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Mi relación amorosa con

Beatriz del Carmen LXXVI

16 de febrero de 2009

 

Todos los proyectos que mi esposa Beatriz del Carmen, como directora del Museo José Luis Cuevas, se van cumpliendo. siendo gran admiradora y amiga de Leonora Carrington, quiso hacerle un gran homenaje y este anhelo se cumplió el jueves 12 de febrero. Hubo una asistencia de cerca de mil personas y la artista fue recibida con entusiastas muestras de cariño. Un periódico en su reseña del día siguiente, dijo entre otras cosas que “la maestra de ceremonias pidió disculpas por presentar primero a los hombres, así que antes de mencionar siquiera a Carrington, introdujo a Carlos Fuentes, José Luis Cuevas, Carlos Monsiváis e inexplicablemente a Ramón Xirau, quien  no pudo asistir por estar enfermo de neumonía. Dio la palabra a Cuevas que después de dar una breve bienvenida estaba dispuesto a transferir el micrófono a Monsiváis, cuando Poniatowska dijo imperativamente: ¡pásamelo a mí!”.
Mi amada Beatriz del Carmen, estaba radiante al demostrar su extraordinario poder de convocatoria. En entrevista dijo: “Este es el primer eslabón de una gran cadena de iniciativas que serán llevadas a cabo durante este año, sin adelantar que perfil tendrán dichas propuestas”. Yo sí puedo decir que el próximo homenaje estará dedicado al gran compositor de música vernácula Manuel Esperó, autor de muchas de las canciones que en sus películas cantaba Jorge Negrete.
En lo que se refiere a otras actividades, la agenda está atiborrada de eventos de diferente índole. La embajada de Italia se puso en contacto con Beatriz del Carmen para proponerle una exposición de artistas italianos, todos de renombre.
Para celebrar mi cumpleaños número 75, mi amada esposa ha seleccionado 40 esculturas mías de reciente factura, para ser expuestas en la Pinacoteca de Nuevo León que dirige nuestra buena amiga Elvira Todd. Habrá fiesta en la casa de los Todd. Después viajaremos a San Antonio, donde se expondrán cerca de 100 obras mías entre dibujos, pinturas, grabados y esculturas. Se tiene contemplado que de yo una conferencia sobre mi ya larga trayectoria como artista en constante actividad.

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A finales del año pasado falleció Paco Ignacio Taibo I y relaté en este mi Cuevario, los libros en los que ambos hicimos mancuerna. Hoy buscando un ejemplar de un volumen que consideraba perdido, me topé con una obra más  en la que Taibo y yo trabajamos juntos. Se llama “Cuevas: retratos y autorretratos” y fue editado en Monterrey en diciembre de 1986. En uno de los capítulos Taibo dice:
“Algunas personas, las que son muy pobres, viven con una enfermedad y con ella conviven años y casi siempre la enfermedad triunfa sobre la persona y la derrota y la termina.
José Luis Cuevas no es pobre sino que tiene plurienfermedades y las conlleva, las baraja, las usa para muy diversas ocasiones y se deja apabullar por ellas y las vence una por una, para caer bajo una nueva ola de muy diversas gripes, taquicardias, depresiones y dolores subrepticios que lo asaltan, lo vencen, se retiran, se evaden y, sin embargo, van dejando un pozo de sí mismos.
En muchas de sus fotografías menos peripuestas aparece Cuevas acompañado de Enfermedad.
Enfermedad se muestra tan manifestante que tiene incluso, más presencia que el propio Cuevas; lo cual parecería imposible si no se tratara de una fuerza tan imponente que vence al hombre que la cobija y se hace protagonista esencial.
Nunca Cuevas permite que le usurpen protagonismo en las fotografías, pero en el caso de Enfermedad cede terreno y se acoquina tanto que la deja todo el primer plano y se humilla.
Enfermedad le brota por lo ojos y por la sonrisa triste y por una decadencia que manifiesta en todo.
Pero lo cierto es que José Luis Cuevas vive feliz en concubinato permanente con Enfermedad y estos amores lo llenan de una alegría que disimula pero que yo descubro justamente en la fotografía”.
Taibo murió  a finales del año pasado. Apenas empezaba 2009, recibí la noticia de que el pintor Ricardo Martínez, como consecuencia de una neumonía había muerto. De ambos fallecimientos ya me ocupé en estos mis escritos. Pero ya ubicados en 2009, llegó febrero, mes de mi cumpleaños, y me entero de que el gran poeta Marco Antonio Montes de Oca dejó de existir. La noticia me entristece y no puedo dejar de evocar varios sucesos que nos reunían. Venía a mi casa con frecuencia. Los domingos para ser exactos y su tema constante se refería a su menguada salud. Se quejaba de múltiples dolencias y renegaba de todos aquellos que no lo comprendían. Como muchos otros poetas, Marco Antonio dibujaba y no lo hacía mal. Me dedicó un poema que tituló “David Markson ha salido a comprar una botella”. Cito unas líneas: “Cuevas y yo nos ahogamos entre  copas rotas que manan arena.
Sabemos que un pájaro en la nieve sólo existe por su sombra.
Recogemos pedazos de una noche estrellada con obscenas municiones de caviar.
José Luis, urgido de alma, despilfarra la que ya tenía”.

Cuando el también poeta, Víctor Manuel Mendiola, recogió en un volumen todos los poemas que me tienen a mí como eje, lo tituló “Municiones de caviar”, tomado del poema de Montes de Oca.
 

 

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