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Mi relación amorosa con

Beatriz del Carmen LXVIII

22 de diciembre de 2008

 

El Embajador de Francia en México, M. Daniel Andre Joseph Parfait,  nos invita a mi esposa amada Beatriz del Carmen y a mí, a una cena que ofrece a Ingrid Betancourt que ha llegado a México después de sufrir seis años de cautiverio por parte de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, el 23 de febrero de 2002. Era entonces candidata a la presidencia de Colombia por el partido Verde Oxigeno. Han pasado seis años y hace pocos días fue liberada. Somos 19 los asistentes. En la mesa se me separa por primera vez mi esposa y se me sienta al lado de Ingrid. El embajador, hombre muy cordial queda enfrente de mí. Habla un perfecto español y entre muchas otras cosas anuncia que pronto seré objeto de un homenaje con una exposición de mis obras que se llamará “José Luis Cuevas en Francia”. Tendrá lugar en Aguascalientes durante uno de los primeros meses del año que está por comenzar. Hay la intención de llevar mi muestra a París, sin fecha todavía no considerada.
El foco de atención es Ingrid y los comensales le hacen muchas preguntas. Ella pacientemente y con voz pausada las contesta. Hay signos de cansancio en ella.
Entre los asistentes hay algunos que ya conocemos. Entre ellos el embajador Luis Ortiz Monasterio a quien me une una antigua amistad. Están también Alberto Ruy Sánchez, Margarita de Orellana (ambos directores de la revista “Artes de México” en la que formo parte dentro del Consejo de Asesores).
También está presente Guadalupe Loaesa. Después de la cena pasamos a la sala donde Beatriz del Carmen y yo conversamos con ellos. Ortiz Monasterio nos invita para que pasemos el año nuevo en su casa, deferencia que mucho agradecemos.
Alberto Ruy Sánchez me dice que el número 91 de su revista aparecerá un largo artículo sobre mí escrito por Alberto Blanco. Al día siguiente me llega la publicación y son siete páginas las que se me dedican. Reproduzco a continuación algunos párrafos de tan espléndido ensayo:
“JOSÉ LUIS CUEVAS? UN ANIMAL IMPURO. La cita bíblica que sirve de epígrafe a la serie de poemas que José-Miguel Ullán escribió para el libro de artista Animales impuros –publicado en Sevilla en 1992, y reproducido en el catálogo del mismo nombre, que Isaac Masri publicó en México en 1998- subraya el carácter mixto, híbrido, heterodoxo, mestizo, heterogéneo, impuro, de las más recientes creaciones de José Luis Cuevas. Pero no sólo de las más recientes, por más que el paso del mundo bidimensional del dibujo, en el que se ha movido tradicionalmente el arte de Cuevas, al complejo universo de las tres dimensiones,  que compartimos con la escultura, no haga sino remarcar su carácter de creación mixta, compleja, impura.
El animal impuro que hoy nos ocupa, el número IX en la serie de “Animales impuros” –que Cuevas presentó en primer lugar en el Centro de Arte Reina Sofía de la capital española, y que luego, notablemente aumentada, se presentó en México-, cobra ahora una nueva vida al ver su materia original transmutada en plata, para hacer del Animal impuro IX una especie de icono que resume y simboliza todo lo que estos animales heterodoxos proponen al espectador. Como dice Gustavo Martín Garzo en su texto El hombre del saco: “Su cuerpo no es el cuerpo de la pureza, sino el cuerpo nacido de la cuba de los despedazamientos” (Sobre Cuevas)
Para comenzar, habría que decir  que el Animal impuro IX, más allá de compartir un evidente aire de familia con los demás animales de la serie, habitando resignado su desolado universo, manteniendo su perenne vigilia y preguntándose por su destino de monstruo o por su monstruoso destino, exhibe ciertas características peculiares que lo destacan de los demás. No en balde fue elegido para convertirse en una obra maestra de la platería mexicana ......

.... El ser humano: el único tema del arte de José Luis Cuevas. El hombre, ese animal imperfecto cuya fuerza surge de su imperfección y de su falta de especialización, de su indefensión (si es que lo comparamos con todos los demás animales, ellos sí, maestros especializados en el arte de ocupar sus respectivos nichos ecológicos), de su indefensión ante la naturaleza, y de que, por lo mismo ha tenido que desarrollar una serie de facultades asombrosas y un punto menos de absurda que absurda capacidad de adaptación. El hombre: el Animal impuro, que, por ello, concibe la perfección como mata” ......
 

 

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