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Mi relación amorosa con

Beatriz del Carmen XLIX

11 de agosto de 2008

 

Han pasado rápido los dos meses de mi magna exposición en el Palacio de Bellas Artes. El pasado lunes próximo cerrará sus puertas dejando en mi una sensación de nostalgia . Sin embargo continuará abierta, durante tres meses más mi presencia en el Museo José Luis Cuevas, con el mismo número de obras, así como aquella otra que podrá verse en el Centro Cultural San Ángel. La del Palacio tuvo una extraordinaria asistencia de público y ha sido ampliamente comentada por los diferentes medios de comunicación.
En la sección “Opinión” del diario “El universal”,  se publico una carta escrita por un estudiante de Filosofía de la UAM-Iztapalapa. El autor, Daniel Villaseñor Martínez, dice en un breve comunicado: “El Palacio de Bellas Artes presenta la obra de José Luis Cuevas. Se trata de una retrospectiva desde la época de los 40 hasta nuestros días, compuesta por más de 250 piezas en acuarela, tinta china, serigrafía, litografía, cerámica y empleo de hierro en esculturas, dibujos con notas escritas como la que sigue: “Hubo algo desagradable: la presencia de un mal sacerdote que trato en todo momento de ensombrecer nuestra felicidad diciéndonos cosas hirientes. Algunos amigos nos dijeron que no hiciéramos caso a lo que el cura decía, porque estaba totalmente ebrio”.
Las obras son escenarios donde los personajes representan el mundo ante un auditorio curioso y luego sorprendido, pues ese mundo, aunque cotidiano es transfigurado hasta lo inédito. Las personas, en sus diferentes roles en las calles de las ciudades actuales, son expuestas  en la esencia de sus papeles: la imagen cruda de la prostituta, del mendigo, del enamorado, del paseante.
Los seres humanos descubiertos como actores. El mundo como un circo. Usted puede observar animales impuros, mujeres entregadas y voluptuosas, hombres grotescos y avidez sexual”.

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Un ciclo se cierra y mi amada esposa Beatriz del Carmen ya empieza a agendar lo que vendrá en lo que resta de este año. Pronto reanudaremos nuestra vida viajera. Habrá según anota muchos homenajes y exposiciones que nos mantendrán ocupados. Desde que nos conocimos hace siete años nuestra vida ha sido intensa. No hay reposo. Cuando estamos en México permanecemos en nuestro estudio produciendo obras incansablemente. Como ha sido nuestra costumbre, ella participa en mi diario quehacer. Sin su presencia, mi obra se detendría. Ella es el motor que me mantiene productivo. Gracias amada esposa.

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Invitados por el gobernador Enrique Peña Nieto, Beatriz del Carmen y yo hicimos un viaje de ida y vuelta, a Toluca. Se trató de una reunión de la Coordinación General del Consejo Consultivo del Bicentenario de la Independencia de México. Formo parte de este Consejo y esto me honra. Fuimos recibidos por Agustín García Pliego, Director de la Casa de Cultura, que con antelación no conocía. Me recuerda que nos vimos por vez primera hace 25 años cuando y por primera vez visité Toluca para dar una conferencia en la Universidad. Después en muchas otras ocasiones regresé al Estado de México, por diferentes motivos.
A las cinco de la tarde se da por terminada la reunión y en un auto del gobierno regresamos a México. Al dejar la Casa de Gobierno tengo un encuentro doloroso con el pintor Leopoldo Flores, con quien me une una antigua amistad. Varias personas lo ayudan a caminar, pues padece una terrible enfermedad: el mal de Parkinson. Sin embargo, me han dicho, no cesa su trabajo de artista. No ha perdido nada de su entereza. Lo abrazo con afecto y le deseo , infructuosamente, un pronto restablecimiento. Lo he admirado  siempre como artista pero ahora lo admiro también por no dejarse doblegar por su padecimiento.

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El domingo pasado Beatriz del Carmen y yo hicimos una renovación de nuestros votos religiosos, recibiendo la bendición de Monseñor Guillermo Schulenburg en la capilla que tiene en su casa de las Lomas. Fue para nosotros una confirmación de nuestro amor que nos prometimos parta el resto de nuestras vidas cuando hace dos años nos casamos en la Catedral de México. Bendijo Monseñor nuestros anillos. Es común esta reafirmación de amor en aquellos que están  seguros del sentimiento que los ha llevado a lasarse por el rito católico. Nos acompañaron dos parejas de amigos y después en grupo nos fuimos a comer al restaurante “El Cardenal” del Hotel Sheraton.

 

 

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