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Mi amada Beatriz del Carmen: Por un periódico me enteré que Diego Rivera dejó en un cuarto cerrado infinidad de documentos que hasta ahora no han sido descubiertos. Dejó instrucciones precisas de que fuera abierto hasta el año 2009. Llegó el momento de descubrir el misterio. ¿Cuál será el contenido guardado con tanto recelo? Pronto lo sabremos. Las instrucciones que dejó incluyen el día y el mes que ya se acerca: 15 de agosto. Ha surgido la curiosidad por saber que contienen esos paquetes que durante tantos años han permanecido fuera de la curiosidad humana. ¿Será la revelación de los nombres de todas las amantes que durante su azarosa vida tuvo? Podría ser. O quizás anticipándose al tiempo, dejó escritos de lo que sería el México de este año. En lo político, se me ocurre pensar. O quizás se pueden encontrar un gran número de dibujos inéditos o bien piezas prehispánicas que no entregó al Anahuacalli. Por el momento todo lo que se diga son conjeturas. Dentro de pocos días “el secreto de Diego” será descubierto y siendo un hombre que manejó genialmente la publicidad, a muchos años de su muerte volverá a ser noticia.
Es conocido el hecho de que en lo referente a la auto-propaganda soy el heredero de Rivera y a veces en muchas cosas coincidimos. Cuando yo anuncié que me iría a París a pasar el resto de mi vida, fuí entrevistado para el canal 11 del Politécnico, con la condición de que este programa se guardara y fuera dado a conocer hasta pasados 20 años. Ahí hacía predicciones del arte del futuro. Esos años ya se cumplieron, pero ignoro qué habrá pasado con el video. ¿Se habrá destruido o bien perdido? No lo sé, pero la idea me hermana con Diego.
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Beatriz del Carmen, mi amada, y yo entramos a mi antiguo estudio, donde tantas cosas guardo. La biblioteca está intacta. Siempre la reviso con el temor de que la humedad haya dañado algunos libros. Eso no ha pasado. Abrimos cajones y encuentro libretas, cartas de diferentes épocas. En un cuaderno hay anotaciones mías. Reproduzco algunas. Digo:
“No me importa la trascendencia, solo me interesa la experiencia que puedo atestiguar y vivir. Si alguien escribe o investiga sobre mi obra y yo ya morí, será algo de lo que no me enteraré. Estar vivo es poder leer lo que sobre mí se dice o se deja de decir, poder reaccionar ante la actitud de los demás sobre tu trabajo y tus actitudes, sobre tu presencia”. Otra anotación: “El día es vida, pero la noche es algo que me acerca a la muerte. Tengo miedo de dormir y padezco insomnio permanente. Casi no duermo. Porque hago un esfuerzo enorme para no caer en el sueño, en ese enorme agujero, en ese enorme agujero del cual temo no volver a salir. La noche significa de algún modo el final de un momento, un día más que concluye, que envejeces. Ves el noticiero, lees, dibujas, pero no puedes, hacer nada para evitar que el día se prolongue. Es como viajar en un avión y saber que te vas a estrellar. Dicen que es un instante, que no tienes tiempo de sentir, pues son apenas unos segundos de conciencia de tu muerte, pero esas fracciones de tiempo deben ser horribles, eternas.”
Sobre el tiempo: “pienso que el tiempo es lo esencial de las artes. Al menos así sucede en mí e imagino que también ocurre en otros artistas. En el caso de los autorretratos, me represento en épocas diversas que no son precisamente la imagen del día, como sí corresponde a la fotografía a la que me toman diario y la cual es un registro fidedigno del paso del tiempo... El dibujo es un ir y venir a través del tiempo, una presencia inevitable mientras hago líneas sobre la superficie de un papel. El apunte es también una forma de capturar el tiempo. Siempre tengo la preocupación de la hora en que comienzo a dibujar y cuando termino. Con frecuencia anoto el principio y el fin porque es el lapso en que el dibujo concluye, en que se ejecuta el acto creativo. En ese margen hay una angustia de temporalidad, pues es cuando el artista se revela a sí mismo, ya sea en el pasado o en el futuro, en el presente o en alguna posibilidad de la vida que será o no.
Hace algunos días entregué un dibujo de gran tamaño, un autorretrato en donde me represento ya muerto, me anticipo al tiempo en el que he dejado de existir, en el que ya los días dejaron de significar algo para mí, no importa que el calendario continúe. El asunto es que el tiempo reconocido por mí, ha dejado de estar presente en mi conciencia”.
En otra hoja escribí un pequeño poema que dice:
“El que está muerto no siente
pero el vivo sí lo siente.
el muerto ya no es consciente
de lo que el vivo siente”.
En la misma hoja anoto: “Tengo un reloj de arena que me regaló Reyes Ferreira. Cuando recibí la noticia de que él había fallecido observé que la arena obstruyó el orificio que une los recipientes de vidrio. Algo por demás extraño, pues el reloj está herméticamente cerrado. Eso mismo representa para mí la muerte anticipada: la imagen del artista muerto para quien la obra en sí deja de significar algo, porque el momento de la creación es una experiencia propia, y la muerte es la cancelación de esa vivencia íntima, particular. Un ejemplo es la Capilla Sixtina, pintada por Miguel Ángel y visitada por miles o millones de personas hoy en día, lo cual es ya la experiencia de los otros, no del creador de la obra. El tiempo de una persona es de ella y de nadie más, que comienza con su nacimiento y termina con la muerte, cuando ya no puedes corregir ni enmendar nada de lo que has hecho. La obra es el tiempo detenido del artista, lo demás es ya la experiencia de los otros, de los espectadores o de quienes nos sobreviven”. |
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