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En estos días navideños, Beatriz del Carmen y yo recibimos muchos regalos. De todos ellos los más apreciados son los libros. Y si en algunos encuentro mi nombre, aunque sea tan sólo unas líneas como sucede con el que me ha enviado el Fondo de Cultura Económica escrito por Carlos Fuentes.
Se trata de “El espejo enterrado” en el que además se reproduce, a doble página, una obra mía fechada en 1933 y que se titula “Noche de San Juan”. De mí se dice: “Nuestros cuerpos son las criaturas deformes y oníricas del arte del mexicano José Luis Cuevas. En verdad, al igual que Goya, Cuevas nos ofrece el espejo de la imaginación como la única verdad: sus figuras son descendientes de nuestras pesadillas, pero también los hermanos y hermanas de nuestros deseos. La unión de Cuevas en las Américas con Goya en España también nos recuerda que cuando abrazamos al otro, no sólo nos encontramos a nosotros mismos, sino que incluimos en nuestra vida y en nuestra conciencia las imágenes marginales que el mundo moderno, optimista y progresivo a condenado al olvido, antes de pagar el precio de su olvido”.
De la misma editorial y también de Fuentes es “Viendo visiones” en la que se compila los ensayos que el autor ha dedicado a las artes visuales.
Aquí no se trata de pocas líneas sino de un ensayo que ocupa 36 páginas, además de la reproducción de muchas de mis obras.
Entresaco del capítulo XV, titulado “El ojo del deseo: José Luis Cuevas algo de lo que Fuentes dice:
“...Como en Posada, en Cuevas el grabado ocupa el territorio del peligro, de lo extraño, de los extremos, de lo informe y de lo inconforme. Como Posada, la visión de Cuevas, se graba en los barrios populares del centro de la ciudad de México. Continúa, en cierto modo, la tradición del grabado prostibulario y cabaretero de Orozco. Pero en Cuevas el eterno retorno al conflicto con la naturaleza sustituye al combate con la política y la historia propia de Orozco.
Los grabados de José Luis Cuevas proponen una figura humana pesada y aérea a la vez, situada entre la gravedad y la gracia, entre el júbilo y el horror, entre el estar y el devenir. Pesada como si quisiera permanecer hasta ser identificada. Aérea como si quisiera volar para ser identificada. Cuevas utiliza el grabado para presentarnos figuras en lucha consigo mismas, con su apariencia. Figuras desveladas que temen cerrar los ojos en el instante en que pase en el único espectador capaz de nombrarlas, de preguntarles, ¿quién eres?, a fin de saber, ¿quién soy?
Trans-figuras, las de Cuevas están en otra parte. Han llegado al origen. Han regresado al futuro. Están en lucha consigo mismas, con su apariencia. El artista desnuda al máximo el color. Atmósferas ceras, luces de estrellas muertas, negros y grises, madrugadas y atardeceres del arte del grabado. Muerte y locura. Orgasmo. Y deseo.
Una serie extraordinaria de grabados se llama Wanted. Es el grabado que reclama captura y recompensa por el criminal deseado. Que Cuevas nos convierta a todos en seres deseados es sólo su manera de decirnos que nos teme, ama, imagina y condena.
El grabado acaba por cumplir, de esta manera, un periodo que, por la desnudez misma de sus medios, por la simplicidad aparente de sus contrastes, nos remite a la cuestión del principio. Pagaremos con la muerte la continuidad de la especie. Pero no nos iremos sin dejar huella de un pie en la tierra y la señal de un arañazo en la caverna”.
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En otro libro que me envía René Avilés Fabila y que es una biografía de Raúl Anguiano, también me encuentro. Aparezco en dos fotografías y mi nombre aparece salteado en algunas de sus páginas.
De Ramón Xirau, recibimos Beatriz del Carmen y yo un libro que reúne toda su poesía. Es también editado por el Fondo de Cultura y me encuentro en un poema que me dedica. |
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