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Mi relación amorosa con

Beatriz del Carmen LV

22 de septiembre de 2008

 

Mi Amada esposa Beatriz del Carmen y yo, regresamos  de San Salvador donde fui objeto de un homenaje más, en la Galería Espacio, que dirige nuestra buena amiga Rhina Avilés, a quién conozco desde el año de 1966.
En el pergamino que se me entregó se recuerda que hace pocos años fuimos cuatro a los que se nos hizo un reconocimiento. Mis compañeros de premiación fuimos Alejandro Obregón de Colombia, Fernando de Szyszlo, el primer pintor del Perú y Armando Morales de Nicaragua quién desde hace años reside en Europa. Por haber fallecido hacía poco el único ausente fue Obregón. En otra ocasión el gobierno de ese país centroamericano me honró con una medalla.
Beatriz del Carmen y yo pasamos pocos días en esa ciudad en la que tengo muchos amigos. La Embajadora de México organizó una conferencia  en el Hotel Sherathon a la que hubo una gran asistencia de público.
Desplegué mi plática con el natural sentido del humor que me caracteriza y los asistentes estuvieron muy divertidos. Yo feliz con tantas pruebas de afecto.
Dentro de pocos días mi esposa y yo volveremos a ausentarnos. La próxima ciudad que visitaremos es San Diego, dónde dictaré una conferencia más. Debo reconocer que tantos viajes me abruman, pero al mismo tiempo tantos reconocimientos me hacen sentirme feliz. Beatriz del Carmen ya tiene agendados otros viajes más. Así que,  para lo que falta de este año, que se ha ido muy rápido, seguiremos mi esposa y yo muy activos.
En Guadalajara habrá una exposición de mis obras en la que se incluirá una escultura de gran tamaño realizada en la capital de Jalisco. Se trata de una pareja amorosa: Beatriz del Carmen y yo.
Lo que me preocupa es que mi catálogo-libro que debió de haber editado el Palacio de Bellas Artes todavía no esté impreso en su totalidad.
Sólo dos ejemplares se entregaron la noche de mi exposición. Uno para el Presidente Felipe Calderón y el otro para mí. Ignoro porqué no se haya terminado la edición. Espero que no haya mala fé en esta tardanza.
Al regresar a México, encuentro dos libros que me llegaron durante nuestra ausencia. Uno de ellos reúne la colección del Museo Dolores Olmedo y es un obsequio que nos hace el Oficial Mayor, Sergio Hidalgo Monroy Portillo. Trae una amable dedicatoria  que dice: “Estimados Beatriz y José Luis: Me es grato obsequiarles este libro, proyecto cultural impulsado conjuntamente por el Museo Dolores Olmedo y la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.
Lo hago con afecto, respeto y admiración para el hombre cuya fuerza creativa logró abrir “La cortina de nopal” e imponer un estilo personal en la plástica mexicana. Un abrazo cariñoso”.
El otro libro se llama “Sueños” y sus autores son la periodista Fernanda Tapia, y el psiquiatra Marco Campuzano. Me encuentro en la página 208 en la que se dice: “José Luis Cuevas se reacomoda en el asiento, se ensancha,  vamos, y con un extraño brillo en la mirada contesta  de manera seductora:
Fíjate que todas las noches sueño. ¡Y hay sueños tan extraños! Una serie de objetos aparecen con frecuencia en mis sueños. Y son de mi invención, pero pueden tener ciertas funciones. Yo creo que las mejores obras de mi imaginación las concibo durante los sueños. Aparezco en ellos y pinto cuadros de grandes dimensiones, en verdad renovadores del lenguaje plástico, y después despierto y trato de llevarlos a la realidad, trato de pintar lo que soñé. Nunca alcanzo la grandeza de esas imágenes que solo pueden darse en el sueño.
Sin embargo, me acerque un poco en la gran exposición  que tengo montada en el Palacio Mudéjar en estos momentos, en la que expongo dibujos de cuatro metros de alto y seis de ancho. Son monumentales. Y los hice cuando viví en la Casa de la Judería, que es un hotel extraordinario de Sevilla; no se si lo conozcas, esta en el Callejón de las Dos Hermanas. Durante los primeros días estuve afiebrado con un problema gripal; por las noches, y debido a la fiebre, tuve sueños donde aparecieron los cuadros que yo después pinte en grandes superficies; sin embargo, de todos modos, a pesar de ser obras que se acercan  mucho a lo soñado, no alcanzan de ninguna manera la grandeza de lo que soñé bajo el efecto de la fiebre.
Después viene la interpretación:
“Lo que ocurre es que tiene ya la idea clara de lo que quiere hacer,  aunque todavía no acaba de concretarlo. Finalmente, a través de los símbolos durante el sueño, puede ver su obra definida. También ocurre que lo matiza con ideas más grandes  de lo que son en realidad. Así como nuestras emociones se sienten mayor intensidad, también la creación  presentará este fenómeno. Muchos artistas sueñan su obra, como en este caso José Luis Cuevas tiene sueños muy claros  de cómo quiere hacer sus obras, solo que en sus pasajes oníricos son mucho más grandes y esplendorosos. Incluso cuando las realiza, ya en la vida real, no tienen el impacto emocional que el sintió cuando las soñó. Es obvio que, en el sueño, a cada imagen tiene una carga emocional muy importante que no puede plasmarse con facilidad en un lienzo o en una escultura”

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P.D.
Mi amada Beatriz del Carmen lleva un diario. En él relata todo lo que vivimos. Lo reviso y descubro que ella cuenta algo que yo olvidé decir y que sucedió durante nuestro viaje a San Salvador. Dice:
“A las 11:00 a. m. Salimos en un bus al lago de Coatepeque, dónde tiene su casa de campo Rhina Avilés. Nos acompañaron varios amigos de ella.
El trayecto fue corto: 45 minutos. Yo nadé en el lago. Aunque es bastante frío se antoja. Es un cráter de un volcán y la vista es hermosa. Entre los invitados estaba la crítica de arte Bélgica Rodríguez, antigua amiga de José Luis. A las dos fue la hora de la comida y nos hartamos con el Gallo en Chicha, platillo típico de El Salvador. Lo acompañamos con pupusas que a mi esposo le encantan. Por la noche nos tenían una gran sorpresa: una boda coatepeca. Pusieron un altar con velas, flores y conchas.
Fue un rito de amistad para pasar de la boda trece a la catorce, pues a mí marido le aterra el número 13 por supersticioso  que es. Fue muy bonita la boda y después festejamos hasta las dos de la madrugada”.

 

 

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