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Mi relación amorosa con

Beatriz del Carmen LXXXVII

04 de mayo de 2009

 

Mi amada esposa Beatriz del Carmen y yo, continuamos enclaustrados en la casa. Desde que el secretario de salud anunció que en México se iniciaba una epidemia que al principio se le llamo “influenza porcina” y después “influenza humana” cuyas consecuencias pueden ser de pronóstico reservado, mi esposa y yo decidimos iniciar una cuarentena. Se aconseja a la población se tomaran varias medidas: usar cubrebocas, lavarse las manos varias veces al día e internarse en un hospital en caso de aparecer síntomas griposos con fiebre más allá de los 38 grados. Después el gobierno tomó otras decisiones: cerrar escuelas, restaurantes y todos aquellos lugares de asistencia masiva. El Palacio de Bellas Artes fue cancelado así como todos los museos, incluso los estadios deportivos. Los futbolistas pueden entrenar y jugar; pero sin público. No hay conciertos ni funciones teatrales. México se ha convertido en una ciudad fantasma. Son pocos los automóviles y personas que circulan por las calles. Tampoco hay acceso a las grandes tiendas y a los mercados. Mi esposa y yo iniciamos una cuarentena y nuestra comunicación con el exterior es a través del teléfono y no permitimos que nadie nos visite. A puerta cerrada pasamos el tiempo leyendo, viendo televisión y trabajando en nuestro estudio. Nuestros instrumentos los sometemos a una desinfección constante. Así transcurre nuestra vida. Afortunadamente nuestro refrigerador y las despensas están bien surtidos. No manoseamos billetes porque estos pueden ser vectores de la infección que nos aqueja. Con mi esposa, que fue operada antes de que apareciera la epidemia, los cuidados son más estrictos. No la dejo subir escaleras  y hago que tome muchos líquidos, pero que no sean lácteos. No sé hasta cuando durará esta vida monacal a la que estamos sometidos. Hemos suspendido los viajes que ya estaban agendados. La semana próxima debíamos haber ido a Bogotá donde yo iba a dar una conferencia sobre Marta Traba. Después vendría una permanencia en Santiago de Chile. Estos han quedado en suspenso porque además nos han dicho que los mexicanos son mal recibidos en países extranjeros. Nos ven como apestados.

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Ya me había referido en un anterior Cuevario, que en el internet encuentro muchas menciones a mi nombre. Ahora como parte de nuestros entretenimientos, está el entrar en la red. Encuentro un artículo escrito por Luz María Rojas Espinosa. Se titula “El Museo José Luis Cuevas” que a continuación reproduzco:
“En una ocasión a finales de la década de los 70’s escuche una noticia en la que nombraban a José Luis Cuevas Novelo, en ese momento supe que se trataba de uno de los más importantes pintores de México, realmente no puse mucha atención al verdadero motivo de la nota, quizá porque el nombre completo de este personaje del mundo del arte y la cultura mexicana produjo en mí un sentimiento enigmático.
La razón del nacimiento de esta impresión no supe interpretarla, sin embargo a partir de este momento cada vez que escuchaba algo sobre este personaje me producía curiosidad y ponía toda mi atención. Cuando decidí realizar mi tesis, “Pintura Mexicana Contemporánea en Internet”, con la cual obtuve el título de Licenciada en Comunicación y Periodismo en la UNAM, fue para mí una verdadera sorpresa escuchar a mi asesor sugerirme entrevistar al maestro José Luis Cuevas, lo cual acepté gustosa, así que un martes me levanté con la convicción de que ese era el día en que el maestro estaría en su museo. Al llegar a la calle de Academia y caminar por su periferia, una sensación extraña empezó a invadirme; cuando me paré frente al museo pude admirar la belleza de este recinto y fue entonces cuando reviví aquel sentimiento enigmático que había experimentado en el pasado.
Ante el asalto de tal recuerdo descubrí que estaba unificando el pasado con el presente mediante un hilo conductor del destino. Bajo estas cavilaciones, cuando menos sentí que mi mente recorría la cronología histórica de la construcción que actualmente lleva por nombre, con verdadera justicia, Museo José Luis Cuevas: convento, vecindad, bodega, expendio de telas y Museo de Arte Contemporáneo, a partir del 8 de julio de 1992.
A ambos lados de la entrada enormes esculturas llamadas Cabezas forjadas por el Maestro Cuevas, dan la bienvenida a todos aquellos que nos acercamos para descubrir la grandeza de este recinto, más todas las historias que nos puede contar; connotación importante que me hace pensar que estas monumentales Cabezas resguardan el esplendor histórico que habita en cada una de las paredes de esta bella edificación.
Las cabezas son la antesala en que el arte contemporáneo se entrelaza con el legado de un tiempo pasado. Es así como José Luis Cuevas ha sublimado su talento artístico y ha traspasado las barreras del tiempo a través de la instauración que lleva su nombre.
Al entrar al atrio del Museo, majestuosa La Giganta recibe a los visitantes. Su presencia colosal parece concentrar todo el poder creador que vive en el Maestro José Luis Cuevas, produciendo un vórtice enigmático entre el Artista, Museo y Obra.
Al hacer un recorrido por las salas, sus enormes paredes blancas, no sólo cuentan la historia de su nacimiento arquitectónico, sino también permiten que otros cuenten a través de lienzos las reflexiones de su ser y la sociedad que los rodea.

El Museo José Luis Cuevas es un verdadero homenaje al arte contemporáneo, que transmite a todos los visitantes la calma remanente de un mundo lleno de dioses, que gustan crear con el lenguaje y los materiales que están dispuestos para innovar. Este recinto forma parte de los hermosos palacios que dan vida al Centro Histórico, permitiendo a los espectadores acrecentar su acervo cultural y alimentar su espíritu”.
 

 

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