d

Mi relación amorosa con

Beatriz del Carmen XL

9 de junio de 2008

 

Después de un pasado turbulento en el que tenía que ponerme una coraza para resistir los constantes ataques de que era objeto por parte de una turba de resentidos a quienes les dolía el éxito internacional que acompañaba mi adolescencia, ya desde entonces, necesitado del éxito y el reconocimiento. Los años pasaban y México seguía negándome. Aunque, debo reconocerlo, a una edad temprana, recibí el premio Nacional de las Artes, que me entregó el Presidente de México de entonces. Corría el año de 1981. Once años después ya conté con un Museo que llevara mi obra y albergara mi colección particular, para el disfrute del pueblo de México. Hace poco tiempo fui objeto de otro reconocimiento: Saúl Juárez me entregó la Medalla de Oro Bellas Artes en un acto solemne que tuvo lugar en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio marmóreo de Bellas Artes.

Aunque el reconocimiento a mi obra se daba con mayor frecuencia fuera de México. En mi país se me reconocía a cuenta gotas. De vez en cuando recibía afrentas, como cuando se me negó mi ingreso al Colegio Nacional, cuando año tras año era yo candidateado por los mejores escritores de México. En aquella ocasión fueron los “científicos” quienes lanzaban contra mi las peores diatribas, oponiéndose a mi ingreso al sagrado recinto. Según corrió la voz el mas firme opositor fue un matemático llamado Arcadio Poveda, a quien conocí desde mi infancia por ser compañero y amigo de mi hermano Alberto que por lealtad lo atendía como médico cuando sufría algún trastorno de salud. Servicio gratuito, desde luego. Al paso del tiempo, mis enemigos fueron diminuyendo, quizá porque me acercaba a la tercera edad. Mi amada esposa Beatriz del Carmen, ha sido testigo de lo que hemos vivido en los últimos siete años. Siempre a mi lado, en mis constantes viajes. Ella me dice: “eres un bendito de Dios”. Tiene razón. Se ha hecho costumbre que en mis “Cuevarios” que escribo en mi página del internet, llevo una bitácora de lo que de mi se escribe cada semana. Son abundantes los elogios que aparecen en diferentes publicaciones.

Hoy no me quiero ir en blanco y cito algunos párrafos de lo que escribió José de la Colina en su columna dominical del periódico “Milenio” del primero de junio de 2008.

Cito, pues algunas líneas:

“Cuevas es un genio cuando en la soledad dibuja, pinta o esculpe, pero ente el “público de la gente” (dice un corrido) posa de falso genio. Se dice que eso lo copia de Dalí, pero yo creo que lo aprendió él solo como forma de defenderse cuando era niño y tenía que hacerse una armadura contra los mayorcitos abusones de la clase, o de hacerse fuerte cuando , subiendo los escalones de la Escuela de Artes de la Esmeralda se robustecía el corazón para servir a su pulso por los dibujos de los dibujos, amén. Y sí se le acusa ególatra, de hipervanidoso, el sonríe como quien sostiene un cuchillo entre los dientes para proteger su niñez interior(...).

Con la alucinada precisión de sus dibujos surge José Luis en mi memoria desde los primeros años 50’s, cuando nacidos él y yo en el 34, íbamos para veintiañeros. Engabardinado, la cabezota por delante en embestida de minotauro, zarandeado por un viento marceño que pegaba en la enorme carpeta de los dibujos como en un velamen, venía José Luis por una calle de la Colonia Roma. Venía a la Galería Prisse (¿o fue la Proteo?), trayendo innumerables dibujos a pluma y gouaches que mostró a los ojos asombrados de Gironella, de Vlady, de Echeverría, de Bartolí, y este exclamaba: “¡Cojonudos!”. Allí empezamos a conversar de cine y resulto un erudito en filmografías. Era como si nos enlazara una telepatía memoriosa y reconocimos que hacia las mismas fechas habíamos tenido los dos en el Palacio de las Bellas Artes la temblorosa erección erótica ante la puta en decúbito dorsal del mural Catharsis de Orozco: la mujer morena, de rostro achinado, de dientes blancos y salvajes, de bellos muslos delgados y fuertes, que impúdicamente ofrece el oscuro pubis en medio de la catástrofe(...).

En los años setenta el corazón le dio una campanada malagorera y debió internarse en un hospital de los Estados Unidos. Allí le tomaron una foto (que yo publique en la portada de Sábado) en que se le veía tendido en la mesa del quirófano para el cardiograma, apresado en una densa red de alambres y tubitos de plástico que entraban y salían de su cuerpo. Alguno diría que ese era el habitual Cuevas narcisista, pero el, paladeando el gustazo que iba a dar a quienes denostaban su “Teatrito”, ponía en juego y exhibía en sincero show su verdad de José Luis de carne, sangre, hueso y “un pedazo de pescuezo”.
¡Artista hasta en el filo de la navaja!
Y ya era hora de que el Palacio de las Bellas Artes reconociera a este grande y distinto artista”.

XXXXXXXXXX

 

Nuestros queridos amigos Beatriz y Pepe Pintado, nos ofrecieron a Beatriz del Carmen y a mi una fiesta en su casa de Bosques de las Lomas. Hubo una asistencia de cerca de trescientas personas. Fue una celebración por mi exposición que se acerca. Mi querida esposa y yo contentos de tantas pruebas de afecto. Ya han quedado atrás los odios y denuestos. A nuestros  anfitriones les damos las gracias.

 

 

Esta Semana     Archivo    Museo JLC   Sitio Oficial JLC  

Diseño y Prog. Abraxas