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Mi relación amorosa con

Beatriz del Carmen LIII

8 de septiembre de 2008

 

Mi amada Beatriz del Carmen y yo,  escuchamos con atención el discurso del Ex Rector, Alfonso Pérez Romo, dicho antes de que se me entregara el Doctorado Honoris Causa, que me otorgó la Universidad de Aguascalientes. En mi anterior Cuevario reproduje parte de lo dicho, que terminó de la siguiente manera:
“...Esto es lo que ha hecho del arte de José Luis Cuevas una experiencia a veces repelente y sobrecogedora, y en otros, sublimente tierna y estimulante. Porque ha vuelto visible a toda esa pléyade de fantasmas que nos habitan, nos angustian, nos impelen a la codicia y el ludibrio, al egoísmo y a la maldad; y también a todos aquellos otros que a veces nos lavan, nos impulsan a las más altas empresas espirituales.
A toda esa caterva de huéspedes internos que nos torturan y nos alientan y que los lenguajes técnicos, científicos o literarios de Freud, Jung, Fromm y tantos otros que han buceado en las profundidades de la conciencia humana que no han sido capaces de revelar en su totalidad. Una de las cualidades esenciales del arte, quizá su cualidad toral, consiste en revelar lo que las palabras ya son incapaces de penetrar. La revelación de los inefable.
En esta tarea fascinante del conocimiento profundo de la conciencia humana, José Luis Cuevas se yergue como un exponente lúcido y sobrecogedor.
La Universidad Autónoma de Aguascalientes ha tenido el acierto de conferir su primer Doctorado Honoris Causa a una figura ilustre de nuestra cultura.
No sólo porque consiguió, liderando claramente un movimiento renovador que una pléyade de talentos artísticos de México, se incorpora a la tarea creativa de la contemporaneidad universal. No sólo, tampoco, porque ha dejado para el provecho de las generaciones por venir, el tesoro de uno de los museos más ricos e interesantes de México. Sino sobre todo, porque las resonancias e influencias de su expresión plástica, original y reveladora de los misterios ocultos del hombre, ha hecho que el nombre de México sea pronunciado con respeto y asombro en todos los sitios del mundo en que anima la llama de su espíritu.
No quisiera terminar mi encomienda sin leer aquí, ante este honorable Claustro el bello poema que Octavio Paz dedicó a José Luis Cuevas, porque no creo que existan palabras que puedan describir mejor, por dentro y por fuera, a nuestro homenajeado”.
Después de leer el poema que ahora no reproduzco, por ser ampliamente conocido (Totalidad y fragmento), dejo en las páginas que siguen, el mensaje del M. C. Rafael Urzúa Macias, Rector de la U. A. A. que dice:
“Permítanme en primer lugar mostrar mi agradecimiento, y con el mío el de la comunidad universitaria, a todos ustedes que han querido compartir con nosotros esta significativa ceremonia universitaria, en la que se pone de manifiesto, de manera sencilla y simbólica, la más profunda esencia del ser universitario.
Obliga el protocolo universitario que sea el Rector de la Universidad quien pronuncie el discurso de bienvenida al nuevo Doctor, obligación que se transforma de inmediato en un placer y motivo de gran alegría. Doctor José Luis Cuevas sea usted bienvenido a la Universidad Autónoma de Aguascalientes, Institución que durante 35 años ha cumplido efectivamente el compromiso de servir a la sociedad a la que se debe.
Este acto, netamente académico, tiene un profundo y vitalizador significado, ya que las instituciones jóvenes necesitan poseer no solo la infraestructura, edificios antiguos y solemnes, sino también personas que sean ejemplos vivos del talante universitario, paradigmas de vidas entregadas al cultivo del intelecto, de las ciencias, de las artes; dedicadas en cuerpo y alma a volcar sus conocimientos y talentos en bien de los demás.
Hoy es un día especial para la Universidad Autónoma de Aguascalientes. Y lo es por la excelencia de nuestro nuevo Doctor, así como por el lugar y el momento elegido para la celebración. Nos encontramos en el edificio
“J. Jesús Gómez Portugal”, recinto universitario singular y embrionario de esta Casa de Estudios, marco adecuado para la recepción del Maestro José Luis Cuevas.
Por otra parte nos encontramos festejando nuestros primeros 35 años de vida institucional, en los que hemos sido capaces de construir una Institución que tiene mucho que ver con el entorno que le rodea, y que tiene mucho que ofrecer y aprender del colectivo humano a quien se debe. Con todo esto, mi Universidad, de todos ustedes, es también ejemplo de las posibilidades del progreso social que lo universitario conlleva. Universidad pública que finca su origen y destino en servir a su comunidad.
No repetiré los innumerables méritos del Maestro Cuevas, que tan atinadamente ha glosado el Dr. Pérez Romo, pero quiero reafirmar la certeza que tenemos los aquí reunidos: la figura de José Luis Cuevas trasciende los límites de las artes plásticas, para convertirse en un hito cultural del México actual.
José Luis Cuevas es un ejemplo claro y diáfano de persona libre y universal. Su arrojo, su actitud inconforme, de búsqueda constante, lo lleva a reconocer desde muy joven que algo estaba fallando en el arte mexicano de mediados del siglo pasado. La pintura, en aquellos tiempos, más parecía la eterna reproducción de una idea monolítica y el ejercicio continuó de la técnica muralista, que una manifestación libre y creativa de la imaginación. Frente a esto, Cuevas esgrimió los conceptos de lo efímero, de lo universal manifestado de una manera personalísima, de la renovación y el cuestionamiento permanentes de las formas.
Hoy, la admiración ante la obra y la persona de José Luis Cuevas son expresión del reconocimiento que le hace la Universidad  Autónoma de Aguascalientes, misma que se honra al hacer suyas las cualidades que en él dominan, su inteligencia y sensibilidad, su mirada libre e independiente, su entrega apasionada a la pintura y, con ella, a la vida; su tesón y originalidad que  han hecho de su obra una de las más influyentes en el arte contemporáneo.
Junto a su obra de pintor, Cuevas adiciona su obra de pensador del hecho artístico, cultural y social de México, con esa palabra mordaz, aguda, única y poderosa con la que ha sabido expresar la emoción que brota en este momento fundacional que siempre es la creación artística.
Los méritos de José Luis Cuevas como pintor, escultor, grabador, dibujante y escritor están más allá de cualquier discusión. Este doctorado es una merecida distinción a su maravillosa trayectoria como artista, pero también a esas otras facetas que han enriquecido la vida cultural de nuestro país...
Finalizó dirigiéndome nuevamente al centro de atención de nuestra ceremonia: estimado Doctor José Luis Cuevas, tengo la seguridad que su incorporación a nuestro claustro supondrá un gran beneficio para todos nosotros.
Se integra en una categoría que nada ni nadie puede ya anular, porque la categoría del honor es patrimonio del  espíritu, y desde hoy su espíritu estará unido estrecha y permanentemente a esta Alma Mater de Aguascalientes.
¡Muchas felicidades!
Apenas regresamos de Aguascalientes, mi amada esposa Beatriz del Carmen y yo, estamos listos para emprender otro viaje. Iremos a San Antonio, Texas, donde he sido invitado a dar una conferencia. Hasta que llego a esa ciudad me entero del tema que debo desarrollar: “La comicidad en el cine”.
De esto y otras cosas me referiré en mi próximo Cuevario.

 

 

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