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Mi relación amorosa con

Beatriz del Carmen XLVI

21 de julio de 2008

 

En una ocasión Raquel Tibol me dijo que en sus ensayos sobre los artistas, había poco de biografía y se concretaba tan solo a referirse a la obra. Le conteste en estar en desacuerdo con ella, porque conociendo los avatares existenciales de los creadores, nos ayudan a conocer con mayor intensidad lo que han querido decir  a través de su trabajo plástico. Ya lo he dicho, en varias ocasiones: soy un obsesivo relator de lo que día a día voy viviendo. Aunque se trate de hechos intrascendentes, los dejo como testimonios de lo que me sucede. Nada queda fuera. Todo es publicable. Es conocido el hecho de que en una libreta llevo anotado todas las veces que he sido besado por mujeres desconocidas. También escribo sobre mis enfermedades, aunque estas sean benignas. Anoto el resultado de los exámenes médicos a los que me someto con cierta frecuencia. Las cosas que me dañan o que me estimulan, también quedan escritas. Todo es útil para después enriquecer mi abundante autobiografía. Soy buen conversador, pero también se escuchar. Anoto las pláticas telefónicas de personas que me llaman para contarme sus problemas. También llevo un recuento de los autógrafos que he firmado, así como los nombres de aquellos que me los han pedido.
Teresa del Conde también es anecdótica y siendo psicóloga, le gusta urgar en las mentes  y en las conductas de los artistas de los que se ocupa. Un ejemplo sería la biografía que escribió sobre Julio Ruelas,  donde nos revela que este solo tuvo relación con las prostitutas y que nunca estableció un noviazgo que lo comprometiera a matrimoniarse.
En el ensayo que me dedica en el  libro que editó Bellas Artes con motivo de mi exposición actualmente abierta, empieza con el chismorreo:
“EN LA CASA DE LOS CUEVAS.- Asisten a la reunión con José Luis y con Beatriz del Carmen las jóvenes investigadoras del Museo del Palacio de Bellas Artes (...) José Luis Cuevas baja las escaleras y se sienta al lado de su esposa, ambos se toman inmediatamente de la mano, al estilo del matrimonio de los Arnolfini (el de Van Eyck, no el que corresponde en las variantes por el realizadas). Le complace la presencia de Luis Rius y ambos recuerdan un memorable viaje a Mérida donde actuaron como jurados en una bienal. Hay café y pan dulce que gentilmente nos ofrecen.
Comento que en el Dictionary of Twentieth Century Art publicado por Phaidon Press en el año de 1973, se incluye una referencia a su persona y a su obra, pero en cambio no hay ningún otro artista de su generación y ni siquiera de Frida Kahlo (cosa que me parece positiva. Eso si: están los “tres grandes” y, por supuesto Tamayo, pintor que José admiró como siempre, pero con quien a la vez se suscitaron desacuerdos a los que no me referiré por ahora debido a que resultan de sobra conocidos. Basta decir que Fernando Gamboa dimitió de la dirección del Museo Tamayo a tan solo 15 días de su nombramiento, debido al autoritarismo manifestado por doña Olga Tamayo, que Rufino tuvo que respaldar, Busqué en la publicación de Phaidon semblanzas o fichas de otros artistas latinoamericanos; no esta Carlos Mérida  ni Cándido Portinari, pero si Jesús Soto y Julio Le Parc, en cambio Carlos Cruz Díez brilla por su ausencia. Por supuesto Wifredo Lamm y Roberto Matta cuentan con sus respectivas entradas, no así los colombianos Omar Rayo y Alejandro Obregón. Gironella, Fernando García Ponce, Manuel Felguérez y Francisco Toledo no comparecen. Todos los mencionados han sido cercanos a Cuevas y hay una miríada de fotografías que documentan sus amistades mexicanas, latinoamericanas y europeas.
Me doy cuenta de que la semblanza sobre Cuevas está entresacada de Justino Fernández. Se trata de una antología de pintores mexicanos que el eminente historiador don Justino Fernández dio a luz en 1958, pero el volumen de Phaidon fue publicado en 1973; es un libro grueso en el que se han recopilado artistas británicos, europeos y norteamericanos, principalmente con escasas inclusiones de creadores de otros países. El Dictionary of Art and Artists, publicado por The Oxford Press, que viene en 10 volúmenes, si incluye semblanzas de numerosos artistas de nuestro continente y del Caribe, pero en la versión reducida del mismo, hay muy pocos. Menciono entonces la muy útil y bien ilustrada recopilación de artistas mexicanos que coordinó Guillermo Tovar y de Teresa valiéndose de un equipo profesional de investigadores. Respecto al siglo XX, aparece casi todos, siempre y cuando hubieran nacido antes de 1945. Se haría necesaria, entonces una nueva edición (...).
Muchos recordamos que la casa de los Cuevas recibió impactos de metralleta (...).
En el apartado de José Luis incluido en el repertorio de artistas mexicanos al que antes me refería se consigna en recibir el primer premio de grabado en la Trienal Internacional de Nueva Delhi en 1968, añadiendo que ya antes se había hecho acreedor del Primer Premio de Dibujo en la V Bienal de Sao Paolo. Sin embargo, se omite  su obtención del Premio Nacional de Ciencias y Artes. José Luis Cuevas fue el primer artista de su generación en recibirlo en 1981, dado lo cual puede argüirse que si ha tenido reconocimiento oficial en su propio país, pues pocos artistas lo han recibido a esa edad”.

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En los Cuevarios de mis dos últimas fechas, he narrado lo que ha sido mi vida desde que conocí a mi amada esposa Beatriz del Carmen. No conforme con esto le pedí a ella me contara sobre su infancia y adolescencia. Así mi biografía se enriqueció con los testimonios de mi esposa de lo que fue su vida muchos años antes de que nos conociéramos. Le pido vuelva a tomar el hilo de sus historias y me ha prometido que así lo hará.

 

 

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