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Mi amada esposa Beatriz del Carmen y yo, regresamos de Cuernavaca el lunes 14. Pensábamos permanecer por lo menos una semana, pero la decisión la tomamos cuando después de hablar por teléfono con nuestro amigo y médico José Luis Ibarrola, sugirió que regresáramos lo más pronto posible para que ella fuera operada de la vesícula, al día siguiente. Como ya siempre he pensado que los problemas de salud hay que resolverlo de inmediato, acortamos nuestras vacaciones y el martes en la mañana temprano, ingresó al hospital. La operación fue exitosa pero tuvo que permanecer tres días bajo el cuidado médico.
Ahora ya estamos de nuevo en nuestra casa de San Ángel, pero debe de llevar una dieta y evitar movimientos bruscos. Esto es muy difícil para mi mujer porque siempre ha sido muy activa y nada afecta el reposo. Yo permanezco todo el tiempo cerca de ella, metido en la cama como si yo también estuviera convaleciente. La dejé solo media hora, para subir a mi estudio y escribirle una carta ilustrada. Me gusto el resultado aunque por primera vez dibujé y coloreé con barras de pastel, a las que no soy muy afecto. Hecho mi trabajo, volví a la cama y le entregué el regalo, que una vez que lo vió y leyó, lo guarde en un mueble donde se conservan muchas de las cartas que como cartero eficiente hago para ella.
Tenemos agendados varios viajes. El más próximo sería para la semana próxima, pero creo que tendré que cancelarlo, porque no es aconsejable que ella me acompañe. Y como ya es costumbre nunca nos separamos, aplazaré ese viaje que nos llevaría a Jalapa donde se abrirá una exposición de obras mías, en la galería Alva de la Canal de la Universidad de Veracruz.
Hablaré hoy con la directora Patricia Deschamps y le pediré que anuncie nuestra presencia en la fecha del término de la muestra. Entonces, como es costumbre daré una conferencia. Después hay planeados otros viajes. Los muy próximos es probable que no puedan efectuarse. En fin, la decisión la tomará el médico.
Para cuando tengamos que ir a Bogotá, pido a Dios que Beatriz del Carmen ya esté recuperada, porque se trata de algo muy importante para mí. Se me invita para que participe en la Cátedra Marta Traba, que este año estará orientada a debatir el asunto de las ciudades latinoamericanas desde la perspectiva de las artes, las ciencias humanas, la comunicación, la exclusión y las memorias urbanas. En la carta invitación que me ha enviado Rubén Darío Flores Arcila (Coordinador de esta Cátedra), se me dice entre otras cosas: “La Cátedra Marta Traba, se fundó con el propósito de mantener con el espacio de la Universidad y la Ciudad de Bogotá, el legado de Marta Traba, continuar su presencia polémica y creativa, en diálogo con los artistas y la cultura del continente”. En otro párrafo se me dice: “Marta Traba admiró profundamente su obra. En 1965, escribió sobre usted un libro publicado en México. “Los cuatro monstruos cardinales”, en el que la recordada crítica y ensayista coloca la obra de José Luis Cuevas en el contexto de esta idea: “destinada a disolver por la brutalidad de sus pasiones la ficción del equilibrio renacentista”. Más adelante afirma: “La Cátedra Marta Traba, se fundó con el propósito de mantener en el espacio de la Universidad y la ciudadanía Bogotana... Creemos que su participación maestro Cuevas, en este evento académico y cultural, trae la vitalidad innovadora de su personalidad, de su arte y enriquecerá la cátedra... La invitación es para que usted nos acompañe con una conferencia suya el 12 de mayo... La invitación sufraga los pasajes aéreos, la estadía en hotel y el alojamiento por tres noches”.
Adjunta a la invitación, que tan cordialmente se me hace hay un poema que me ha dedicado el mismo Rubén Flores. En la imposibilidad, por su extensión, de reproducirlo íntegro, reproduzco a continuación el último párrafo que dice:
... “En Bogotá o en el D.F., dos pueden ser abismo.
Si se miran con la fiebre del deseo,
esperándolos en el filo de su sexo,
en el borde de la acera que los precipita
a palabras de confusión, como un rostro
entre los dedos de Cuevas, que con una
línea dibuja el precipicio, de dos
que se hunden en dos centros;
iguales, distintos, bellos como su fulgurante
calle de espantos, sudores y sexo sin nombre”.
Bogotá 2009.
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Un fallecimiento más de una persona muy querida. Con poca diferencia de la desaparición de Eulalio Ferrer, recibí la noticia de la muerte de Griselda Álvarez que la conocí en un avión cuando ella era gobernadora de su estado. Fue una notable escritora y tuve el honor de que me haya dedicado algunos de sus poemas. Descanse en paz, la admirable señora. |
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