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Mi amada esposa Beatriz del Carmen y yo, regresamos de Monterrey donde fui objeto de dos homenajes el 26 de febrero en el que cumplí 75 años. En la espléndida Pinacoteca de Nuevo León, se presentó una exposición de mi obra escultórica que por primera vez di a conocer en la capital regiomontana. La noche de la apertura contó con una asistencia de cerca de mil personas. El Gobernador del Estado, José Natividad González Parás dijo unas palabras improvisadas con la que dio por inaugurada la muestra. El periódico Milenio diría al día siguiente: “José Luis Cuevas siempre alza polvaredas, y hoy no es la excepción. Llegó a la Pinacoteca de Nuevo León bajo los flashazos y narrando historias que se debaten entre la autobiografía y la ficción pura. Cuevas es irremediablemente Cuevas”. Después agregó: “...José Luis Cuevas está de fiesta no sólo por razones artísticas. Este 26 de febrero es también su cumpleaños número 75 y quiso celebrarlo ya no en la tierra de Cantinflas y Medel, sino en los dominios del cabrito y el Piporro. “Es algo extraordinario no sólo por que lo festeja fuera, sino que tenga 75 años. Estoy muy feliz de haber llegado a esta edad, y además de haber llegado fuerte en términos físicos y artísticos”, expresó el artista.
“Dada la celebridad del caso en esta fiesta de aniversario se contará con invitados muy particulares, quienes asistirán a la reunión dispuestos a abrazar a uno de los artistas mexicanos más significativos del siglo XX”.
Después de haber hecho un recorrido por la sala de las esculturas, con un micrófono en riestre, iba explicando el significado de cada una de las piezas. Yo como siempre acompañado de Beatriz del Carmen, a quién tanto debo y a quien tanto amo. La multitud iba acercándose a una mesa que se había colocado para el caso, donde yo debería de firmar autógrafos. Fueron cientos de firmas que estampé en las invitaciones o libretas. Hubo algunos que querían que les escribiera unas líneas en sus camisetas. A todos traté de complacer. Algunos y algunas me decían palabras elogiosas y hubo mujeres que, respetuosas, me pedían que las dejara besarme. Me sentía yo como un Santo o un Papa.
Pasó más de una hora cuando fui rescatado por las muchachas que trabajan en la Pinacoteca, pues teníamos que irnos, mi esposa y yo, a la casa de Luis y Elvira Todd, dónde nos esperaba una cena con la que culminó la fiesta.
Ya en la casa de los Todd, cuando ya nos disponíamos a disfrutar de la cena, yo ocupé mi lugar entre mi esposa Beatriz del Carmen y el Gobernador, Salvador Vázquez Araujo, me entregó el texto que había leído cuando se dio por inaugurada la muestra de mis esculturas. Transcribo algunas de sus palabras:
“Desde los años 50s, la obra de José Luis Cuevas, ha trascendido hasta colocarlo como uno de los artistas plásticos más importantes.
Sus propuestas en dibujo, grabado, escultura y pintura son reconocidas como importantes aportaciones artísticas y se encuentran en muchos países del mundo, en los principales museos y galerías de arte contemporáneo.
Sus amigos, el público y la crítica siguen sorprendiéndose ante su fuerza creativa que día con día se actualiza de acuerdo a los movimientos serios de las artes visuales. El arte latinoamericano tiene en él, a uno de sus más destacados exponentes. Nacido en tierra de pintores, tuvo que esgrimir sus ideas por medio de sus dibujos, en defensa de su tesis artística, frente al avasallante poderío, en su momento, de la pintura mural.
En aquellos años, su obra era diametralmente opuesta en fondo y forma, al arte oficializado que imperaba.
La obra de Cuevas, con una visión esperpéntica de la realidad (conseguida a través de apuntes del natural de parias, prostitutas y locos que deambulaban por el viejo centro de la Ciudad de México, del cual es originario, lo convierten en un poeta del horror y de la miseria humana, ya que los engrandece con su lenguaje plástico, y con esa propuesta rasga la “cortina de nopal”, y lápiz en riestre comprende la conquista de la V Bienal de Sao Paulo, Brasil y obtiene el Primer Premio Internacional de dibujo en 1959.
Desde entonces, una sucesión de alardes y retos caminan junto a sus dotes de virtuoso publicista, que lo consolidan como Cuevas el dibujante, el grabador, el escultor, el pintor; pero también el actor, comunicador, escenógrafo, periodista cultural y aspirante a político. En fin un personaje único, lo mismo amado que vilipendiado, sin perder nunca su carisma, siendo desde entonces, una de las personalidades más polémicas y originales del México contemporáneo.
Porque su obra ha trascendido todos los géneros de la cultura. Los intelectuales más importantes de nuestro tiempo, han externado su pensamiento sobre él, celebrando su arte y su personalidad.
Ray Bradbury escribió: “José Luis Cuevas es el pintor más importante de México”.
Octavio Paz dijo: “Artista carnívoro, cuya atracción reside en su gracia flexible, sus movimientos sinuosos, la ferocidad elegante de sus dibujos...
Carlos Fuentes opina: “José Luis Cuevas es de los primeros artistas verdaderamente modernos de México, porque paradójicamente, es uno de los más antiguos...”
Más de 50 escritores y poetas describen y valoran la obra de Cuevas que ha inmortalizado lo más impactante de nuestra época, dándole la misma importancia a los moribundos del Hospital General, como a las prostitutas de la Huerta de Acapulco, o bien las series de homenajes a Quevedo, Kafka, Marqués de Sade, Dostoievski, Borges, René Char, Brossa, hasta la ilustración del último libro que escribió Julio Cortazar, que nos muestra la dimensión que este artista abarca”. |
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