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Ya me he referido en otras ocasiones a las cartas ilustradas que le entrego a mi amada Beatriz del Carmen, desde el día que e inició nuestra relación. Ella las iba guardando en un ropero y cuando tuve la intención de que fueran expuestas con motivo del XVII Aniversario del Museo José Luis Cuevas y cuando hicimos un conteo de las muchas misivas amorosas con sorpresa descubrimos que estas sumaban poco más de 160. “No hay que hacer una selección. Todas deben de ser expuestas” le dije a mi mujer. Así que las entregamos al museo para que fueran enmarcadas. Y como hay algunas de gran formato, tuvimos que ocupar todos los espacios disponibles. La apertura tuvo lugar el 29 de julio del año en curso. A pesar de mis temores de que por ser tiempo de vacaciones, no contáramos con una asistencia tumultuosa como me ha sucedido siempre, cuando mis obras se presentan en diferentes partes del mundo, para mi sorpresa llegaron poco más de ochocientas personas. Con mi esposa sentada a mi lado dí una pequeña conferencia explicando las razones que tuve para presentar al público aspectos de mi intimidad. “Estas obras no solo deben de ser vistas por los dibujos, sino hagan el esfuerzo de leerlas, aunque a veces , quizá por pudor las he escrito con letra muy pequeña“. Había algunos que ya estaban enterados de que estas cartas existían, llegaron portando una lupa. Sucedió algo chusco: una pareja, esposos quizá, le reclamó la mujer airadamente que él nunca le hubiera escrito por lo menos una carta. El pobre hombre asustado ante la violencia asustado ante la violencia de su mujer le dijo en voz baja: “Entiende que yo no sé dibujar y cuando escribo cometo muchas faltas de ortografía”. La mujer encendida de rabia dijo sus últimas palabras: ¡Eres un imbécil! Me preocupe por esa situación conyugal e incluso pensé que esto podía culminar en un divorcio. Algo parecido ya había sucedido cuando en el Museo Ex Convento del Carmen en Guadalajara, Paco Barreda presentó una extensa exposición de mi obra en la que incluí tres cartas a Beatriz del Carmen, que por cierto no están presentadas en la voluminosa exposición del Museo.
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Beatriz del Carmen y yo, continuamos revisando en mi anterior estudio lo que en algunos cajones tengo. Siempre hay sorpresas. El otro día en uno de los libreros, que son cuatro, reunidos todos juntos hay 152 libros de diferentes autores para los que yo dibuje las portadas. No siempre se trata de escritores de primer rango; pero en cambio mi trabajo dibujístico es rescatable. Quizá resultaría interesante exponerlos algún día en mi museo para que se conozca mi labor de “portadista” que muy pocos conocen.
Durante muchos años estuvo saliendo una revista de imaginación, como se le llamó, que reunía cuentos de escritores de habla española. La dirigía Edmundo Valadés, gran amigo mío. Era bimestral y en el número correspondiente a septiembre y diciembre de 1986, no solo la portada reproduce un dibujo mío fechado en París, sino que aparezco como narrador con seis textos. Don Edmundo me presenta con las siguientes líneas:
“José Luis Cuevas es uno de los protagonistas más importantes del arte contemporáneo: él ha penetrado con “despiadada lucidez en la enfermedad, la locra, la sordidez, la muerte. Aparte de su obra como artista, desde que inició hace un tiempo la columna “Cuevario”, en Excelsior – convirtiéndola en una e3 las más leídas de dicho diario –, Cuevas ha revelado un talento singular como narrador amena e interesante, en la recreación o restitución de las experiencias, sucedidos o sueños de su vida, que lo son, figuran como un ser humano que ha sabido vivirla intensamente, con los ojos y sensibilidad bien abiertos, algunas de las cuales adquieren la redondez de un cuento, y en las que desfilan y en las que desfilan variados personajes, muchos de ellos conocidos, vistos con mirada de escritor que atrapa sus caracteres o sus circunstancias vívidas o penetrantes. Estas historias están matizadas con un juego en el que se alteran el humorismo, la sorpresa, el drama, la imaginación, lo insólito, si no lo fantástico, al tiempo que describen sus andanzas como artista incansable y de admirable riqueza creativa. De estos textos, José Luis Cuevas, nos ha cedido algunos que nos parecieron de los más expresivos en su nuevo oficio, ilustrados con dibujos suyos, seguros que los “lectores de “El cuento” que no los conocían coincidirán con nosotros en que hay en ellos la revelación de un narrador espléndido”.
Poco después de morir Don Edmundo Valadés, la revista El cuento” dejó de publicarse. Todos aquellos que la leímos puntualmente la extrañamos. Pero solo Edmundo podía hacer este trabajo titánico: reunir los mejores cuentos de toda América Latina y de países donde se hablan otras lenguas pero que eran traducidos de una manera impecable. |
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