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Mi relación amorosa con

Beatriz del Carmen LXVI

08 de diciembre de 2008

 

Mi amada esposa Beatriz del Carmen escribe en su diario:
“Un viaje más. Tomamos un avión que nos lleva a Villa Hermosa, Tabasco. Vamos invitados por el Presidente Municipal el Licenciado Evaristo Hernández que quiere que José Luis haga una escultura de gran tamaño. En el aeropuerto nos esperan Ismael y Diana que en todo momento no se separan de nosotros .
Antes que nada nos llevan a la Presidencia Municipal. Ahí nos esperan el Presidente y a otras personas más. Entre ellos alguien al que conocí en Bogotá hace muchos años. Víctor Barceló en aquel tiempo funjia como embajador de México y lo hospedo en su residencia. José Luis recuerda que en aquella ocasión estaba también hospedado el escritor Alejandro Aura, quien por cierto hace pocos meses falleció. Otro recuerdo más de mi esposo: en aquella ocasión se enfermó y tuvo que guardar cama. En esa ocasión, postrado, recibía a los periodistas que querían entrevistarlo. También le hicieron una entrevista para la televisión colombiana. José Luis había ido para inaugurar una exposición de sus obras en la Biblioteca Luis Ángel Arango que había organizado Marta Traba. Ya mejorado pudo asistir a la apertura y dio una conferencia que fue muy rebatida. Fue el primer viaje que mi esposo hizo a Bogotá, pero ha pesar de los muchos años que han transcurrido, Cuevas recuerda en detalle todo lo que vivió. Asistieron muchos de los pintores colombianos, evoca cuales fueron: Botero, Alejandro Obregón, Enrique Grau y el escultor Edgard Negret. Me asombra su buena memoria para evocar hechos pasados. Cuando el embajador dejo su puesto regreso a donde llego a ocupar la gobernatura de su estado.
Continua escribiendo mi esposa: Nos llevaron a conocer la glorieta en donde por el momento hay una réplica de la Diana Cazadora que en México está en el Paseo de la Reforma. La encontramos muy deteriorada y es por eso que quieren sustituirla con una escultura de mi esposo. Después nos llevaron a comer al restaurante Edén, donde se sirve comida típica de la región. Deliciosa. Por último, al fin, ocupamos nuestra suite del Hotel Quinta Real, que nos recordó muchas de las mansiones de La Habana. Al día siguiente (seis de diciembre) regresamos a México”.
Ahora el que habla soy yo: Al día siguiente de nuestro regreso, Beatriz del Carmen y yo nos levantamos temprano y subimos al estudio donde empecé abocetar varios dibujos para el proyecto de la escultura. Todavía nos dimos tiempo para terminar un cuadro grande que habíamos dejado inconcluso. Quedamos satisfechos con el resultado.
La comida la hicimos en el restaurante Especie, donde fuimos invitados por el pintor Alberto Castro Leñero y su esposa. También estuvo nuestra querida amiga Teresa del Conde. Fue tan grato el encuentro que nos retiramos cuando empezaba a anochecer.
Al fin ya nos llegaron los libros catálogo de mi reciente exposición en Bellas Artes. Valió la pena la espera porque la edición es espléndida. Contiene dos ensayos de Luis Rius y de Teresa del Conde, ambos espléndidos.
Reproduzco a continuación un párrafo del ensayo de Teresa:

“En cierto momento, 1969, José Luis hizo algunos de los pequeños retratos de quien fue sin duda uno de sus benefactores extranjeros: me refiero al especialista en arte, crítico y promotor cubano José Gómez Sicre de la Pan Americana Unión de Washington, ya fallecido y discutido en su momento por varios comentaristas e historiadores, a veces con talante negativo. En uno de los dibujos que le hizo José Luis Cuevas y que yo vi, el modelo, un hombre bastante grueso, es perfectamente reconocible, su cara esta trabajada con procedimiento total; también muy reconocible es el perfil en el que captó al pintor Armando Morales ese mismo año. En este último la modalidad si esta ligeramente cargada a la caricatura, cosa que no sucede con el retrato del crítico cubano quien, según testimonio del propio José Luis, acabo abominando la pintura, la escultura, los grabados, en una palabra: todo incluyendo a los artistas y, para desconsuelo de su interlocutor, al propio José Luis. Esto sucedió poco antes de que le acometiera la enfermedad que terminó con su vida. La había representado otras veces, mostrándolo siempre como un hombre bastante grueso, que lo era”.

 

 

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