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No cabe duda. Mi amada esposa Beatriz del Carmen debe sentirse orgullosa del resultado del homenaje que por iniciativa de ella, se llevó a cabo en el Museo José Luis Cuevas, que ella dirige. La festejada fue Leonora Carrington. En el conteo que se hace por parte de los que laboran en este centro de cultura, se llegó a un resultado inusitado fueron cerca de mil asistentes y en internet han aparecido cuarenta menciones sobre este evento que se ha considerado el más importante de los últimos 14 meses. Entre los muchos artículos que se citan, hay uno que fue difundido en el programa televisivo “Animal nocturno” del periodista Ricardo Rocha.
Está escrito por el diplomático y escritor Víctor Alfonso Maldonado del que reproduzco tan solo un párrafo. Dice: “Los grandes fastos del arte y la imaginación. Las galas de la cultura. Todo aquel que es alguien en México estaba ahí, en el patio central del antiguo convento de Santa Inés, bajo la presencia inquietante de la Giganta. El patio central del Museo, huelga es decirlo, resultó insuficiente para tamaña gentitud. Y no era para menos. En un país donde el surrealismo es un modo cotidiano de existencia y sufrimiento, cinco grandes de la cultura: José Luis Cuevas, Carlos Fuentes, Carlos Monsiváis y Elena Poniatowska, iban a conversar de surrealismo alrededor de la figura, querida y venerada, de Leonora Carrington.
Por lo visto, queda todavía mucho por decir a este respecto, y otro tanto por vivirlo...”
La presentación de los ponentes corrió a cargo de Beatriz del Carmen y de Lourdes Burillo, Presidenta de la sociedad de “Amigos del Museo José Luis Cuevas”.
El lunes próximo Beatriz del Carmen y yo, viajaremos a Monterrey, donde el 26 de febrero se inaugurará la Exposición-homenaje, “Cuevas en Bronce” con motivo de mi 75 aniversario de vida, que ha organizado la directora de La Pinacoteca de Nuevo León, Elvira Todd que contará con la presencia del Gobernador del Estado, Licenciado José Natividad González Parás.
Después hay otro viaje en puerta. En la ciudad de San Antonio también se celebrará mi cumpleaños con una exposición y conferencia en donde estaré muy bien acompañado, porque también se presentarán obras de mi amada esposa Beatriz del Carmen, así como grabados de Picasso que forman parte del acervo de mi museo. Así que mejor acompañado no podría estar.
Ayer se me entregó una carta de Bogotá en la que se me invita a participar en la cátedra Marta Traba 2009, que coordina el escritor Rubén Darío Flórez. Se me dice: “La cátedra Marta Traba, este año estará orientada a debatir el asunto de las ciudades latinoamericanas, examinándolo desde la perspectiva de las artes, las ciencias humanas la comunicación, la exclusión y las memorias humanas. Participarán académicos latinoamericanos, escritores y artistas “...Más adelante, hacia el final de la carta se me dice: “Será un honor para mí, para la Cátedra y para la Universidad Nacional contar con su presencia. Quedo a la espera de su respuesta.
Adjunto texto sobre José Luis Cuevas, Afiche de la Cátedra y contenido”.
La conferencia mía está señalada para el 12 de mayo y por supuesto a Beatriz del Carmen también se le invita para que me acompañe.
Se adjunta a la carta un texto extenso, poema diría yo, en el que por su importancia reproduzco íntegro:
“Al mirar de reojo, retorcida es la calle,/ se retrae como un cuerpo la mirada se repliega/en sí misma, y se suspende en la oscuridad/de abajo, a donde llega la convulsa, inútil / acción del hombre o mujer que se abisman/ en la mirada que grita su extravío. / Tocar el vacío de las palabras antes de tocar los miembros retorcidos que descubrió / la aventura de la mirada sin testigos/ ávida de un encuentro aunque marcada / por el desperdicio del opaco rincón/ donde llegan ella y él, llamados por la lengua/de la calle que despierta el cuerpo, el ansia, la sed/ En Bogotá o en el DF, dos pueden ser abismo. / Si se miran con la fiebre del deseo, / esperándolos en el filo de su sexo,/ en el borde de la acera que los precipita/a palabras de confusión, como un rostro/entre los dedos de Cuevas, que con una línea dibuja el precipicio, de dos/ que se hunden en dos centros;/ iguales, distintos, bellos como su fulgurante/calle de espantos, sudores y sexo sin nombre”.
Rubén D. Flórez Arcila. Bogotá 2009 |
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