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Mi relación amorosa con

Beatriz del Carmen CIV

31 de agosto de 2009

 

 

Mi amada esposa Beatriz del Carmen y yo viajamos a Zacatecas para asistir al desfile llamado “Moros y Cristianos” que cada año se representa en las calles de esa ciudad. Participan miles de zacatecanos y el espectáculo es impresionante. Acompañados de la gobernadora Amalia D. García Medina, los invitados presidimos, al aire libre, la interminable caminata de personas de diversas edades que vestían con gallardía sus vestimentas de moros y cristianos. El frío era intenso y yo estaba mal abrigado. Afortunadamente enfrente de la casa de gobierno, hay una tienda que vende ponchos de lana. Al verme tiritar, mi esposa, rompiendo filas, se atravesó para comprarme un abrigador poncho de lana con el que pude resistir la intensa heladez que me calaba los huesos. Ella como siempre, preocupada por mi salud, ahuyentó mi temor de pescar una neumonía. El viaje lo hicimos en un avión particular de los señores Salinas, espléndidos anfitriones. A don Hugo y a su esposa Esther tenemos poco de conocerlos, pero ya se han ganado  nuestro afecto. La noche anterior hubo una cena en la que estuvieron embajadores de diferentes países latinoamericanos que escucharon a don Hugo hablar de las ventajas que representan el uso de la plata como moneda común. Esta medida traería grandes beneficios para la economía de los países hispanoparlantes. Un enfrentamiento sano y necesario para menguar la importancia del todavía poderoso dólar. Todos aplaudimos la iniciativa de este caballero siempre promotor de causas nobles.
El regreso lo hicimos en el mismo avión que aterrizó en el aeropuerto de Toluca. De ahí, en el auto particular de don Hugo, mi querida esposa y yo regresamos a la Ciudad de México. Zacatecas es una ciudad a la que he ido con cierta frecuencia. En el Museo Felguérez y en la Universidad he dado conferencias. En el teatro Calderón, en una ocasión, recibí un reconocimiento. La gente  de Zacatecas es cálida, contrario a su clima.

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A la exposición de “Cartas a mi amada esposa”, he agregado tres más, escritas y dibujadas después de la inauguración. En el Museo José Luis Cuevas hay una sala de buen tamaño que en los últimos tiempos se dedicó a bodega.
Beatriz del Carmen como directora del museo, tuvo una espléndida idea: Recuperar este espacio para exponer obras de mi autoría. Ya hemos seleccionado estas, todas de reciente factura. Hemos pensado en hacer una inauguración, que servirá para que se reactive la visita de la muestra de las cartas que ya suman 165, porque a la exposición original se le han agregado cinco más que he escrito y dibujado en los últimos días. Con rapidez estas ya han sido enmarcadas. Recuerdo que cuando se inauguro el museo, este espacio que después fue desperdiciado, estuvo dedicado a la presentación de dibujos de diferentes autores, todos de primera línea. Hubo dibujos de Lam, Matta, Bartolí, Hector Xavier y muchos otros más. El museo, pues, seguirá creciendo. Las obras que ahora se presentarán, son en su mayoría obras en blanco y negro de gran tamaño. Todas ellas sobre telas. Los temas son diversos. Esta sala constantemente será renovada conforme yo vaya trabajando y produciendo ideas novedosas. Pienso además retomar una vieja propuesta: trabajar frente al público, para que se conozca mi proceso creativo. Esta actividad se podrá llevar a cabo en los pasillos del primer piso. Mi esposa y yo constantemente inventamos novedades o bien retomamos ideas que en su momento, por diversos motivos, habían sido cancelados. El museo ofrecerá a los asistentes atractivas opciones.

 

 

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