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El año que esta por terminar, comenzó con el homenaje que se me hizo en La Habana a donde viajamos mi amada esposa Beatriz del Carmen y yo. Tuvo lugar en la Casa de las Américas, donde su director Fernández Retamar me entrego un doctorado Honoris Causa. Se presentó también una exposición de mis obras en el mismo recinto. Después siguieron muchos otros homenajes en diferentes ciudades que he ido mencionando en estos mis Cuevarios. El más reciente fue hace apenas unos días en Guadalajara y tuvo lugar en el Ex Convento del Carmen, donde se presentó una exposición de 120 obras de épocas diversas. El curador fue Paco Barreda, antiguo amigo mío. En entrevistas de prensa Beatriz del Carmen dujo: “Es una luna de miel eterna, los dos somos artistas, hablamos el mismo idioma. El no sube a su estudio si no estoy con el. Antes trabajaba solo. No soportaba la presencia de nadie. Ahora el no sube si no estoy presente. Me necesita a su lado y acepta mis sugerencias”. El meloso de Cuevas no deja la polémica, se asienta en una de las muchas entrevistas que se me hicieron en la que además dije: “A pesar de que considero que México no dejará de tener artistas de gran calidad, las nuevas generaciones de creadores han bajado el nivel del arte que se produce”.
En Guadalajara fuimos objeto de un gran número de fiestas. Los tapatíos son cordiales y afectuosos. En una comida, frente a mi, se sienta un señor a quien no reconozco. Trae unos inmensos anteojos obscuros y se ha dejado crecer unas barbas blancas. Sonriente me dice: “estoy seguro que no sabes quien soy”. Al notar mi desconcierto me comenta: “Soy Fernando del Paso”. Se quita los lentes y aparece el rostro nítido de alguien con quien desde hace muchos años he tenido una gran amistad. Siempre lo he admirado porque se trata de uno de los grandes escritores de México. Juntos hemos dado conferencias y he sido lector de sus libros excepcionales . Platicamos largamente y hablamos de nuestros anteriores encuentros. Una y otra vez le repito lo mucho que lo admiro. Sus libros los he leído y releído.
Aunque nuestro viaje a Guadalajara es de pocos días, nos damos tiempo de visitar el taller de Guachabato donde su dueño me tiene preparadas dos pequeñas planchas de grabado que “ataco” mientras conversamos. Por la noche vamos a su casa donde habrá una gran cena, con la presencia de muchos de sus amigos a quienes por primera vez vemos. Todos amables. Al día siguiente se devela una escultura mía en un campo de golf cuya arquitectura es obra de Ricardo Legorreta. Ya es noche y Beatriz del Carmen y yo tiritamos de frío. Pronto Beatriz del Carmen y yo pedimos se nos lleve al hotel “Quinta Real” donde siempre nos hospedamos. Las horas han pasado volando y en el desayuno nos acompañan “Guachabato”, su esposa Raquel y el imprescindible Paco Barreda. Después iremos al aeropuerto donde tomaremos el avión que nos regrese a México. Es sábado y el domingo a las 11:00 am., participaré en una mesa redonda en el Munal que lleva el nombre de “El arte de mirar” Esta en el marco del homenaje a Carlos Fuentes. Los otros participantes serán Valerio Adami, Camilla María Cantoni y Helen Escobedo.
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Llegó el domingo y hubo un retraso de media hora. Todos llegamos tarde debido a una manifestación organizada por el Peje. La sala esta repleta. Valerio y Camilla hablan en italiano. Brillantísimos ambos. Lo mismo Helen Escobedo. Ella y yo hablamos el español. A mí me toca intervenir al final y me agrado descubrir que no he olvidado el italiano, que cuando viví en Roma llegué a dominarlo plenamente. Pensaba que por no practicarlo me sería imposible entenderlo. Pero afortunadamente no fue así.
Unos días antes de nuestros viaje a Guadalajara, fuimos a la Embajada de Cuba a una comida que se le ofreció a Fernández Retamar y a su esposa Adelaida de Juan que como su esposo es una notable escritora y además profesora de la Universidad de La Habana. Me entrego una revista llamada “Revolución y Cultura”, en donde aparece un artículo sobre mí en la que rememora mi paso por Cuba. Es un ensayo extenso del que extraigo las palabras con las que termina su escrito. Dice:
“...Estos bronces son todos antropomorfos y juegan, en su solidez, con el ritmo y el balance ofrecidos por la posición de las piernas que sirven de soporte. Otra característica notable en estas piezas es la atención presentada a la pátina de sus superficies. Invitan, más aún, incitan, al recorrido táctil, al contacto real, físico, con los planos curvos que las conforman. Me confió Beatriz del Carmen Cuevas, pintora y directora del Museo José Luis Cuevas, que tal característica facilitaba a los invidentes el recorrido identificador de las piezas. De hecho, esta antológica exposición permite asomarse al proceso creador de Cuevas. Del mismo modo que un grabado se centra en el elemento decisivo de una de las esculturas, como ya he mencionado, un dibujo en tinta y acuarela, de 1991, nos ofrece el boceto de la escultura monumental que recibe a los visitantes al Museo José Luis Cuevas de México: “La Giganta” que ahora podemos admirar fue esbozada en Sevilla en 1991. (De ella ha dicho el propio Cuevas que es “obra señora de la escultura mexicana del siglo XX, desde lo alto de sus ocho metros para mirar al infinito). Estos atisbos, suerte de testimonios de un “work in progress” que Cuevas me deja compartir, permiten una visión aún comprendida de un proceso creativo. Hemos tenido, pues, el privilegio de incorporar nuestra apreciación enriquecedora de la obra de uno de los indiscutibles maestros del arte contemporáneo”. |
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