d

Mi relación amorosa con

Beatriz del Carmen XLII

23 de junio de 2008

 

En torno a mi obra, hablaron ayer, 18 de junio, tres ponentes de alto nivel. La ronda comenzó con la disertación de Luis Rius uno de los dos comisarios que montaron la exposición, que hasta ahora ha tenido una asistencia de cerca de 10,000 personas. Por culpa del tráfico no llegue a tiempo, así que no pude escuchar al primero de los participantes. Cuando mi esposa Beatriz del Carmen y yo, entramos a la sala, mi hermano Alberto Cuevas, médico con especialidad en psiquiatría, había iniciado su perorata. Parece que los hermanos que llevamos el mismo apellido, tenemos la misma costumbre. Los dos siempre improvisamos. Quizá la más larga de las conferencias fue la de él. Durante una hora escuche sus palabras con las que demostró su enorme cultura. Cuando se refirió a la enfermedad que padecí cuando tenía diez años, no pudo evitar que se le salieran las lágrimas. A mi me conmovió pero reprimí el llanto, por aquello de que los hombres no deben chillar según nos decía mi padre cuando éramos niños. El lagrimeo se dio cuando mi hermano recordó, que cuando tenía yo que subir al segundo piso de la casa el me cargaba porque los médicos que me atendían, me habían prohibido hacer el más mínimo esfuerzo. Mi padecimiento fue una enfermedad llamada fiebre reumática que de no atenderse puede provocar la muerte. De ahí surgió en mi el terror de dejar de existir. Alberto recordó también que durante mi inmovilidad me dedicaba a dibujar y a leer. Solo estas dos actividades me estaban permitidas. Citó a algunos de los escritores de mi preferencia, tales como Verne, Salgari, Dickens y un libro de autor desconocido, que se llamaba “El niño sabe leer”. Dijo algo que también es cierto. Que en una libreta hacía ilustraciones de esos autores. Desdichadamente ninguno de esos cuadernos resistieron el paso del tiempo. Se perdieron o quizá yo mismo los destruí.
El tercer conferencista fue Arturo Rodríguez Döring, escritor, pintor y antiguo director de “La Esmeralda”, que leyó un texto espléndido que afortunadamente me entregó al terminar su intervención. Así que teniéndolo en mis manos puedo reproducir algunos párrafos:
“Pocos artistas han sido tan estudiados en México como José Luis Cuevas. Podríamos hablar de su excelente trazo, su amplísima trayectoria, sobre su controvertida personalidad o incluso acerca de los cambios sufridos por su caligrafía en las últimas cinco décadas, pero correríamos el riesgo de ser redundantes. ¿Cómo maneja el espacio este extraordinario creador? ¿A qué me estoy refiriendo?. El problema de compartir la mesa con el es que seguramente tiene la respuesta y nos diga en este momento que el espacio no es la preocupación central de su vasta obra dibujística y gráfica, de la cual es precisamente sobre la que voy hablar. En un texto (de Frank Stella), no obstante su afiliación al abstraccionismo, es un enorme conocedor de la pintura figurativa del pasado. (...) José Luis Cuevas conciente de su lugar en la historia, sabe perfectamente que no pretende engañar a nadie con ilusiones; él crea su propio espacio, su propio mundo, del cual ya se han ocupado muchos otros autores. En esta obsesión, por crear un espacio ilusorio, los artistas del pasado y también innumerables científicos e ingenieros, inventaron y propusieron un sin fin de aparatos y técnicas para lograr una ilusión cada vez más convincente, en detrimento de la verdadera expresión poética que presupone la mente creadora del auténtico artista. Con la invención de la fotografía, entre muchos otros factores, durante el siglo XIX nació el arte moderno. Pienso en el último Impresionismo, pero más concretamente en Paul Gauguin, desde su época pre-tahitiana, consiguió librarse de las rígidas cadenas que suponía la representación academicista que había maniatado a los artistas que le antecedieron. Una vez resuelto el problema de la relación entre las figuras y el fondo, cuando el fondo requería tener un horizonte, un cielo y un piso, un espacio paisajístico o arquitectónico, la pintura volvió a ser pintura pura y no geografía o topografía, copiada con fórmulas matemáticas para crear ilusiones que en muchos casos más bien parecían remedos de escenografías teatrales (...).
Una de las características más notorias en la obra de Cuevas es la casi ausencia de colores intensos. La paleta más común, aunque a veces si utiliza primarios y secundarios, es muy agrisada, donde predominan verdes pálidos u oliváceos, violetas y tierras anaranjadas, dándole a algunas piezas la sensación que evocan los documentos antiguos. En algunos de los dibujos aquí expuestos pueden verse unos cuantos trazos de colores primarios, aplicados con acuarela o incluso con lápices de colores. Siendo un gran conocedor de la historia de la pintura, en estos ejemplos resulta evidente que también genera espacio por medio del color. Es decir, resuelve la totalidad de la composición en tonos apagados, reservando los colores primarios para los primeros planos. Sin embargo estos son aplicados en zonas muy discretas sin alterar la sensación monocromática de la obra en general. Son varias las obras que reflejan este efecto, pero quizás sea más evidente en Autorretrato con Kafka y Samsa de 1982 y expuesta en la Sala Nacional”.
                   (Extractos de un ensayo de 13 páginas)

XXXXXXXXXX

Dentro de pocos días, Beatriz del Carmen y yo saldremos a Bogotá para participar en el “Festival del Malpensante” que anualmente se celebra en esa ciudad. No hay día en que no este en comunicación, vía telefónica, con revistas y periódicos colombianos. La entrevista mas larga fue la de “El Tiempo”, un periódico de gran importancia. Duro poco más de una hora y la conversación se publicó al día siguiente. Si comparamos este festival con alguno de los que se llevan a cabo en México, podría pensarse en el que se lleva a cabo en Guanajuato. Asistirán intelectuales y artistas de diferentes partes del mundo. Regresar a Colombia, nos llena de alegría a mi esposa y a mi.

XXXXXXXXXX

En mi intervención que tuve en la sala “Manuel M. Ponce” del Palacio de Bellas Artes, señalé un hecho desagradable. Mi exclusión por parte de la UNAM de la exposición con la que se inaugurará el Museo de esa institución. Mi protesta que tuvo eco en algunos periódicos tuvo una respuesta rápida por parte de la responsable de este desaguisado. Se trata de una señora de nombre Graciela de la Torre, quien contó con la aprobación de su jefe, actual director de cultura de la UNAM. Declaró que “esa percepción” es errónea, debido a que el acervo del nuevo recinto museográfico integrado por más de 500 obras sí cuenta con obras de Cuevas (Milenio). Si así es ¿porqué no aparecí en la lista de artistas menores que ella anunció con bombos y platillos, en los periódicos de México?.

 

 

Esta Semana     Archivo    Museo JLC   Sitio Oficial JLC  

Diseño y Prog. Abraxas