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Mi relación amorosa con

Beatriz del Carmen LVI

29 de septiembre de 2008

 

Este año lo cerraremos con una magna exposición de mis obras en el Ex Convento del Carmen, en Guadalajara. Eso ya lo dije en mi anterior Cuevario; pero ahora puedo agregar que mi querida esposa Beatriz del Carmen, Manuel Alegría y yo hemos hecho la selección de más de cien obras de épocas diversas. Se publicará un catálogo  muy bien ilustrado. Para noviembre se ha fijado la fecha y la muestra estará abierta hasta finales de enero de 2009. Antes de que esto suceda viajaremos a San Diego donde daré una conferencia en la Universidad. Después iremos a Tijuana con el mismo propósito de dar una plática en un lugar que es conocido como “La Bola”. Para enero ya hemos programado una exposición de Salvador Dalí que consta de 600 obras provenientes de colecciones de los Estados Unidos. Ayer tuvimos una conversación con los promotores de esta presentación del muy famoso artista catalán, quienes escogieron al Museo José Luis Cuevas como el lugar más idóneo para dar a conocer en México, el contenido de esta muestra que ya ha sido presentada en varios museos de los Estados Unidos. Se me ha pedido que yo escriba uno de los textos para el catálogo, porque me consideran como un continuador de Dalí en lo que se refiere a la capacidad que ambos hemos tenido para la autopromoción. En lo que se refiere a la obra,  no existen ninguna relación. El fue un artista unido durante toda su vida al surrealismo, mientras yo he caminado por otros rumbos.
Hice un comentario: que de acuerdo a una encuesta que se hizo a nivel mundial Dalí supero en fama, no en la obra, al mismísimo Picasso.

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Contando con la cooperación de mi amada esposa, en los dos últimos días hice dos cuadros nostálgicos por tener que ver con el pasado. En uno de ellos me represente niño, pintando a una modelo. El otro, lo titulé “Locura”, en memoria a un tema que trabajé en mi adolescencia, cuando visitaba el manicomio conocido como “La Castañeda”. Ambos representan una revisión de lo que yo hacía en tiempos remotos. El resultado de este “viaje” agradó a Beatriz del Carmen. Quizá continúe yo con estas evocaciones retrospectivas.

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Recibí un libro que estoy leyendo con mucho agrado. Se trata de una biografía de Anita Brenner, escrita por su hija Susannah Josel Glusker. Aquí también hay un retorno al pasado, porque la conocí cuando tenía 16 años y ella me llamó para que hiciera bocetos de personajes de la época, que entrevistaba para un periódico en inglés. Esto me llevó a conocer a algunos notables como Agustín Lara y Luis Buñuel. Los dibujos no los conservé por no considerarlos importantes. Se los dejaba en su escritorio e ignoro su paradero.
En una ocasión Anita me invitó a su casa y me mostró muchas obras de su colección. Eran en su mayoría dibujos que le habían obsequiado artistas con los que había tenido una buena amistad. Recuerdo algunos de Orozco, Rodríguez Lozano, Jean Charlot y muchos más. Por el libro me entero que con este último tuvo una relación amorosa. También conservaba algunas fotos que en su juventud le tomó Edward Weston. En una de estas aparece desnuda de espaldas. Era común que en aquellos tiempos las escritoras y pintoras, por su espíritu transgresor, se dejaron fotografiar sin ropa. Lo hicieron, sin ningún pudor, Tina Modotti y sobre todo Nahui Olin, que por cierto fue mujer del Dr. Atl.
En la biografía hay información que yo desconocía. Por ejemplo que Anita era mexicana porque nació en Aguascalientes, aunque de ascendencia gringa. Cuando se le ofreció “El Águila Azteca” que es la máxima presea que México entrega a los extranjeros que viviendo en México hicieron una gran labor por el país ella lo rechazó, porque no se consideraba extranjera.
Como ya lo dije nació en Aguascalientes y por esas extrañas situaciones que depara el destino, ahí murió como consecuencia de un accidente automovilístico.
De mi persona hay una sola mención. Cuando se dice que a “José Luis Cuevas, lo llamó para que hiciera un esbozo del personaje entrevistado”. Tal vez se pudo haber dicho más cosas, por la buena amistad que se dio entre ambos.

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Mi relación amorosa con Beatriz del Carmen sigue viento en popa.
Continuamos con la costumbre de no separarnos nunca. Siempre la tengo a mi lado con las manos entrelazadas. Se da a veces el caso de alguna discusión por cosas sin importancia. Ambos somos celosos y me molesta y a ella también que a veces conversemos con gente poco conocida. Nos debemos uno al otro y la aparición inoportuna de alguno o alguna que nos busca conversación, por separado, nos molesta. Pondré un ejemplo:
Alguna mujer me llama para tomarse una fotografía. Yo acepto casi siempre  y si al despedirme de alguna mujer le doy un beso inocente en la mejilla, Beatriz del Carmen me llama la atención. Yo le explico que ésta costumbre  la adquirí en el tiempo en que viví en París, donde es costumbre ese intercambio de besos. A mí  me molesta que ponga atención a la conversación de algún inoportuno que por lo general cuenta historias idiotas. Ella debe escucharme sólo a mí, porque pienso que lo que  yo digo siempre es más ameno e interesante. Con ella sucede lo mismo... Me irrita que ella salude a alguien que conoció antes de que se iniciara  nuestra relación. Lo que sucede es que por lo general, por lo menos en México, nuestra unión inseparable, produce envidia. Las parejas por lo general andan separadas y no es nuestro caso. En los elevadores, cargados de gente, no dejo de besar a mi esposa y esto molesta a algunos que nos miran con cierto odio nuestra sesión de besos, dura hasta que llegamos al piso que nos  corresponde.
En mis constantes entrevistas con los medios le pido a mi esposa esté cerca de mí y participe en las respuestas que doy a quien me pregunta. Le pido  me ayude a recordar algún hecho que de repente se me borra. Así que hasta en las entrevistas ambos participamos. Pido al entrevistador que a ambos nos den crédito. En las fotografías que se me toman para ilustrar la entrevista también la necesito a ella a mi lado. No quiero en ningún momento que nos separen. Estas son pruebas del amor que nos tenemos. Si en alguna fotografía aparece un desconocido, tomo unas tijeras y elimino al intruso, o bien escribo en el reverso: “persona no identificada”.

 

 

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