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Salió mi adorada esposa Beatriz del Carmen del hospital y vino a encerrarse en la casa y yo con ella. Las instrucciones que le dio su médico fueron muy precisas: debe de guardar cama la mayor parte del tiempo y las escaleras debe de subirlas únicamente dos veces al día. Su alimentación también está muy restringida. Nada de lácteos ni comidas grasosas. Manzanas y peras puede comer si estas están hervidas. Ella ha sido siempre una gourmet, que gusta de comidas muy variadas y en lo que se refiere al reposo, también es para ella un gran sacrificio, porque siempre ha sido muy activa. Yo la mantengo en una constante observación para que cumpla con las indicaciones médicas. No me resulta fácil, porque se desespera con la dieta que debe seguir y con la inacción, a la que está sometida. Una semana después de haber dejado la clínica, surgió la terrible epidemia que está azotando a México. La gripe porcina nos ha obligado a redoblar los cuidados. Desde que nos enteramos del surgimiento de este mal que se está extendiendo por otros países tomamos la decisión de encerrarnos en la casa y cancelar los viajes que ya teníamos agendados. Estamos guardados a piedra y lodo y no recibimos ninguna visita. Nuestra comunicación con el exterior es a través del teléfono. Como las desgracias no vienen solas, Diana la única hermana que tiene mi esposa, manejando su camioneta acompañada de sus dos hijas, de pronto le dio un mareo seguido de una imposibilidad de hablar. Se le trabó la lengua y emitía palabras inconexas. La mayor de sus hijas tomó el volante y la llevó a casa de sus padres en Ciudad Satélite. Ahí se tomó la decisión de trasladarla a un hospital, donde fue atendida por un neurólogo, quien dijo que había que hacerle varios estudios porque él imaginaba que bien podría tratarse de un infarto cerebral. Los exámenes que se le han hecho no indican que sea algo de gravedad. Continúa hospitalizada y en ningún momento ha perdido el conocimiento. Mi esposa desesperada por no poder estar al lado de su hermana con la que mantiene una espléndida relación. Se quieren mucho ellas. Yo también quiero mucho a Diana porque es una magnífica persona. Afortunadamente ya pasó el peligro y está en un periodo de recuperación.
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La casa se ha llenado de flores, de amigos muy cercanos que habiéndose enterado de la operación de Beatriz del Carmen, manifiestan de esta manera, el gran cariño que le tienen a mi amada Beatriz del Carmen. Desde este mi Cuevario les agradezco sus atenciones.
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Navegando en el internet descubro que hay 502,000 referencias con mi nombre. También encuentros textos publicados en diferentes ciudades del mundo. Menciono uno que viene con el nombre de José Luis Alcubilla, a quien no conozco, pero que agradezco por lo que dice. Lo titula, “José Luis Cuevas, el misterio expresionista” del que tomo las primeras líneas:
“Cuando se habla de José Luis Cuevas, siempre hay polémica y sea que guste o no, sea que se le admire ó se le deteste, su nombre - y claro su obra – ha sido utilizada para ejemplificar – nada menos, cómo ha de pintar el próximo sexenio... Más, fuera de “insidias gratuitas” y de malas leches no exportables, lo cierto es que Cuevas anda en boca de todos... El mismo lo ha dicho “Al hacer publicidad de mi persona, hago publicidad a la pintura”... “Pero además, lo definitivo es que este artista – lo expresa Rius en una historieta que le dedicó - es el publicista que podría vender un kilo de hielo a un esquimal o un dibujo a Miguel Ángel”... Incuestionablemente para ello también se necesita talento.
Así, una de las caras de la moneda-imagen de nuestro maestro es ésta, pero, la misma y la del artista, si por momentos compiten, al final se lo comprueban que José Luis Cuevas es una de las grandes personalidades de la plástica mexicana del siglo XX...”
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Enviados por Patricia Galeana llegan a mis manos dos tomos editados por la UNAM. Tratan del tema “Tiempo y Espacio” (Diccionario) y encuentro un texto escrito por mí, en la página 117, que reproduzco a continuación:
“En el arte se han dado estas entidades geométricas vinculadas a varias teorías físicas que se inician con Albert Einstein que estudió la relatividad. Es importante señalar que antes de esta teoría, surgió el cubismo que tuvo como principales representantes a Picasso y a Braque. Se ha dicho que el arte en muchas ocasiones se anticipa a la ciencia. El universo tiene tres dimensiones, pero a partir de la pintura geométrica se puede hablar de una cuarta dimensión, como la descubriría después Einstein. Después del cubismo los instantes estéticos se dieron en muchos otros artistas, que sin tener mentes científicas, adquirieron un sentido del tiempo. En muchas obras de arte que se producen a principios del siglo XX se da una realidad en la que el tiempo está suprimido.
Observemos con detenimiento el llamado expresionismo que surge en Alemania. En la distorsión de los personajes de Emile Nolde, para poner un solo ejemplo, el tiempo no existe. Surge en el espectador una extraña emoción, porque lo que vemos pudo haber sucedido en cualquier época (tiempo). Nos enfrentamos a la experiencia de lo sublime.
El siglo pasado es sin duda el más inquietante momento de toda la historia del arte. Cada uno de los artistas representa una manera distinta de interpretar el tiempo y el espacio. El universo, pues. Los lenguajes son variados. En Paul Klee hay un retorno a la infancia. Pinta objetos y personajes que quizá estaban en el inconsciente. Picasso, el más grande de todos, cambia constantemente sus maneras de contemplar el mundo. En él no hay un tiempo detenido. Salta de un estilo a otro. Mira hacia el pasado o al futuro. Espacio y tiempo están entremezclados. Pinta líneas curvas y rectas que nos sugieren la idea de la deformación. El arte es un juego que se aparta de la vida. Define el carácter fundamental de la espontaneidad de la experiencia estética.
Los grandes artistas del siglo pasado con su portentosa imaginación, miran hacia arriba y hacia abajo.
Marcel Duchamp y Picabia, inventores del dadaísmo, llevan a cabo un juego en el que cambian de sus lugares habituales los objetos que observan. Duchamp toma un urinal y lo transforma en una obra de arte. Lo saca del baño y lo lleva a las galerías o museos.
En mi obra, el paso del tiempo también juega un papel importante. En una serie de autorretratos que hice en un taller de Milán me represento en diferentes épocas de mi vida. En el primer grabado soy yo cuando era niño. Y de ahí paso a otros momentos de mi existencia: La adolescencia, la juventud, la edad adulta y la vejez.
En otras obras que no son autorretratos, también se da en mí la necesidad de viajar en el tiempo y me sitúo compartiendo la época en la que vivieron artistas fallecidos hace mucho tiempo. Son creadores a los que mucho admiro. Son conocidas mis obras en las que aparecen Rembrandt, Mantagna, Durer, Fray Pilippo Lippi, Leonardo da Vinci, etc. Son recreaciones de estilos con los que me siento identificado. Si bien viajar en el tiempo me fascina, también soy artista del presente. La época que me ha tocado vivir. Un artista pertenece a muchos momentos, a muchos tiempos y ocupa infinidad de espacios”. |
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