la vida, la pasión o la dulzura del sexo en medio de una aparente soledad.

Poesía y gráfica son inasibles, inalcanzables, salvo que se tenga una percepción adecuada a la visión amorosa de los artistas. Los grabados magistrales de José Luis Cuevas atrapan las frases doloridas o gozosas de Dionisio Morales y entonces el lector se paraliza para admirar el trabajo conjunto: pocas veces en México, el artista plástico y el poeta han podido reunir esfuerzos para alcanzar la percepción y la belleza rotunda del amor-pasión”.

Viendo los grabados de mi autoría y leyendo los textos de este libro, pienso en mi relación amorosa con Beatriz del Carmen. ¿Yo soy acaso el cisne que muere? Mientras ella regresa a la casa yo me dedico a terminar el dibujo que ella conoció en sus inicios. Espero con impaciencia su opinión sobre este cuadro que pienso debe integrarse a los envíos que hemos hecho para mi exposición-homenaje en el Palacio de Bellas Artes, que se inaugurará el próximo cinco de junio.

 

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Canción del campo

Vuelvo a mi costumbre de terminar mis cuartillas escribiendo canciones muy antiguas, de autores anónimos, que a veces vienen a mi memoria.

Los leñeros

Contra el frío
unos leñeros
hoguera armaron
y se abrazó la leña
que habían cortado.

¡Ay, ay, ay,
que se frustro
todo el trabajo!.

 

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Cantar de presos

El señor Cuauhtémoc
estaba contento.
Le importaba madre
todo su tormento.

 

 

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