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Beatriz del Carmen y yo regresamos el día de hoy, 27 de mayo, de la ciudad de Hermosillo, donde se llevan a cabo “Las Fiestas del Pitic 2008”. Ambos exponemos en diferentes espacios culturales. Mi querida esposa presenta 18 acuarelas inéditas en “La Casa de las Imágenes”, que dirige nuestro buen amigo Fernando López Moreno. Recuerdo que en el mismo lugar expuse hace algunos años, cuando por primera vez viajé a Sonora. Las obras de Beatriz del Carmen son bien recibidas por la masiva asistencia de público. Un gran cartel en el que aparecemos ambos, muy sonrientes, anuncia nuestra presencia. Nos llaman “Los Siameses”, porque los dos somos inseparables. La inauguración de ella fue al mediodía y fue inaugurada por el Presidente Municipal, quien nos entrega una caja que contiene dulces y una botella de Bacanora, que es la bebida de esa zona del norte de la República. Después viene una comida a la que asisten algunos periodistas que nos entrevistan. Descansamos en el hotel y nos preparamos para asistir por la noche a la exposición en la que se presentan varias cartas que pertenecen a mi adorada consorte. Así que podemos considerar que ambas muestras son un homenaje a ella. Lo mío se expone en el Centro Cultural Sociedad de Artesanos Hidalgo. En uno de los muros se ha colocado un texto escrito por López Moreno, que dice:
“Los Siameses”. La obra refleja el encuentro de dos espíritus creativos, que se funden sin perder su propia identidad que se crean, forman y conforman a través del terraplén mágico de la plástica.
Muestran una dualidad de expresiones únicas, que nos hace gozar de la pertenencia individual y la capacidad infinita de Beatriz del Carmen y José Luis Cuevas, para entregarse el uno al otro, como amantes intemporales, enseñándonos que el arte de amar es un festín de formas y colores, que descubren en la cotidianidad onírica de su devenir existencial.
Los Siameses se funden en la cosmogonía de su presente y se proyectan como seres con estilo propio, cuando nos comparten su obra.
Los Siameses son cómplices sigilosos de las palabras musitadas que se deslizan serenamente por la piel, plasmando lo indecible, grabando lo inarrable, en espera de los labios entintados que las dibujan al amanecer.
Los Siameses día a día, se pierden en el arcano, se encuentran noche a noche y se ven como la primera vez, descubriendo que el tiempo, es una metáfora que sólo agobia a los profanos.
Los Siameses hacen olvidar el principio y el fin, para recordarnos que la vida es una constante aventura y nos llevan a la intimidad del pensamiento que facturan los sueños de esa realidad siamésica”.
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Mi buen amigo el escritor Marco Antonio Campos, viaja mucho y de cada lugar me escribe tarjetas que voy guardando con mucho cuidado. La última está escrita en Bélgica y reproduce un retrato pintado por Jacob Claesza van Utrecht (1530).
Con una letra pequeñísima que tengo que descifrar con la ayuda de unos lentes especiales que amplían lo que nos dice. Espero no haber alterado el mensaje que me envía: “Querido José Luis: Bellos días en Bélgica. Parece, como si fuera otro país más ligero. Veo, como siempre, mucha pintura flamenca, pero gozo, sobre todo, a James Ensor que es, de alguna manera, de la familia pictórica de Posada, de Orozco y tuya. Espero que sean para ti los días del éxito y tu humor que rompe como ventarrón los árboles. Todo mi cariño para ti y para Beatriz del Carmen. Desde siempre: M. A. Campos.”
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No pasa una semana sin que yo no reciba algún texto que me aluda. Cuánto se dice de mí, en libros, revistas o periódicos. Soy uno de los artistas más mencionado y dejo constancia de esto en mi frecuente Cuevario.
Recibo ahora una magnífica revista de arte que se llama Goya y se publica en España. Fue enviada por la Universidad de Louisville y el autor se presenta en una breve carta que dice: “Estimada directora del Museo José Luis Cuevas, soy profesor de historia del arte en los Estados Unidos y ahora estoy estudiando el arte del medio siglo. Aquí le adjunto dos artículos míos que tal vez le interesen. Uno de ellos se trata del maestro José Luis Cuevas y sus contemporáneos.
Espero que nos podamos conocer algún día. Saludos cordiales de Christopher Fulton.”
Reproduzco lo que de mi dice:
“La variedad de marcas y aguadas que José Luis Cuevas usa para producir la litografía El poeta en el comedor (figura 12), lo conecta con el virtuosismo de los maestros antiguos. La admiración de Cuevas por la tradición artística fue fomentada por los inmigrantes españoles que conoció desde la niñez. Bajo su influencia, también desarrolló su amor por la lectura y su arte gráfico, inspirado en Kafka, Cervantes, Borges, Quevedo, Sade, Dostoievsky y otros autores. En El poeta en el comedor encontramos retratos amenazantes de estos personajes que se han reunido en una habitación de pesadilla, en torno de una comida frugal. Los elementos pictóricos están distribuidos libremente en la hoja y se fijan al papel como palabras en una página. El Arte de Ruptura muestra comúnmente fascinación, no sólo por la superficie pictórica, sino por la superficie inscrita con signos y figuras simbólicas, por una “text(o)ura” de las marcas cargadas de significados y asociaciones entre tejidos.
Si la destreza técnica de José Luis Cuevas se remonta a Rembrandt, Ribera y Goya, el tema oscuro y siniestro recuerda la obra más reciente de españoles emigrados, como los macabros dibujos de Bartolí o los grabados de Arturo Souto sobre la Guerra Civil. Todavía activo hoy en día, es un artista deshumanizado en el sentido orteguiano. Su arte ofrece una visión polifacética de la vida interior con frecuentes incursiones en temas eróticos(...) Cuevas hace constantes referencias a la tradición literaria y artística. Insiste en que su obra equivale a una restauración del arte, un renacimiento de la práctica humanística que había sido desviada por la ideología revolucionaría y mantenida al margen durante la era del realismo social. Esta auto-proclamada misión de recuperar y regenerar es heredada de los emigrados españoles, tal como es el sentido cultural al que estos esfuerzos van dirigidos”.
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