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Mi amada esposa Beatriz del Carmen y yo hicimos un viaje de pocas horas a San Luis Potosí. Desde que se inició nuestra relación, ella lleva un diario al que recurre, cuando mi memoria me falla. En esta ocasión anota: “Llegamos al aeropuerto potosino a la 1:30 p.m. Ahí nos espera Daniel de la Llera que nos lleva al Hotel Museo Palacio San Agustín, donde nos hospedamos por una noche. Casa espléndida que pertenece a un acaudalado señor, que lo tiene para recibir a invitados especiales. Somos muy bien recibidos. Dejamos nuestra única maleta, tomamos un baño rápido y bajamos al loby donde nos espera Daniel para llevarnos a comer al restaurante “La Gran Vía”. Después de una espléndida comida, visitamos la Sacristía de San Francisco (Pinacoteca del Siglo XVIII) a la que solo nosotros tenemos acceso. Se nos concede tan solo media hora para hacer la visita. Suficiente para ver los espléndidos cuadros religiosos, que, observa José Luis Cuevas, requieren trabajos de restauración. El objeto de este nuestro viaje es que mi esposo sea entrevistado por Daniel de la Llera en el canal 13. Es un programa en vivo y la plática dura dos horas con teléfono abierto.
A las 11:00 de la mañana del sábado, en la biblioteca del hotel, nos esperan algunos periodistas que nos hacen preguntas para diferentes diarios locales. Casi todas las preguntas giran en torno a la exposición de las 165 cartas que actualmente se presentan en el Museo José Luis Cuevas. Una señorita que está presente y es escritora, se emociona cuando les explicamos que son “cartas amorosas”, que abarcan ocho años de nuestra relación. Se trata de una magna exposición conmemorativa con la que se celebra el XVII Aniversario del Museo que lleva el nombre de mi esposo y que yo dirijo desde hace algún tiempo. Hay preguntas sobre nuestras próximas actividades y yo menciono que el 17 de septiembre, la Bolsa Mexicana de Valores le rendirá un homenaje a José Luis en su edificio sede del Paseo de la Reforma, en reconocimiento a sus más de 60 años de su trayectoria artística. Revelo que nos esperan meses muy activos, pues tras la exhibición en la BMV, iremos a Monterrey donde se inaugurará una pieza en bronce de seis metros de alturas que permanecerá en el Paseo de Santa Lucía, uno de los sitios más visitados. Se trata de una pareja amorosa que en realidad somos nosotros dos. Mi esposo la dono al gobierno del estado, José Natividad González Parás, quien próximamente concluirá su gestión.
Terminado el encuentro con los diaristas, en una calesa recorremos la ciudad y nos detenemos en dos museos; el Federico Silva y el de Arte Moderno, recientemente inaugurado. Comeremos en el restaurante Virreinal con el ingeniero José Morales Reyes, director del canal 13 de la televisión potosina. A las 6:00 p.m. salimos al aeropuerto para abordar el avión que nos regresará a México”. Hasta aquí lo que Beatriz del Carmen anotó en su diario.
Nuestro rápido regreso a México se debió a que yo había adquirido del compromiso de dar una plática sobre la película “Macario” de Roberto Gavaldón, dentro del ciclo “La literatura y el cine”. Íbamos a participar Ignacio López Tarso y yo, pero el primero, que es el actor principal de esta película, no pudo estar por encontrarse enfermo. “Macario” fue filmada en 1960 y está basada en una novela de Bruno Traven, escritor ligado a la literatura mexicana; quien durante muchos años permaneció en el anonimato. Hasta después de su muerte se supo su verdadero nombre, aun que su obra circulaba por todo el mundo, traducida en ocho idiomas.
No me limité a referirme únicamente a la película que antes de la conferencia se proyectó y que fue muy bien recibida por el numeroso público que asistió a la Sala Manuel M. Ponce, del Palacio de Bellas Artes. Gavaldón fue un excelente director, poco comprendido en su tiempo, pero que dirigió varias adaptaciones del misterioso escritor. Recordemos algunas de esas películas: “Días de Otoño”, “La Rosa Blanca”, etc. Casi todas las películas de éste realizador contaron con la participación de escritores, tales como Juan Rulfo, Carlos Fuentes, Emilio Carballido, Blasco Ibáñez de quien adaptó dos de sus obras. Siendo la primera “La Barraca”, en la cual su hija, escritora también, participó en la adaptación, porque su padre ya había fallecido muchos años atrás. Como ya se ha hecho costumbre al termino de mi charla, se formo una fila de mis “fans”, que me pedían estampara mi firma en las invitaciones que para el evento, Bellas Artes había impreso. Cuando ya me disponía a retirarme, recibí una llamada de López Tarso, en la que agradecía mi presencia y lamentaba que por encontrarse en cama con fiebre alta, no pudo alternar conmigo en la presentación.
El 18 de septiembre se estrenará en la sala Chopin, una obra teatral de Roemer que tiene a Albert Einstein como eje central. Primero apareció el libro editado por Miguel Ángel Porrúa, con ilustraciones mías. Roemer se refiere a un Einstein desconocido que se enamoro de su prima y más tarde de su sobrina; un hombre con virtudes y defectos que se dedicó a vivir como quiso, sin importarle lo que dijeran de él. Esta es una de tantas revelaciones que presenta en su obra teatral mi buen amigo Andrés Roemer. |
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