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Mi relación amorosa con

Beatriz del Carmen LIV

15 de septiembre de 2008

 

El 28 de agosto, mi adorada esposa Beatriz del Carmen y yo, viajamos a San Antonio, Texas, ciudad a la que he ido en varias ocasiones. Beatriz del Carmen ya también la conocía. Pero nos sorprende encontrarla muy cambiada a su favor. Es como si por primera vez estuviéramos en ella.
En el aeropuerto nos espera Gabriela Franco, Directora del Instituto de Cultura. Nos hospedamos en el Hotel Hyatt Place-River Walk. Dejamos nuestro equipaje y descansamos un poco, pues se acerca la hora de la comida a la que hemos sido invitados por el Cónsul General el Licenciado Armando Ortíz Rocha. El ágape tiene lugar en el restaurante Paesanos River Walk. El tiempo se va rápido y tenemos que apresurarnos porque a las 6:00 p. m., será mi conferencia en el Club de empresarios Santerra. Hay buena asistencia de público. El tema que me han asignado me divierte: “La comicidad en el cine”. Mi plática como es mi costumbre, es totalmente improvisada. Empiezo rindiendo un homenaje a los dos máximos cómicos del cine mexicano: Cantinflas y Tin-tán. Después van surgiendo otros nombres de actores que alegraron mis tiempos de infancia. Son referencias a las grandes figuras del cine mudo: Buster Keaton, Harry Langdon, Chaplin, Laurel y Hardy, los Keystone Cops, etc. Después mencioné fugazmente a cómicos que ya pertenecen a la era parlante: Red Skelton, Lou Costello, Bob Hope que era divertido cuando actuaba con Bing Crosby en la saga de los “casinos”, en los que eran acompañados de la bellísima Dorothy Lamour. Mi charla duró exactamente una hora y media y los aplausos fueron muy cálidos. Alguien del público hizo una buena imitación de Cantinflas. Yo también, para no quedarme atrás, no pude evitar actuar haciendo una breve imitación, con mímica, de los formidables el Gordo y el Flaco. Ahí terminó la “fiesta”.
Al día siguiente por la mañana, fuimos a conocer el Instituto Cultural de México y la directora nos invitó para que el cinco de marzo del año próximo, mi esposa y yo, al alimón, expongamos nuestras obras en ese lugar que es verdaderamente espléndido. Después hubo una comida mexicanísima en el restaurante “Mi tierra, Market Square” en el que el dueño Jorge Cortés, nos atendió personalmente. Al término del almuerzo nos entregó varios obsequios. La cena fue de comida japonesa y el dueño Alfonso Tomita, hombre generoso y muy simpático nos dio varios regalos que recibimos con enorme gusto.
Al día siguiente regresamos a México. Viaje breve el que hicimos a San Antonio. Breve sí, pero muy intenso.

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Ya en nuestra casa, Beatriz del Carmen y yo nos encerramos en el estudio para terminar unas obras que habíamos dejado inconclusas.
Yo en una hoja de gran tamaño, ya dibujada, agregué el texto de una carta más que a mi amada esposa, entrego como una prueba de amor. Con esta ya suman cien cartas dibujadas que muy pronto serán publicadas en un libro que editará Claudio Landucci. Este proyecto nos tiene muy entusiasmados. El editor también ha recibido con enorme gusto esta propuesta.

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Ayer tuvimos una comida en el Palacio Nacional. Fuimos invitados por el Oficial Mayor Sergio Hidalgo y el arquitecto José Ramón San Cristóbal, persona, esta muy conocedora del arte mexicano. Entramos por la Puerta Mariana y recorrimos tres patios que llevan el nombre de Mariano Arispe, que fue presidente de México. Por la noche asistimos a una cena que nuestro buen amigo el arquitecto José Luis Cortés ofreció a Elena Vela, con motivo de su cumpleaños. Mi tocayo es un gran anfitrión y fueron muchos los platillos que ofreció a sus comensales que fueron 14. Cuando ocupamos la mesa conté el número de los asistentes, con la preocupación de que fuéramos trece, porque confieso que soy supersticioso. Afortunadamente, alguien llegó al último momento y ya no nos quedamos en el para mí número 13. Que yo siempre trato de evitar en las comidas a las que asisto. Lo mismo me sucede en los hoteles o en los aviones en los que viajamos. Mi esposa con su sentido del humor y conociendo esta mi fobia, me hizo la observación que el Museo José Luis Cuevas se encuentra en la calle Academia número 13. Era algo que yo no había advertido y confieso que esa revelación me dejó preocupado durante la cena. Pero ni modo, debo de apechugar y olvidarme del número que aparece en el museo que lleva mi nombre. No hay manera de cambiarlo.
Todos los lunes acudo al Museo José Luis Cuevas. Me acompaña Beatriz del Carmen que para ese día agenda entrevistas. Disfruto este trabajo extra que abarca diferentes medios: televisión, radio, periódicos e incluso libros. Hay ocasiones en que se repiten las preguntas; pero yo trato de dar respuestas distintas. Me agrada este juego intelectual.
En alguna ocasión declaré que soy el pintor más entrevistado de toda América Latina. En esto no hay ninguna exageración. Podría agregar que también soy el más fotografiado y el que más autógrafos reparte. Ha habido lunes que alcanzo el record de diez entrevistas, lo que me lleva a atrasar la hora de la comida.

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Mi necesidad de expresarme verbalmente surge en mí a edad muy temprana. A los 14 años di mi primera conferencia. En aquella ocasión, por primera y única vez la escribí para leerla. Recuerdo que después mandé a encuadernarla. No la conservé porque se me perdió con el tiempo. También escribí algunos cuentos muy tristes con cierta influencia de Dostoievsky. Poco satisfecho con el resultado los destruí. Ahora con cierta nostalgia recuerdo la trama de algunos de ellos y pienso que no eran tan malos. Al paso de los años, empecé a escribir artículos que estos sí fueron publicados en el suplemento cultural “México en la Cultura” que dirigía Fernando Benítez. Después surgió en mi otra expresión oral. Escribir infinidad de cartas. Las más recientes son aquellas que dedico a mi adorada esposa Beatriz del Carmen, a las que ya me he referido.
Doy conferencias profusamente. Por lo menos una cada semana. Abordo en éstas los más diversos temas. Me gusta hablar en público y por lo general lo que digo interesa a aquellos que asisten a escucharme. Libros he escrito muchos y todos han sido publicados. Pienso que lo literario es mi segunda vocación porque soy un voraz lector. Poseo una espléndida biblioteca y cuando se me extravía alguno de mis libros lo advierto de inmediato y dedico muchas horas buscándolo en todos los resquicios de los muebles.

 

 

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