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Mi relación amorosa con

Beatriz del Carmen XLVIII

4 de agosto de 2008

 

Mi amada Beatriz del Carmen organizó una comida en nuestro restaurante preferido, “El Cardenal” del Hotel Sheraton. Son pocos los invitados: Monseñor Guillermo Schulenburg, Alejandra Soto y Luis Eduardo Garzón. Terminado el almuerzo, nos dirigimos al Palacio de Bellas Artes, donde nos esperan 62 personas con quienes visitamos mi exposición que continúa abierta en tres salas de Bellas Artes. Se trata de una visita guiada en la que explico el contenido de mis obras. Aurora Adame es quien ha congregado a los integrantes del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales. La mayoría son embajadores de diferentes países.
Al llegar a la explanada del Palacio, una multitud me abordó para tomarse fotos conmigo y pedirme autógrafos. Pareciera que adivinan mi presencia y eso me agrada. No hay duda el pueblo me quiere.
Gustó a los ilustres visitantes mi exposición del Palacio. Al notar su entusiasmo, sugerí visitaran la otra muestra que está  presentándose en el Museo José Luis Cuevas. Ambas exposiciones hacen un total de cerca de 600 trabajos de épocas diversas.
Se recibe en el Museo Cuevas una carta firmada por Jorge García Navarro, Director del Centro Cultural Universitario, de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, que es portadora de buenas noticias. Empieza diciendo:
“Quiero informar que la Universidad Autónoma de Aguascalientes está considerada por la Secretaría de Educación Pública como una de las 8 mejores universidades públicas de nuestro país”. Después se me anuncia que se me entregará la distinción Doctor Honoris Causa.
“Esta máxima presea otorgada por el órgano colegiado más importante, que es el H. Consejo Universitario, quien por unanimidad decidió concederle este importante reconocimiento el cual se otorga en el marco de los 35 años de vida de la máxima casa de estudios de nuestro estado”.
La razón de este reconocimiento se debe “a la brillante carrera de medio siglo, al maestro José Luis Cuevas como uno de los artistas plásticos más destacados de México”.
La fecha para este evento, que me honra, quedó fijado para el jueves 21 de agosto a las 18 horas.

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Después de estas noticias que me enorgullecen, surge, durante un homenaje, muy merecido a Teresa del Conde, el comentario en mi contra, por parte de un obscuro personaje de nombre Braulio Peralta. Es uno de los integrantes de la mesa redonda, en la que a del Conde se le entrega la medalla de oro de Bellas Artes. Aprovecha la ocasión de que se la haya tomado en cuenta, después de una larga ausencia del mundo de la cultura, para desproticar contra mí. Me ataca sin pudor alguno y me califica de “artista en decadencia”. Yo no estuve presente en el evento, pero algunas personas me trajeron la información. Debería de no tomarlo en cuenta, pero no puedo evitar que las palabras de este “ilustre desconocido”, me provocaran irritación. Me extraña que alguno, o algunos, de los asistentes, no lo hayan puesto en su lugar. Ante la inquina de este pequeño miserable, todos sus compañeros de mesa guardaron silencio. Fueron varios los epítetos que lanzó en mi contra este don nadie. Poco oportuno fue su intervención en estos tiempos, en los que estoy recibiendo varios homenajes en México y en el extranjero, tal como lo he ido diciendo en estos mis cuevarios.

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En mi Cuevario del lunes pasado cité algunos párrafos de un ensayo publicado en un libro editado por Ana María Pilar Bordes. Fue escrito por Louis Panabière, autor francés. Me parece oportuno agregar aquello que quedó fuera por razones de espacio. Termina Panabière, diciendo:
“Con sus personajes, como hubiera dicho Bataille, José Luis Cuevas opone pencas de maguey azteca a la miel cristiana, más allá del bien y del mal. Cuando las culturas occidentales pretendían elevar la figura del hombre a los cánones de los dioses, los pueblos prehispánicos hacían bajar a los dioses a la semejanza de los hombres, a veces lisiados y tullidos.
¿Es diferente el rumbo del arte de Cuevas? “Desencubridor  de lo más profundo y escondido detrás de las humanas máscaras.
Por eso no es casualidad que el Museo José Luis Cuevas se encuentre muy cerca del Templo Mayor (se estrecha el parentesco) y en el meollo, en lo profundo de la Ciudad de México.
Es cierto que los muralistas han descubierto imágenes, pero es cierto también que José Luis Cuevas ha levantado velo sobre realidades que son mexicanas y que nos conciernen, nos conmueven a todos, más allá de las fronteras, identidades y nacionalidades, descubriendo con certeza el reverso de las medallas dignificantes, dando la realidad persurable del arte a las figuras del hombre que muchos quieren olvidar o esconder, oponiendo a las divinas beldades las humanas huecas.
Es de admirar que la inteligencia mexicana, en el arte como en la literatura, haya podido ampliar el área de nuestra circunstancia, con pensadores y artistas quienes – perdonen el juego patronímico – hacia la ALTURA, como Jorge CUESTA, o hacia las íntimas PROFUNDIDADES, como José Luis Cuevas, han dilatado el campo de nuestras realidades”.

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Patricia Galeana es una mujer a la que nos une una entrañable amistad. Encontrarnos con ella, siempre es una experiencia confortable. Mi amistad con ella es muy antigua. Recuerdo que nuestro primer encuentro fue en el aeropuerto de Miami, donde ambos esperábamos el avión que nos llevaría a Buenos Aires. Hubo un retrazo en el vuelo y esto nos permitió conversar largamente sobre temas diversos. Mi amada Beatriz del Carmen tiene poco tiempo de conocerla pero esto no ha impedido que el afecto se haya dado en “tiempo record”. El otro día comimos con ella y retomamos un tema que a ella la apasiona y cuyo proyecto por incompetencia de las autoridades no ha podido llevar a cabo. La pregunta: ¿Para qué un museo de la mujer?. Ella me responde con la pasión que pone en todo aquello que le interesa; “Para generar una nueva cultura de respeto a la persona humana femenina. En este contexto considero de la mayor importancia crear un Museo de la Mujer que permita el conocimiento del quehacer histórico de la población femenina, para que la historia de la mujer no sea una historia olvidada en México; que se valore su contribución en todos los órdenes de la vida nacional”.
Opina Patricia, y yo estoy de acuerdo con ella, que el lugar idóneo para este museo será la casa en la que vivió Leona Vicario. Situada muy cerca de la antigua Escuela de Medicina. Esta mujer contribuyó activamente en el movimiento de Independencia, tanto como periodista como con su militancia insurgente”. Le recuerdo una frase de esta heroína ilustre: “Me llamo leona y quiero vivir libremente como una fiera”.

 

 

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